José Manuel, Rocío y Verandi también se apuntan al paro

  • Muchos jóvenes malagueños no tienen claro su futuro después de haber sido despedidos

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La oficina del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) en la barriada de Capuchinos estaba ayer por la mañana a reventar, pese a que eran cerca de las 13.00 y que ya se pueden hacer numerosas gestiones por internet. El lunes se conoció que en la provincia había 100.241 parados, el peor dato en la última década. Es un número frío y abultado. Ayer se tradujo en personas y en sus problemas.

Preparando sus papeles estaba José Manuel Repiso. Tiene 32 años y está en el paro desde hace dos semanas, aunque hasta ayer no se apuntó al desempleo. Lamenta su falta de estudios, algo que no le impidió trabajar durante tres años en un rent a car cercano al aeropuerto moviendo vehículos y adecentándolos para los viajeros. José Manuel señala que "tenía un contrato de fin de obra con una subcontrata. Hace dos semanas me dijeron que estaban contentos conmigo y que era un buen trabajador, pero que no había la suficiente actividad", por lo que prescindieron de sus servicios. No tiene trabajo pero sí algo en mente: quiere ser conductor de coches fúnebres. "No es muy alegre pero me han comentado que está muy bien pagado y ahora es lo que me importa porque al final en las empresas nadie suele valorar tu esfuerzo", afirma con cierta resignación.

Rocío Aguilar tiene 27 años y ha ido a la oficina del desempleo acompañada de su hermana y su sobrino. Estuvo trabajando un año en una óptica con un contrato temporal que ahora ha finalizado. "La cosa estaba floja y nos han despedido a varios porque la empresa no tenía para pagar a tanta gente", dice la joven. Rocío no quiere ser pesimista. Ya tiene experiencia pues, antes de entrar en la óptica, ya había sido empleada en un hotel, como teleoperadora o dependienta. "Pero todo con contratos temporales". Ahora toca empezar otra vez de cero aunque ella, afortunadamente, vive en casa de sus padres, por lo que no tiene a nadie a su cargo.

Verandi Sarasola está soltera pero su madre depende de ella. Y está en paro. Al igual que Rocío, el currículum de esta chica es bastante extenso. "He trabajado de todo: en serigrafía, como azafata, frutera... hasta tuve mi propia tienda de souvenirs", asegura. Verandi se quedó en el desempleo justo el lunes y ayer acudió al SAE a regularizar su situación laboral y buscar nuevas oportunidades. En su último empleo ha estado cinco meses como camarera en un restaurante, "pero la hostelería no es lo mío", reconoce. Verandi, de 23 años, dice que lo que le gusta es hablar y tratar a la gente, por lo que su ilusión es encontrar un puesto "de dependienta, comercial o algo así". Recuerda que todos sus contratos fueron temporales y que nunca ganó más de 750 euros, por lo que quiere algo más estable porque "aún soy joven pero dentro de unos años me va a ser más difícil encontrar un buen trabajo".

Los funcionarios de la oficina del SAE en Capuchinos reconocen que en los dos últimos meses "no paramos" ante la llegada masiva de personas que van a apuntarse al desempleo o a recibir algún asesoramiento laboral. Los técnicos aseguran que "casi todo lo que se ofrece son contratos temporales y principalmente en el sector servicios, como peluqueras, dependientes, cajeras...".

Eso sí, reniegan del tópico de que el SAE no sirve para encontrar un puesto de trabajo. "Llamamos a mucha gente, aunque también es verdad que hay muchos que nos han dado el teléfono mal o que simplemente nos dicen que no le interesa trabajar porque tienen niños, están estudiando oposiciones o incluso están en otro trabajo". En el SAE se ofertaban ayer 67 puestos de trabajo en la provincia que están esperando un receptor.

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