Enemigos del campo

  • Agricultores exigen una solución para controlar a algunas especies que están acabando con sus cultivos

En algunas zonas se cuentan por miles y lo peor es que no paran de multiplicarse. Conejos, ciervos, muflones y jabalíes se han convertido en el terror del campo. Los agricultores que sufren la implacable destrucción de estos animales a su paso por sus cultivos ya no saben qué hacer para atajar un problema que va camino de arruinar las cosechas de cereal y olivar de gran parte de la provincia de Málaga.

Por si los problemas que sufre el campo fueran pocos, con la crisis, los bajos precios del mercado y las no siempre favorables condiciones meteorológicas, ahora es la propia naturaleza la que está poniendo en peligro la supervivencia de los cultivos a los que auténticas plagas de estos animales echan el diente en busca de alimento ante la ausencia de depredadores.

La caza es la única solución, pero hay tantas limitaciones en algunos casos que no siempre resulta lo efectiva que debiera. Los cazadores sí han conseguido la manga ancha autorizada por la Junta de Andalucía para la captura de los conejos. Su población ha crecido de una forma tan espectacular en los últimos años, sobre todo, en el norte de la provincia de Málaga que ya en 2009 la Consejería de Medio Ambiente no tuvo más remedio que aprobar una resolución en la que declaraba a 17 municipios malagueños como área de emergencia cinegética. Es decir, se daba vía libre para cazar conejos en estas zonas desde el 11 de julio al 30 de abril, cuando tradicionalmente la temporada de caza de esta especie se reducía a dos tandas entre el 11 de julio y el 5 de septiembre y el 10 de octubre y el 28 de noviembre.

Pero ni siquiera eso dio los resultados que se esperaban para controlar a los prolíficos conejos y en julio de este año hubo que ampliar la permisividad de cazarlos a dos municipios de la provincia más.

Para la patronal agraria Asaja en Málaga, la medida sigue siendo insuficiente y asegura que los conejos continúan destruyendo los cultivos de cereal y de olivos, sus dos platos favoritos. La principal dificultad para capturarlos es que muchos de ellos buscan en las zonas de seguridad de los propios cotos y los aledaños a las autovías y vías de ferrocarril un refugio. Y lo consiguen porque en esas zonas está prohibido cazar y la única forma de capturarlos es con la ayuda de otro animales, los hurones.

En otras especies como el ciervo, en cambio, su captura está mucho más limitada a pesar de que el problema es igualmente grave por su elevado número. Destrozan cultivos, vallas y sistemas de riego por donde quiera que pasan. Los daños que provocan son cuantiosos y los agricultores se sienten impotentes ante una situación que califican de insostenible. La Serranía de Ronda y la comarca norte de la provincia son las más afectadas, y lo único que pueden hacer los titulares de los cotos es solicitar a la Consejería de Medio Ambiente autorizaciones especiales para tratar de controlar su población.

Pero la tramitación burocrática que requieren hacen que a veces la solución llegue demasiado tarde. Con los muflones pasa algo muy parecido y, aunque su número es inferior al de los ciervos en la provincia, esta especie no autóctona ha conseguido implantarse a una velocidad imparable en zonas como Antequera y Bobadilla. Como ya se hizo con los conejos, Asaja considera que la Junta de Andalucía debería flexibilizar aún más la captura de estas especies que están proliferando en los montes malagueños de una manera asombrosa. Lo que quieren evitar es lo que ocurre con los jabalíes. Prácticamente todos los cultivos y campos de golf de la provincia se encuentran bajo la amenaza de estos animales, que han crecido tanto en número que es que hay quienes piensan que habría que acabar al menos con dos terceras partes de los ejemplares para equilibrar su población.

El periodo hábil para cazarlos va realmente desde el 16 de octubre hasta el 13 de febrero, aunque como en el caso de otros animales la Consejería de Medio Ambiente autoriza su captura en cualquier época del año cuando se alega el riesgo de daños que puede sufrir una zona.

No son tan numerosos ni los daños que provocan tan cuantiosos, pero para los agricultores malagueños que tienen sus cultivos en el entorno de algunos humedales sus mayores enemigos vienen por aire. Las grullas y los gorriones acuden atraídos por los apetecibles campos de cereal sin que en estos casos los agricultores puedan hacer nada para evitarlo. Sólo los zorros y los perros salvajes les hacen frente. Aunque son unos depredadores a los que por su número ya empiezan también a preocupar.

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