'Fontanería' de quirófano

  • El Carlos Haya usa una técnica quirúrgica que baja la mortalidad en roturas de aorta

La aorta es como una tubería de 2,5 centímetros y medio de diámetro que baja desde el corazón hasta el ombligo. A veces se ensancha (aneurisma) y se rompe. La hemorragia puede ser mortal. Pero incluso aunque se llegue a tiempo al hospital, la cirugía que se usaba hasta ahora entrañaba sus riesgos porque los pacientes suelen ser mayores 70 años y no siempre pueden superar una operación que es muy compleja. El Hospital Carlos Haya ha incorporado una técnica quirúrgica menos agresiva que reduce la mortalidad. En la cirugía tradicional -en la que se abre al paciente por el vientre para reparar el llamado aneurisma de aorta abdominal- la mortalidad se acerca al 40%.

Con la nueva técnica, el porcentaje se reduce al 22%. Esta novedosa intervención se hace en dos fases. Para entenderlas, hay que saber que la aorta sale del corazón y forma como una y invertida con las arterias que llevan la sangre a las piernas. Primero, los cirujanos cardiovasculares con ayuda de los radiólogos vasculares meten por una pequeña incisión en la ingle -y subiendo por dentro de las arterias- una especie de tubo de 15 centímetros de largo (endoprótesis) con el que desvían la circulación sanguínea de la aorta, por la parte en que todavía está sana, a la femoral de una pierna. Así, la sangre ya no pasa por la zona donde se ha roto la arteria y se corta la hemorragia. Pero hace falta una segunda fase quirúrgica porque si se dejara así, la otra pierna se habría quedado sin irrigación sanguínea. Los cirujanos hacen entonces un segundo desvío (by pass) por debajo de la piel a la altura del pubis entre una ingle y otra para llevar sangre a la otra pierna. De esa forma, la bifurcación natural de las arterias que se produce a la altura del ombligo, tras la operación queda a la altura del pubis.

Aunque para un neófito esta nueva técnica pueda parecer muy compleja, en realidad entraña menos riesgo para el paciente.

"Con la cirugía abierta [la tradicional], la mortalidad ronda el 40% porque hay que abrir el vientre, sacar el paquete intestinal y llegar cerca de la columna, lo que supone más riesgos. Con la nueva técnica, la mortalidad se reduce al 22%", precisa el cirujano cardiovascular del Hospital Carlos Haya, Fernando Calleja. Además, la intervención tiene otras ventajas: no hay que reponer sangre porque no se produce pérdida durante la operación, las ocho horas de la cirugía tradicional se reducen a cuatro, disminuyen las complicaciones y se acorta la estancia hospitalaria. Y todo gracias a un trabajo de fontanería de quirófano. Eso sí, altamente cualificado.

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