Motivos por los que sonrojarse

  • La caótica procesión del Resucitado deja claro que ésta no interesa a los cofrades

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Urge tomar medidas en el Resucitado, que cada año se convierte en el broche más indigno que puede tener la Semana Santa de Málaga. Podría decirse que ayer tocó fondo, pero mejor ni pensarlo porque si puede ir a peor, seguro que irá, ya lo dice Murphy que en estos casos nunca falla. ¿La culpa? De todos y de nadie, como se trata de los titulares de la Agrupación (la comisión la preside Javier Alcaide, hermano mayor de Crucifixión), pues simplemente se cumple con el trámite de pasear a los santos.

La cosa se descontroló de inicio y en Carretería, nada más salir, ya se vivió un parón de un cuarto de hora. El trono de la Virgen no podía salir del templo. Entonces empezaron las carreras porque, según los capataces del Cristo (ejemplos de buen hacer), el cortejo llevaba un retraso de 20 minutos. Cabe destacar que faltaban portadores en ambos tronos, algo que la Agrupación ha querido ocultar durante toda la Cuaresma. De hecho, el mismo Sábado Santo quedaban por tallar más de medio centenar de hombres. Al final se cumplió el expediente, aunque las calvas se notaron, sobre todo debajo el manto de la Reina de los Cielos.

El descontrol de los nazarenos fue notorio y muchos ni llegaron al final. Los de Mena fueron los primero en retirarse, tenían comida de hermandad (gran excusa), mientras que otras muchas cofradías se desmarcaron en la propia Nosquera, pero sin entrar en San Julián. Sobre el corte de la sección de la Virgen, mejor ni hablar. ¿Y los mayordomos? Como broche, Caridad del Guadalquivir fue la banda sonora que despidió la Semana Santa de Málaga, peor gusto imposible. Sólo faltó la guinda al despropósito, los pulsos sin campana.

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