Guinda a una gestión sin rumbo claro

  • El fiasco de Art Natura se suma a las dudas que siguen cubriendo los grandes proyectos culturales del Ayuntamiento, caso del uso del Astoria y el edificio de la esquina del puerto

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La historia de Art Natura esconde algo mágico, algo casi de cuento. Lo que antaño era un tesoro reluciente, hermoso a la vista, es ahora un objeto dantesco, cuya simple mención causa estupor. En seis años, la joya del Museo de las Gemas ha pasado a convertirse en un mineral de lo más simple; en seis años, el idilio de dos instituciones cercanas al enamoramiento se ha transformado en confrontación visceral, con una única salida posible: la judicial. Pero lo acaecido en este espacio de Tabacalera, el más claro esperpento de cuantos han salpicado al Ayuntamiento, suma una muesca más a la afectada gestión que desde la Casona del Parque se viene haciendo años atrás en actuaciones clave de la ciudad, muchas con la cultura como eje. Sin llegar al extremo de lo vivido con Art Natura, ninguno de los grandes iconos museísticos impulsados por el alcalde, Francisco de la Torre, ha estado exento de conflictos.

Bien es cierto que el regidor del PP puede presumir (y bien que lo hizo en la víspera a las elecciones municipales del pasado mes de mayo) del Museo Thyssen, pero lo hizo, eso sí, tras haber pagado una cuantía muy superior a lo planteado inicialmente. Casi 30 millones han salido de las arcas municipales con destino al continente que hoy alberga parte de la muestra de la baronesa Carmen Thyssen. Dinero, eso sí, al que sumar la aportación que anualmente ha de destinar el Consistorio a la fundación encargada de gestionar la pinacoteca para equilibrar sus deficitarias cuentas y que hasta 2013 ascenderá a 4,2 millones de euros. El camino dibujado y recorrido en los últimos años por el equipo de gobierno en esta senda de museos tiene paradas en otros proyectos marcados por el escaso tino. Los hechos constatan la incertidumbre que pesa sobre algunas de las que señas de identidad cultural con las que el alcalde quería se identificase a la ciudad.

El Museo de Museos del que hizo bandera tras adquirir por más de 20 millones la antigua manzana de los cines Astoria y el Victoria ha quedado en agua de borrajas antes incluso de nacer, optándose ahora por destinar parte de estas edificaciones a la ampliación de la Casa Natal Pablo Ruiz Picasso (tantas veces puesta sobre la mesa y tantas veces aparcada) y, el resto, a un espacio de gestión privada. Parecido argumento podría emplearse en el edificio de la esquina de los muelles 1 y 2 del puerto, que ha de ser entregado en las próximas semanas por la promotora de Muelle Uno al Ayuntamiento para que asuma su gestión. ¿Qué acogerá este equipamiento? Es otra duda sin respuesta. Tras más de un año confiando en que será Unicaja la que convierta el inmueble en su particular apuesta cultural, el concejal de Cultura, Damián Caneda, abre las puertas a ubicar un centro audiovisual, cuya adjudicación se otorgará mediante concurso.

Pero la cultura no es la única senda en la que se le reconocen no pocos desatinos a los responsables municipales. El escenario urbano más próximo al mar fue objeto de crítica hace poco más de un mes, cuando los alrededor de sesenta locales de Muelle Uno abrieron durante unas diez horas al público sin que el complejo dispusiese de los necesarios permisos. Otra muesca de la agitada gestión del equipo de gobierno es la nueva sede de la Gerencia de Urbanismo. El edificio, situado en la zona de El Bulto, es ejemplo de dispendio económico, por cuanto una obra tasada en menos de 20 millones de euros acabó costando 36. No es el único caso de sobrecoste. Ya mencionado el caso del Thyssen y lo oneroso de la operación de adquisición del Astoria (aún queda por cifrar los gastos impropios a abonar a la anterior propietaria, Baensa), Tabacalera es otra de las obras donde lo inicial nada tiene que ver con el final.

Sólo el uso museístico de estas instalaciones, que fueron adquiridas por el Ayuntamiento tras reclasificar los suelos a Altadis (que obtuvo casi 70 millones de euros por su venta), han incrementado el montante económica de forma astronómica. De una rehabilitación y adaptación tasada en 24,6 millones de euros, se ha pasado a unos 31 millones (20 de ellas para el Museo de las Gemas y 11 para el de los automóviles).

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