Forenses exhuman restos de un bebé para determinar si fue robado en 1973

  • Expertos judiciales sacaron ayer en Parcemasa parte de la osamenta del supuesto bebé que tuvo un matrimonio en el Carlos Haya y que murió horas después de nacer · Se le realizarán pruebas de ADN

Los forenses y agentes judiciales analizarán los restos óseos correspondientes a un bebé y a un adulto que encontraron ayer en la exhumación practicada a una tumba en el cementerio de San Gabriel (Parcemasa) ordenada por el juzgado número 10 de la capital ante la denuncia formulada por Carlos Morales y Francisca Sánchez hace algo más de medio año. Este matrimonio sospecha que fueron víctimas de la supuesta trama de robo de bebés que, presuntamente, actuó en numerosos hospitales de toda España entre los años 50 y 80 del pasado siglo.

La exhumación, tal y como adelantó este diario el pasado martes, comenzó a las 11:55 en el nicho 55917 de Parcemasa en el que, además de los restos del bebé, reposan los de los padres, la abuela y un tío de Francisca, cada uno por separado. Los expertos recogieron los restos, los colocaron sobre una mesa, hicieron todo tipo de fotografías y le explicaron a la familia, según afirmó Morales, que "había huesos del bebé y de una persona mayor", acrecentando así las sospechas de la familia.

Los forenses se llevaron los huesos para hacerles una prueba de ADN en los próximos días y comprobar si ese bebé es realmente el que Morales y Sánchez perdieron en el hospital Carlos Haya en 1973. "Nos han dicho que recibiremos una carta para citarnos y hacernos la prueba de ADN. Primero se le hará a la madre [Francisca] y si queda alguna duda nos la harán posteriormente a mí y a nuestros cuatro hijos", indicó el marido. Esta prueba es fundamental en la investigación. Va a permitir, y eso es lo más importante, que la familia sepa si ese bebé era o no el suyo tras varias décadas de duda. Por otra parte, según le explicó ayer la jueza al matrimonio, no hay ningún documento que acredite que Sánchez dio a luz en Carlos Haya ese día ni qué pasó exactamente. La familia solo tiene un certificado de defunción que ha obtenido en este último año, pero nada más. "La jueza nos ha dicho que no encuentran documentos por ningún sitio, que han pedido todo tipo de certificados, pero que no existen", añadió Morales.

La historia de esta familia es, como la del otro centenar de personas que han denunciado el supuesto robo de bebés en Málaga en el último año y medio, escalofriante. Francisca Sánchez y su marido acudieron de parto al hospital Carlos Haya en marzo de 1973. Iba a ser su primer niño, Francisca no dilataba y, después de tres días, le pusieron anestesia general, sacaron al bebé y le echaron 28 puntos. "Cuando me despertaron de la anestesia me dijeron que había tenido un niño, pero que no podía verlo porque ya era de noche y tenía que esperar al día siguiente. Pregunté si tenía algún defecto y me dijeron que el único que tenía es que era muy guapo", explicó la madre.

A las 6:30 de la madrugada, de pronto, una enfermera le despertó y le comunicó que el bebé, que había pesado 5,5 kilos al nacer, había fallecido. "No me supieron decir exactamente qué había pasado. Solo que había tenido un daño cerebral, cuando unas horas antes me dijeron que estaba bien, y que no me preocupara porque yo era muy joven", recordó Francisca. Conmocionados por la triste noticia y con Francisca aún convaleciente en la cama, su marido y su hermana hablaron con el director del hospital y éste le entregó una caja cerrada, que la familia nunca abrió, con los supuestos restos del bebé. Los enterraron en el cementerio de San Rafael y no los movieron de allí hasta hace 14 años, cuando decidieron exhumar esos huesos para sepultarlos en el nicho familiar en Parcemasa. Su sorpresa fue mayúscula ya que no apareció la caja por ningún sitio y el enterrador tuvo que ahondar más de lo esperado para encontrar los supuestos huesos del bebé, que son los que finalmente se trasladaron a Parcemasa y los que se van a investigar. La duda de esta familia se sustenta, además de en la inesperada muerte del retoño, en que cuando Francisca estaba aún ingresada una enfermera le puso un niño encima y le dijo que era el suyo. "Tenía escrito en el brazo el número 25, igual que yo. Me puse a temblar y a llorar", señaló Sánchez. Unos minutos después, ante el desconcierto generado, le aseguraron que todo había sido un error, aunque la familia siempre se quedó con la mosca detrás de la oreja, máxime al ver la proliferación de denuncias en toda España.

El día de ayer fue muy duro para la familia Morales Sánchez y, especialmente, para Francisca, que se retiró llorando a una esquina al ver cómo removían los restos de sus padres, su abuela y su tío, además de los de su supuesto bebé. Su marido aseguró que preferiría que el bebé no fuera realmente el suyo, porque eso querría decir que seguiría, posiblemente, vivo y que el 2 de marzo cumpliría 39 años. Las pruebas de ADN sacarán de dudas, de una vez por todas, a esta familia.

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