"España no se desarrollará mientras no se apueste por la investigación"

  • El investigador asegura que las jóvenes promesas no tienen futuro si no salen al extranjero, aunque insiste en que los proyectos que se llevan a cabo son básicos para el desarrollo de la agricultura

-¿Cuál es el secreto para que La Mayora lleve más de medio siglo siendo un lugar de referencia para la investigación científica?

-Lo llamativo es el origen de La Mayora en sí porque surgió en unas circunstancias socioeconómica muy particulares de España en plena dictadura de Franco. Nació de una idea visionaria de un investigador alemán que vino a España a hacer un estudio sobre posibles líneas de desarrollo y detectó que el sur de España podía ser un lugar muy bueno por sus características climáticas para producir productos hortícolas. Convenció a las autoridades de que merecía la pena apostar por él y España y el Gobierno alemán hicieron una inversión fuerte en personal técnico, infraestructuras y material.

-¿Cuáles han sido algunos de los logros del centro?

-La Mayora apostó por unos productos que han tenido una gran importancia para la economía española y para la región y que necesitan un desarrollo investigador importante. Fue la que exportó el modelo de cultivo de la fresa a Huelva en los años 60 donde se desarrolló. También fue la primera en detectar la importancia del aguacate porque se vio que las condiciones climáticas de la zona podían ser buenas y se eligieron las variedades idóneas. Al final resultó ser un boom y todavía se puede apreciar como ese esfuerzo que hizo el centro en esa época al introducir ese tipo de cultivos está dando excepcionales resultados y más aún en estos tiempos de crisis. También en esa época empezó la horticultura intensiva y los primeros invernaderos de plástico también se pusieron en La Mayora y desde aquí se extendió a Almería. Además de ser la primera en introducir la variedad híbrida de tomate que es lo que actualmente se planta en los cultivos intensivos con calidad específica para salir a un mercado exigente.

-¿Cuál es el papel de La Mayora en estos momentos en el ámbito internacional?

-Su punto fuerte es la fruticultura subtropical porque esta zona es la única en Europa capaz de suministrar estos productos. La Mayora es la referencia europea en este ámbito y sólo por eso tiene ya razón de ser. Todos los trabajos de investigación que realizamos tienen una componente de transferencia importante hacia el sector productivo para que incorporen nuevas técnicas para irse adaptando a las circunstancias.

-¿Qué sería la agricultura sin este tipo de investigaciones?

-Sería imposible. Es fundamental la adaptación a las circunstancias climáticas y ecológicas que son variables, pero también a las circunstancias del mercado que son muy exigentes. Y en esas circunstancias hay que apostar por nuevas variedades y nuevos productos y para eso hay que investigar. Ahora se está hablando de los productos funcionales y de calidad, y muchas líneas de investigación que estamos llevando a cabo van esa dirección. Por ejemplo, cómo mejorar el sabor del tomate o del melocotón. Pero también cómo mejorar la calidad nutricional del contenido en azúcares y licopeno, simplemente trabajando con conocimiento de la diversidad genética de esa especie en condiciones naturales. La investigación es imprescindible porque la intensificación de los cultivos provoca nuevos problemas. El movimiento que estamos detectando actualmente entre países está generando la introducción de nuevos hongos, virus, bacterias e insectos a los cuales el agricultor no tiene capacidad de atacar.

-¿Son las plagas el mayor reto al que se enfrenta la agricultura?

-El agricultor español se enfrenta a un problema económico de competencia de otros países. Lo que importa al agricultor son los precios porque la aparición de nuevos problemas por el cambio climático y posibles plagas con la ayuda del investigador y del desarrollo de las casas comerciales se adapta. Pero el tema económico es muy importante porque la producción de otros países llega en mayor cantidad y con precios más baratos. Uno de los retos de la agricultura española es competir por calidad y nuevas características que la distingan de la cantidad porque en precios nunca va a poder hacerlo. Pero la producción se complica por la modificación de las condiciones agroclimáticas debido a los repuntes de temperatura que se están produciendo y que sirven de indicador de un calentamiento que está provocando la implantación de plagas e insectos que no existían y que modifican el equilibrio que había establecido. Eso nos obliga a conocer qué es lo que está pasando y cuál es la previsión para el futuro para saber contra qué tenemos que luchar porque la obtención de una variedad comercial que resista a una nueva plaga requiere diez años de investigación.

-¿Está ganando terreno el control biológico de las plagas frente a los tradicionales fitosanitarios?

-Sí, porque los productos fitosanitarios generan problemas para el medio ambiente y la salud. Además, hay un sentir general hacia una producción más limpia y hay muy buenos resultados porque existen normativas de control que los garantizan. Debemos reconocer que el Gobierno español lo ha hecho muy bien y un trabajo enorme al enfrentarse a los agricultores porque estos no creían en el control biológico, para lo que fue desarrollando normativa integral en una época -hace aproximadamente diez años- en la que nadie creía en ello. Y lo más importante es que estamos notando cambios en las circunstancias ecológicas como consecuencia de esa implantación del control biológico.

-¿Pero desaparecerán los productos fitosanitarios en el futuro?

-Nosotros siempre hablamos de control integrado y apostamos por tener varias herramientas porque la lucha biológica puede dejar de funcionar al no tener un equilibrio estable. No hay que ser integrista en esto, pero sí hay que escuchar la petición de la gente que quiere comer productos naturales para que los investigadores nos pongamos las pilas y trabajemos en ese sentido, y la sociedad empiece a valorar esos productos y los paguen mejor.

-¿Cree que la agricultura en España tiene futuro si se disminuyen las ayudas dadas por Europa?

-No toda la agricultura está subvencionada. Los frutos subtropicales o los cultivos hortícolas no lo están y esa agricultura tiene mercado, sobre todo, europeo que está al lado. La agricultura debe diferenciarse con nuevos productos que no sean los que vengan de los países de producción masiva. No es tan fácil porque los comercializadores no están dispuestos a potenciar este producto local si le ofrecen productos más baratos aunque sean de peor calidad.

-¿En esa necesidad de diferenciación está uno de los logros de La Mayora al haber conseguido una chirimoya sin semillas?

-Sí claro, buscamos nuevas cosas diferentes a las que existen. Pero también podemos ir hacia nuevos productos que podrían adaptarse a las condiciones climáticas de esta zona porque la exigencia de los que nos están financiando es que seamos capaces de buscar la manera de adaptarlos para abrir nichos de mercados y dar recomendaciones a los agricultores de cómo hacerlo. Por ejemplo, para poder abrirse al mercado asiático con productos como el longan.

-¿Es el agricultor reticente a aceptar recomendaciones científicas?

-Es muy flexible y se adapta muy rápido, pero también le cuesta en ciertas circunstancias. Un ejemplo es el caso del mango que toda su producción está concentrada en una o dos variedades y con un pico de producción concentrado en octubre, lo que afecta a los precios. Llevamos investigando desde hace muchos años para distinguir posibles variedades que sabemos que se adaptan a la zona y que producen en distintas fechas, con lo que se podría producir entre agosto y diciembre. Pero nos cuesta mucho convencer a los agricultores de que hagan el esfuerzo de cambiar. Es una responsabilidad y un riesgo el que corre haciendo esos cambios, pero un ejemplo muy bueno es que empezamos a investigar la posibilidad de cultivar el mango bajo invernaderos y ahora se está imponiendo con mucho esfuerzo de adaptación técnica, pero con unas producciones enormes.

-¿Qué supondrá para la investigación el nuevo instituto que el CSIC y la UMA han puesto en marcha?

-Va a ser un revulsivo para investigación que se hacía en La Mayora porque está conjugando la investigación aplicada clásica con la que nació la estación con una mentalidad más básica que tiene la universidad. Se va a duplicar la masa investigadora, pero además el rango de actividades que vamos a realizar va a ser mucho más amplio y vamos a conjugar sinergias de dos puntos de vista diferentes para el mismo problema que es la planta. Pero hay que darle tiempo porque aún no tenemos las instalaciones adecuadas, aunque ya hemos conseguido 13 millones de euros de financiación para construirlo. Eso mejorará también la posibilidad de captar buenos investigadores porque uno de los problemas que tenemos ahora es que las instalaciones no son las adecuadas.

-En un escenario de crisis como el actual, ¿cómo ve el futuro de la investigación?

-Los investigadores somos poco protestones y sabemos adaptarnos muy bien, y con poco dinero sabemos hacer muchas cosas. Creo que los que estamos trabajando salvaremos los baches sin problema. La mayor preocupación que tengo es para los nuevos investigadores, es decir el envejecimiento de la población investigadora porque ya está dejando de resultar atractiva la investigación para los estudiantes. La emigración de la llamada materia gris es una realidad. Los investigadores que llevan más de diez años trabajando sin puesto fijo no tienen futuro, se ha reducido enormemente la opción de participar en concurso u oposición para puestos en la universidad o en el CSIC a cero en muchas ocasiones. Y se están yendo a Europa o a otros países con más capacidad económica, muy desilusionados además y eso va a repercutir de forma muy importante en la investigación española.

-¿Si las administraciones públicas recortan la financiación la aportación privada puede ser una solución?

-Los contratos son un complemento interesante, pero no suficiente para la investigación. Son un complemento en cuanto a la cantidad de dinero que ingresan al laboratorio, pero en la investigación básica es muy complicado que pueda ocurrir. En España imposible, en otros países donde existen fundaciones como en EEUU o una conciencia de que la investigación básica es importante todavía puede tener cabida la participación privada. Pero en España no existe esa conciencia ni existen empresas de tamaño suficiente como para querer invertir en investigación básica. El Gobierno español tiene que ser consciente de que no se desarrollará el país adecuadamente mientras no potencie la investigación y mientras no tengamos el porcentaje de inversión en el PIB similar a los países a los cuales queremos parecernos.

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