Igual que comer en el salón de la abuela

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A veces se puede comer como en casa de la abuela. Pero de verdad. Y la fonda Casa Pepa, en Carratraca, es uno de esos lugares. Sólo hace falta llegar, sentarse en el salón de la vivienda y a los dos minutos uno se siente como si estuviese de visita familiar. Lo primero, una botella de vino tinto y una Revoltosa para acompañarlo. Una pequeña ensalada y pan. La opción para empezar la comida es fácil de elegir: sólo hay callos. O potaje de habichuelas. O lo que toque ese día. Las sopas y los potajes son la especialidad de este especial restaurante. Y, para continuar la comida, el segundo tampoco es difícil de elegir: chorizo y huevos o filetes, acompañados siempre de patatas fritas, que son fijas en el menú. De postre: natillas, arroz con leche... todo casero. "O una naranja o un plátano para el que quiera fruta", dice una de las camareras.

Todos los alimentos son locales y son preparados por el matrimonio que se encarga de la casa de comidas. En una cocina justo al lado del salón -decorado con fotos familiares de comuniones, bodas y similares- cortan con sus manos los kilos y kilos de patatas que ingieren los comensales que, diariamente, llegan hasta su casa. Eso sí, los fines de semana encontrar sitio es bastante complicado. Y no se puede reservar.

La fonda Casa Pepa es uno de los vestigios de que la Málaga rural, la que vienen buscando los ingleses o alemanes, sigue existiendo. Y eso que viajar hasta Carratraca permite encontrar este lugar sacado de los años 60 con la mayor modernidad: un balneario de cinco estrellas con el mayor lujo posible. Los dos extremos de esta pequeña localidad ubicada en pleno Valle del Guadalhorce a unos 50 kilómetros de Málaga a la que llegar en media hora gracias a los nuevos tramos de autovía.

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