Ecos de la revolución

  • De Libia a Egipto pasando por Túnez o Irán, ciudadanos árabes afincados en Málaga hablan de la democracia, la libertad y la represión de los regímenes dictatoriales· En esta información han colaborado Javier Flores y Nuria Alonso.

"Es un sueño hecho realidad". La frase es de Ashraf Ahmed Ali, uno de los miles de egipcios que formaron parte de los grupos activos de Facebook para intentar derrocar al régimen egipcio de Hosni Mubarak. Desde la otra orilla, como él mismo reconoce. "Yo he hecho muy poco, el mérito es del pueblo, de la gente que se echó a la calle. El dictador ha caído, pero todavía queda mucho camino por recorrer", asegura este activista que ayer estuvo en Fuengirola para crear una asociación de egipcios andaluces.

Como Ahmed Ali, el resto de la colonia árabe asentada en Málaga ha seguido casi al minuto, a golpe de click o de tweet, la ola de cambios que ha sacudido al mundo árabe en estos últimos tres meses. Es el caso de Ali Saudi, un empresario libio afincado en Marbella. Desde el instante en el que las bombas de la coalición aliada comenzaron a caer sobre el cielo de Trípoli, Saudí ha devorado periódicos, radios, televisiones y páginas webs para estar "lo más cerca" posible de la información. Sus padres y sus hermanos viven allí y prácticamente todos los días se comunica con ellos. Solo hace dos meses que estuvo en Libia y en aquella visita jamás se podía haber imaginado que el país estaba al borde de una guerra civil.

Cuando se le pregunta por Muamar el Gadafi , sus palabras cambian súbitamente de tono: "Él es muy diferente a Mubarak [ex presidente de Egipto] o Ben Ali [ex presidente de Túnez]. La represión en Libia está siendo brutal. Gadafi no hace otra que cosa que contratar a mercenarios, hasta colombianos, para sofocar el avance de los árabes. Libia no tiene nada que ver con Egipto", concluye Saudí, que comprende que las fuerzas aliadas no intervinieran antes en Libia: "Unir a 25 países era muy complicado".

Ashlem Adelkarim, nombre ficticio por el miedo a la represión, es un ciudadano sirio asentado en la Costa del Sol desde hace 20 años. Quince minutos de conversación telefónica con él son suficientes para hacerse una idea de lo que está ocurriendo en su país. "Mis padres y mis hermanos viven allí. Por teléfono ya no hablo desde que un día apareciera una voz al otro lado del teléfono y dijera mi nombre. El Gobierno escucha hasta las conversaciones telefónicas". Adelkarim describe un país sumido en la pobreza en el que las tasas de desempleo se han disparado hasta límites incontrolables. "La carne y el arroz están más caros que en España, no hay ayudas sociales, la gente está pasando hambre. ¿Qué más quiere que le diga?", asegura con amargura.

El sentimiento de Adelkarim contrasta con la ilusión de Emil Zahedi, un joven español de origen iraní. "Esperamos que se contagie de alguna forma conforme vayan cayendo los países. En Irán dos tercios de la población tiene menos de 30 años y los jóvenes son los que han impulsado las revoluciones en la calle", detalla. Emil recuerda que su "país materno" arrastra una década marcada por las revueltas, aunque, para él, la más llamativa se produjo en 2009 cuando miles de personas se lanzaron a la calle para protestar contra un posible "pucherazo" en las elecciones generales realizadas ese mismo año. Aun así, explica que en este país el detonante del cambio podría ser una huelga general "para paralizar Irán", una tesis que apoyan varios grupos y televisiones en el exilio. "Mi familia vive en el sur del país y allí, pese a tener muchas noticias de lo que está pasando, apenas hay movimientos. Estamos pendientes y a la espera de que se produzca un contagio que sea el paso definitivo hacia el cambio", afirma.

El joven vendedor de frutas Mohamed Bouazizi encendió sin saberlo la mecha que generó la primavera árabe al prenderse fuego el pasado 17 de diciembre de 2010. "Él personificó el grito de las injusticias que se están produciendo en el mundo árabe", asegura Shelim Abdul, estudiante tunecino afincado en Málaga desde hace dos años. "Era nuestro momento, nuestra oportunidad y afortunadamente no la desaprovechamos".

De Túnez la revuelta se propagó a Egipto. Died Elsaid es el propietario de un restaurante de comida rápida llamado Tito el Egipcio en el Camino de Suárez. Se le ve feliz en Málaga: "Me encanta estar aquí. Mis tres hijos y mi mujer viven aquí. La gente es abierta y he encontrado un lugar perfecto para trabajar. Lo único malo es la crisis económica, antes tenía a cinco empleados y ahora solo tres". En su bar, entre olores a shawarmas y hamburguesas, Elsaid se "indigna" cuando se le recuerda la fortuna que amasó Mubarak antes de ser derrocado: "¿Dónde está ese dinero? La gente estaba harta y era necesario que se produjera un cambio", afirma Elsaid, que en todo momento ha estado "muy cerca" de sus padres: "Ellos lo han pasado mal y menos mal que al final todo se solucionó".

Azzam Qasrawi comparte su experiencia. Desde 2001 este palestino está afincando en España y estas últimas semanas vive muy pendiente de las revueltas que se han producido en el mundo árabe, especialmente en Egipto y Jordania, donde vive la mayor parte de su familia. "En las revueltas de El Cairo lo pasé muy mal, sobre todo cuando el Gobierno cortó la conexión a internet y perdí el contacto con mi hermana y mis sobrinos. Pasé miedo, han sido dos semanas malas", confiesa. Ahora se muestra esperanzado en que la revolución triunfe y la democracia y la libertad lleguen a estos países. Eso sí, recuerda cómo su familia pasó "mucha angustia" cuando la Policía tomó con metralletas el barrio del El Cairo donde viven.

Qasrawi se muestra "sorprendido" de que las revueltas hayan tardado tanto y cree que internet ha servido para hacer ver que "existe otro mundo". Considera que las muertes que se están produciendo merecen la pena para luchar por la libertad y tendrán su recompensa.

Desde la Universidad de Málaga, María Antonia Martínez, doctora en Filología Árabe y experta en pensamiento e ideología del mundo árabe contemporáneo y en epigrafía árabe de Al-Andalus, mide el impacto de las revueltas árabes: "Nadie preveía que se podría producir algo parecido. Lo que ocurrió en Túnez fue el detonante y el resto de países se animaron. ¿Las claves de la revuelta? El déficit de libertades, la corrupción generalizada, el hecho de que la oposición está encarcelada...". Para esta doctora el Filología Árabe, la primavera árabe tiene un valor extraordinario: "Lo más importante es que tenían como objetivo una democratización política y que no había líderes autocráticos".

Para el profesor de traducción árabe de la UMA Nicolás Roser, el elemento diferenciador de las revueltas es que han emergido en la calle. "La sociedad civil ha logrado encontrar una salida en ese corsé. Se ha producido un choque entre la sociedad civil y la política en el que el pueblo ha salido ganador. Esa es una de las lecciones que deberíamos aprender".

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