Un GPS para descifrar el enigma de la cabra montés

  • La Consejería de Medio Ambiente lleva a cabo un proyecto pionero en el parque natural de Sierra Tejeda para controlar la especie mediante un collar que envía datos vía satélite

Apenas quedan 30.000 ejemplares en todo el mundo y la provincia de Málaga puede presumir de ser uno de esos pocos lugares privilegiados donde aún se puede ver a la cabra montés encima de un risco. Es una especie endémica de la Península Ibérica que en los últimos años está sufriendo los devastadores efectos de una enfermedad, la sarna, que se ha convertido en el principal enemigo de la supervivencia de esta especie. La dificultad de llegar hasta la cabra montés por lo peculiar de su hábitat es en parte la responsable de que sea muy poca la información que se tiene sobre cómo viven, qué vías migratorias utilizan o cómo les afectan los obstáculos en forma de infraestructuras turísticas, deportivas o viales que encuentran a su paso entre sierra y sierra. 

A la Consejería de Medio Ambiente se le ha ocurrido una idea para tratar de solventar lo que hasta ahora era un problema a la hora de indagar en la actividad rutinaria de la cabra. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Es lo que debieron pensar los técnicos que idearon un proyecto pionero por el que cinco cabrás montés oportunamente seleccionados portaron durante al menos dos años unos collares con GPS que permitirán transmitir en tiempo real todos sus movimientos. Estos en apariencia simples dispositivos son capaces de almacenar hasta 18.000 localizaciones, es decir, datos que se van enviando vía satélite mediante un teléfono que va incorporado al collar y que además cuenta con una batería con autonomía para dos años y otra con placa solar por si fallara la primera.

La última cabra en ser fichada fue un macho de unos tres años localizado en el parque natural de Sierra Tejeda del que Ricardo Salas es el director conservador. "Este sistema nos permitirá tener mayor conocimiento de una población que sólo en este espacio está formada por unos 2.500 ejemplares", aseguró. Lo más difícil ha sido seleccionar a la cabra a la que se quiere colocar el collar y capturarla a lo largo de las 40.000 hectáreas del parque natural y en zonas enormemente escarpadas. Todo depende de la habilidad de experimentado tirador que con mucho tino debe dispararle un dardo anestésico para poder llegar hasta el animal. 

Una vez conseguido abatir al ejemplar elegido, los técnicos y veterinarios aprovechan el efecto de la anestesia para marcarlo, extraerle muestras y colocarle el collar con el que podrán controlar todos sus movimientos en tiempo real. Preguntas hasta ahora tan repetidas entre los expertos como qué hacen estos animales en las distintas épocas del año, cómo se comportan durante la fase de celo o cómo interaccionan ejemplares sanos y contagiados con la sarna podrán ir obteniendo respuesta a medida que todos estos datos se vayan analizando.

La información de la que se disponga a partir de ahora será "valiosísima", según Salas, ya que se podrá saber no sólo la localización exacta de ese ejemplar en cada momento, sino también la altitud, la temperatura del animal y de la zona donde se mueva y hasta la velocidad a la que lo hace. Con todos estos datos, la Consejería de Medio Ambiente pretende poner un granito de arena más en la lucha contra la enfermedad que amenaza a una especie que ya prácticamente se restringe a las zonas montañosas de la Península Ibérica.

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