Educación Especial con mayúsculas

  • El centro público Santa Rosa de Lima ha sido premiado por el Ministerio de Educación por la atención que brinda a sus 172 alumnos. que tienen necesidades que impiden su escolarización en aulas ordinarias

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En el comedor del centro de Educación Especial Santa Rosa de Lima hay grandes mesas con una única silla destinada al monitor que está a cargo de los niños durante las comidas. Cada pequeño trae su asiento consigo en forma de silla de ruedas. Son paralíticos cerebrales que integran a más de un tercio del alumnado de este singular colegio. Apenas si se mueven, tienen grandes dificultades para articular sonidos y no es raro que, además, sean ciegos o sordos. Cualquiera pensaría que este batallón de chavales sobre ruedas es incapaz de expresar emociones o de mostrar sus afectos. Pero la realidad no siempre es lo que parece. "La gente cree que el lenguaje es sólo hablar, mantener una conversación, pero existen otras muchas formas de comunicarse". Elia Ubago lo sabe a ciencia cierta. Su día a día como experta en Audición y Lenguaje se lo ha demostrado con creces.

Es la hora del recreo y Elia comparte desayuno con Carmen Podadera, Josefa Jaime y Josefa Martínez. Todas veteranas. Todas mujeres en una plantilla eminentemente femenina que reúne a los mejores profesionales de Málaga en el ámbito de la Educación Especial. El Santa Rosa de Lima es el referente provincial en este campo. El centro público al que van los alumnos "gravemente afectados" de toda la provincia y junto al que cada día aparca una flota de autobuses procedentes de puntos tan diversos como Fuengirola, Cártama, Alhaurín de la Torre o Rincón de la Victoria. A bordo van 172 alumnos y alumnas que cargan sobre sus hombros con la losa del retraso mental, del trastorno psiquiátrico o de ambas cosas. Unos la trajeron debajo del brazo. A otros les cayó encima de golpe después de soplar algunas velas de cumpleaños y, en ocasiones, incluso después de haber estado en colegios ordinarios.

Francisco -nombre ficticio- sale al paso de los reporteros que están de visita en el Santa Rosa de Lima. Llegó allí procedente del instituto de su barrio. "Allí era cola de león, mientras que aquí es cabeza de ratón. Ha logrado recuperar su autoestima y han desaparecido los episodios de agresividad", explica Araceli Martos, jefa de estudios, que conduce a los periodistas por el centro junto a Pilar Urbano, su directora. Ellas tienen clara su postura, enfrentada con la de los que abogan por la supresión de las escuelas de Educación Especial. "Los centros específicos suelen estar muy denostados y es verdad que la integración es siempre deseable, pero estos centros son necesarios para los casos más graves", exponen.

La siguiente parada es la cafetería, donde toman su desayuno Elia, Carmen y las dos Josefas mientras lo pequeños que no tienen problemas de movilidad corretean por los patios. Es una cafetería al uso, salvo por una cosa. Porque los que preparan y sirven los cafés y bocadillos son una decena de alumnos mayores junto a varios de sus profesores. Es un grupo de trabajo llamado la cafetería como experiencia laboral en Programas de Garantía Social (PGS) de Educación Especial y su fin, según Isabel Ojeda, una de las maestras implicadas, es "que los chicos con más habilidades sociales tengan más posibilidades de conseguir después un trabajo".

El Santa Rosa de Lima no es sólo un centro para niños. El alumnado puede permanecer allí hasta los 21 años en los llamados programas de transición o en alguno de los cinco PGS a los que da cabida en forma de talleres -de electricidad, madera, vivero, cerámica o tapicería-. Afortunadamente, según explica su directora, la mayoría de los que completa su formación "suele colocarse luego en alguna entidad". Esos son grandes éxitos que no tienen un sólo artífice. Influyen los profesores, pero también los logopedas, psicólogos, educadores, trabajadores sociales, médicos, fisioterapeutas, cocineros y monitores, que aportan su grano de arena. Son más de un centenar y hace sólo unos meses plasmaron su realidad cotidiana en una memoria.

"Queríamos que la sociedad conociera que aquí trabajamos desde una perspectiva educativa e individualizada", relata la jefa de estudios. Su tarea ha sido reconocida por el Ministerio de Educación y Ciencia hace un mes con el tercer premio de la convocatoria dirigida a los centros que atienden a alumnado de Educación Especial. Los 15.200 euros de galardón les servirán para crear un aula de estimulación multisensorial, que es una de las necesidades del centro. Hay otras aún más acuciantes, como la reforma integral que suprimirá las barreras arquitectónicas, ya programada por la Consejería de Educación, o la incorporación a la plantilla de maestros con formación psiquiátrica y de auxiliares con idéntica preparación, que de momento es sólo una demanda.

Este gigante de la enseñanza pública que ya hace tiempo que cumplió la treintena pone en práctica la Educación Especial en mayúsculas. El de diciembre pasado es su primer premio. Seguro que no será el último.

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