Trasplantes Donación de riñón de vivo

Felices de haber regalado vida

  • Los médicos coinciden en que el trasplante renal de donante vivo tiene mejores resultados que el de cadáver · Tres personas que donaron un riñón a un familiar recomiendan la técnica

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Detrás de las estadísticas de los trasplantes hay personas, historias, tristezas, alegrías y generosidad, mucha generosidad. Si ya la donación de órganos de una persona fallecida es un gesto loable, lo es más si cabe que alguien en vida entregue un riñón para ayudar a la supervivencia de un ser querido. Tres parejas unidas por la donación en vida cuentan sus historias y recomiendan a otros que sigan sus pasos porque no se arrepentirán. "Yo tenía claro que a mi hermana no la veía en una máquina [de diálisis]. Yo tenía dos riñones, pues uno para mí y otro para ella, como cuando éramos pequeñas. Y nos hemos quedado las dos muy bien. No hay que tenerle miedo a este trasplante. Mi vida es normal y mi hermana está mucho mejor". Es el relato de Milagros Valenzuela, que vive con un riñón. El otro le ha devuelto la vida a su hermana Ana María.

La historia de María Isabel Sánchez y Antonio González es parecida. Ahora él tiene 48 años. Con 33 comenzó a tener problemas renales. Los riñones le aguantaron un tiempo, pero al final tuvo que entrar en diálisis. Estuvo seis meses. Su mujer, una hermana y una prima se ofrecieron para darle un riñón. Las pruebas concluyeron que la mejor opción era la donación de María Isabel, su esposa. Ella no se arrepiente de haberle dado uno de sus riñones. "Ha sido una experiencia estupenda. Estoy satisfecha de haber dado vida", cuenta. Porque eso es lo que hacen los donantes, regalar vida.

Mientras donantes y receptores desgranan sus historias, entra Mercedes Cabello, la nefróloga que ha llevado sus casos. Hace tiempo que no los ve, así que se detiene un momento a mirarlos. "Veo a todos con mejor aspecto", comenta. Cierto. Los receptores porque han mejorado ostensiblemente gracias al trasplante y los donantes porque derrochan felicidad al ver a sanos a sus familiares.

María Luisa prefiere no decir su apellido, pero cuenta sus vivencias. "Yo no me lo pensé nada. Sabía que la opción de donar un riñón en vida existía y no había nada que pensar. Fui yo la que lo propuse, dije que contaran conmigo. No me arrepiento, es una experiencia totalmente recomendable. Para mí ha sido una sensación similar a la de tener un hijo", relata. Su hermana no quiere que aparezca su nombre, así que le ponemos uno ficticio, Carmen. Ella tenía una insuficiencia renal que empeoró en 2006. Su hermana, el padre y el marido se ofrecieron para darle un riñón. Los médicos concluyeron que María Luisa era la mejor donante. "Yo estoy perfecta, parece increíble que me hayan quitado un riñón", comenta con una alegría contagiosa.

La técnica no es nueva. En realidad, el primer trasplante renal que se hizo en el mundo -allá por 1954- fue de donante vivo, de un gemelo a otro. Y también en Málaga fue una donación en vida la que dio lugar al primer trasplante de riñón hecho en el Hospital Carlos Haya en 1979. Desde entonces hasta finales de 2010, se han llevado a cabo en Málaga 2.153 trasplantes renales de los cuales solo 35 proceden de una donación de vivo. En el dato acumulado apenas representan el 1,6% del total porque hasta hace un lustro apenas se acudía a este tipo de donación.

Pero se han unido dos situaciones que han potenciado esta opción. Primero, que aunque Málaga tiene una de las tasas de donación más altas del mundo, la demanda es aún mayor. Es decir, faltan más órganos para trasplantar. Segundo, que desde hace un lustro el riñón para la donación se puede extraer mediante una pequeña incisión, no como antes. "Antes se extraía por cirugía abierta y ahora es por laparoscopia", explica José Ramos, uno de los cirujanos que estaba en el quirófano aquel día de 1979 cuando José Luis Gutiérrez Calzada hizo el primer trasplante de Málaga. Y fue precisamente de donante vivo, de un hermano a otro.

Cuando en 2006 comenzó a extraerse el riñón por laparoscopia, la donación de vivo empezó a crecer. Desde entonces se han hecho 24 de este tipo en Málaga. Los mejores resultados en comparación con los de donante cadáver han impulsado a la Organización Nacional de Trasplantes a potenciar estas intervenciones. De los 115 trasplantes renales realizados en total el año pasado en el Hospital Carlos Haya, nueve fueron de donante vivo. El 7,8%.

Los doctores Cabello y Ramos explican las razones por la que estas donaciones tienen mejores resultados que las de cadáver. Una de ellas es que se requiere que la función renal del donante sea perfecta ya que tendrá que vivir el resto de su vida con un solo riñón. Ese órgano, por lo tanto, será de mejor calidad que el de un donante cadáver. Pero también influye otro factor. Como la donación en vida se puede programar, se hacen todos los estudios previamente y se preparan dos quirófanos simultáneos. En uno se extrae el riñón y en tres cuartos de hora está puesto en otro cuerpo. Una donación de cadáver no se puede prever, por eso el tiempo que pasa entre que se obtiene el riñón y se trasplanta -entre pruebas y transporte- puede ser de 15 horas. La nefróloga apunta además otra causa. Como la donación en vida se puede prever, el receptor empieza a tomar medicación contra el rechazo del órgano que va a recibir unos días antes de la intervención. Algo que es imposible en el caso de que el donante sea cadáver porque no se puede saber cuándo se va a producir su fallecimiento. Además, los resultados son mejores porque muchos de los pacientes ni siquiera tienen que entrar en diálisis, un tratamiento que deteriora la salud. "Y también porque [tras el trasplante] los receptores se cuidan más", apunta Ramos. Cabello añade: "Porque se sienten responsables de cuidar ese regalo. Siempre es un regalo, igual que el de cadáver. Pero sus donante están vivos y los ven".

Tanto donantes como receptores tienen un aspecto inmejorable. Cada uno va exponiendo su historia hasta que después de un rato se impone la pregunta de si se puede vivir con un riñón. Ramos, que es uno de los urólogos que hace los trasplantes renales en Málaga, contesta: "Perfectamente. Y van a vivir más sanos porque se van a cuidar más". Tanto receptores como donantes deben llevar hábitos de vida muy saludables, mantener a raya el colesterol y vigilar su tensión.

La donación de un riñón en vida exige una serie de garantías, desde clínicas hasta jurídicas. Por ejemplo, aunque sea una madre la que da el órgano a su hijo, debe haber una autorización judicial para la intervención a fin de garantizar que solo el altruismo y el afecto motivan al donante a tomar su decisión. Pero también hay filtros médicos para asegurar que la persona a la que se le quitará un riñón no tendrá en el futuro ningún problema de salud a causa de esa extracción. Milagros cuenta que a ella le hicieron los estudios tres veces. Además, esas pruebas apuntan a garantizar con el menor margen de error posible, que el trasplante será un éxito. "Con la falta de órganos que hay, tenemos que tratar de asegurarnos que ese riñón va a funcionar en el receptor", apunta Pilar Ruiz, miembro del equipo de trasplantes de Málaga, cuya función es precisamente conseguir donaciones para poner en marcha un mecanismo que ya ha salvado, entre todos los trasplantes, casi 3.000 vidas. Cuando se pregunta a estas singulares parejas si quieren añadir algo, todas coinciden en dar las gracias a los profesionales. Los donantes dicen que ellos han dado un riñón, pero que el equipo los ha respaldado y ha hecho todo el trabajo. María Luisa bromea: "Nosotros solo nos hemos tendido en la camilla".

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