Una Feria de más a menos

  • Hosteleros califican de "buena" la edición de este año

  • La afluencia al centro, a partir del martes, bajó día a día

  • Las casetas, las que más notaron el descenso de público

Nueve días, mucha fiesta y el comienzo de una larga espera hasta que llegue de nuevo agosto. Ese puede ser el resumen rápido para la mayoría de asistentes a la Feria de Málaga, este año o cualquier otro. Eso no cambia, el mismo patrón sigue una edición tras otra. Y que dure mucho tiempo, que dirán algunos. Es el momento de hacer balance y calificar esta edición. La afluencia a la Feria transformada en gráfica sería una parábola con su punto más alto en el martes y un descenso mucho más suave que la subida. El viernes hay quien ya comienza sus días festivos, y la afluencia hasta el día no laborable va in crescendo, pero a partir de ahí la fiesta va terminando día a día.

Las charangas que comenzaron con fuerza la mantienen tras una larga Feria, pero su legión de seguidores cayó; sólo los más fieles aguantan en los últimos días. Los conciertos en las plazas atestadas dejaron paso a un pequeño reducto de incondicionales que saltan y disfrutan cada letra. Los días de hacer vibrar a la gente con los instrumentos acaban, pero una nueva Feria vendrá. En la esquina de Uncibay con calle Granada una charanga, toda vestida de rosa, se resiste a terminar y medio centenar de personas les siguen. "Esto es lo que nos da vida", comenta el trombonista, "sin días como los de Feria no tendría sentido tener un grupo como el nuestro, que no vivimos de esto pero nos gusta mucho".

Las charangas fueron, jornada tras jornada, las animadoras incansable del Centro

Los restaurantes son los que menos notaron la diferencia de asistentes a la Feria entre unos días y otros. El número de personas que acude antes y durante la hora de almozar al centro sí que se mantuvo constante, y ver mesas vacías en un local no se debía más que a gustos.

Los establecimientos con el fin principal de la venta de alcohol sí que reflejaron un descenso claro a lo largo de la semana. No hay que buscar mucho para encontrar explicación, tan sólo con pasear día a día se entiende: si en los primeros días llegar de plaza de la Constitución a Uncibay, después de las 16:00, era un éxodo más complicado que el de Moisés en el desierto; ayer sábado se lograba con facilidad incluso circulando en grupo. "Nosotros venimos casi todos los días", comenta Antonio, un joven de veintitantos que va acompañado con un grupo de amigos, "pero es normal que venga menos gente. El cuerpo no aguanta y el dinero se gasta muy fácil", apuntilla. Precisamente esto es lo que afecta a casetas como las de Constitución, que en los últimos días afirman "vender mucho menos", y es que si la gente no acude es complicado hacer negocio.

Al acabar la Feria, las colas en los baños no son ni la mitad de lo que fueron -aunque quienes los utilizan se esfuercen en dejarlos igual de limpios- y hasta las botellas de Cartojal, vacías y tiradas por las calles, parecen pocas si se echa la vista atrás. Acaba así una nueva Feria, nueve días de intenso trabajo para algunos, días fuertes para el negocio, y de fiesta para otros. Todos se llevan un buen balance esta larga semana, aunque también querrían sin duda que hubiera sido mejor.

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