Grecia, susto o muerte

  • Gonzalo Fernández de Córdoba y José Luis Torres, expertos en teoría económica de la UMA, afirman en una investigación que la crisis griega es en esencia un problema político, no económico

La crisis griega es solo un problema político. Esta es la principal conclusión a la que llegan los economistas de la Universidad de Málaga Gonzalo Fernández de Córdoba y José Luis Torres tras una investigación iniciada en 2011, cuyas conclusiones expondrán ante la flor y nata de los teóricos de la economía en un congreso internacional que se celebra el próximo 26 de julio en la Universidad de Cambridge.

Sostienen que los griegos no cometieron ningún pecado. "Enre 2002 y 2006 los ingresos y gastos del Gobierno eran absolutamente normales". "El número de funcionarios o el gasto en pensiones no solo no era mayor, sino incluso mucho menor que en países como Francia", a pesar de que se han extendido "ideas fuerza totalmente falsas" que atribuyen el sufrimiento presente a los desmanes del pasado. El país tenía una deuda pública que representaba el 125% de su PIB, pero no era tampoco excepcional: en 2010 la deuda alemana alcanzaba el 83 % de su PIB, la de Italia en el 115% y la del Reino Unido en el 81%.

El repentino estallido inmobiliario y la caída de los flujos de capital desde el exterior impactaron en el corazón de la economía helena. Pero también fue una "crisis normal", una sudden stop (parón súbito) comparable al que sufrió Finlandia tras el desmoronamiento de la URSS o Chile al desplomarse el precio del cobre.

Al estallar la crisis los ingresos del Estado se derrumbaron, mientras que los gastos se mantenían en el mismo nivel. En un escenario revuelto por falta de crédito, Grecia se puso en el punto de mira de los inversores y el coste de su deuda se disparó. "En esas codiciones la deuda no era sostenible ni en Grecia ni en ningún otro país, pero esto también es normal", en opinión de ambos expertos.

La consecuencia directa de una economía que colapsa, no puede encontrar crédito barato y es centro de atención del mercado es que se rompa la dinámica de financiación. La deuda pública se afronta fundamentalmente contrayendo nuevos préstamos cada vez que se acerca la fecha de un pago. Este sistema de gestión, técnicamente conocido como rolling over, se paró en Grecia. Cualquier país en esas circunstancias solo tiene dos opciones: pagar si tiene dinero o no pagar y renegociar los préstamos (default). Y ahí es justo donde empezó la anormalidad en la tragedia griega, de acuerdo con las conclusiones alcanzadas por Gonzalo Fernández de Córdoba y José Luis Torres.

"Cualquier país al que se le corta la fuente primera de financiación hubiera hecho default. De Europa a Estados Unidos o Japón, cualquiera". Pero Grecia no. En 2010 la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional acordaron el primer rescate.

¿Por qué no permitió suspender pagos, y reordenar el calendario y las condiciones para devolver los préstamos? Fundamentalmente porque el dinero se debía a los bancos europeos que en aquel momento "atravesaban una situación delicadísima. Se acordó el rescate griego para impedir el colapso del sistema financiero europeo. Se hizo para salvar a la banca". Ambos expertos afirman que en el tema griego solo hay una dimensión: la política.

Se obligó al país a tomar un dinero que no iba parar a los griegos, sino a los bancos europeos y "se les forzó a hacer un grandísimo esfuerzo, a costa del sufrimiento del pueblo, para alcanzar el superávit".

En estas condiciones, Torres y Fernández de Córdoba comprenden que los griegos tienen razones sobradas para "sentirse humillados". Defienden que hubieran sido preferible una quita de la deuda acompasada al tamaño de las reformas. "En circunstancias normales las cosas hubieran ido por ahí, pero en 2010 nada era normal". Estos acontencimientos, además, sacaron a la superficie todos los problemas de diseño del euro, que jugaron a la contra de los intereses del país: los bancos griegos para obtener financiación del BCE necesitaban activos de máxima garantía (triple A), calificación que Grecia había perdido, lo que a su vez ahuyentaba los fondos de inversión y devaluaba aún más los bonos griegos y disparando su coste sin que existiera un tesoro dispuesto a dar garantías... Syriza, Varoufakis, el referéndum de mañana y la tragedia griega con todos sus actores es el castigo de aquel pecado.

"Molon labe". El emperador persa Jerjes al frente de un poderosísimo ejército, con tantos arqueros que podían oscurecer la luz del sol según la literatura histórica, envió un mensaje a Leónidas para que entregara las armas. "Molon labe". "Ven a por ellas", fue la respuesta del rey de Esparta. Seguidamente su ejército fue masacrado en la batalla de las Termópilas. Gonzalo Fernández de Córdoba y José Luis Torres aluden a la personalidad de la sociedad griega y a su acusado nacionalismo para explicar la actitud negociadora desplegada ante Europa y el Fondo Monetario Internacional. "La dimensión política es fuerte e insoslayable. El pueblo griego percibe lo ocurrido como un hostigamiento y una humillación". La respuesta ha sido "molon labe". El resultado muerte o susto. Ninguna opción es buena.

¿Qué pasará mañana? "El referéndum es ilegal. El Tribunal Constitucional lo declarará ilegal. No cumple las normas griegas", apuestan. Optan por pensar que ganará el sí: "Syriza se hundirá, habrá elecciones anticipadas y un nuevo Gobierno empezará a negociar, pero con unas condiciones aún más duras. Alemania ya ha avisado", porque este es ya un problema político "entre individuos que se detestan".

Advierten que los planteamientos europeos son leoninos: El 52% de la población griega depende de las pensiones. La mitad de los griegos vive de los abuelos. Por eso hablar de reducir la pensión mínima "es mala leche". Echan en falta "postura de Estado en Europa", porque todo ha sido "racanería y cicatería para los griegos".

¿Y si gana el no? "El lunes, entonces, los bancos seguirán cerrados, no se cobrará..." En una economía de la que han salido durante los últimos meses 1.000 millones diarios "y donde está ya todo desmadrado".

Y la pregunta del millón: ¿Tiene Grecia capacidad para pagar su deuda? "Por supuesto. Si el interés de la deuda es cero y teniendo superávit primario, que lo tiene, Grecia puede pagar, aunque sea en un tiempo indefinido".

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