Mujeres que vencieron el cáncer

  • Afectadas destacan que la curación supera el 90% si se detecta precozmente

Tenía 38 años y dos hijos. Un día se notó un bulto en el pecho y su vida cambió. Era un cáncer de mama. Médicos, hospitales y cinco operaciones en dos años. "Es duro que te tengan que cuidar a ti porque las mujeres estamos acostumbradas a cuidar y nos sentimos culpables. Pero la familia ayuda mucho y los demás tienen que dedicarse a ti". Es el testimonio de Ángeles Fernández. Ahora tiene 52 años y, aunque se hace sus revisiones anuales, ha superado la enfermedad y los miedos. "Los primeros años son muy angustiosos. Fueron dos años muy duros en los que no salía del hospital. Pero a medida que pasa el tiempo te encuentras más segura y el miedo desaparece", relata.

Ángeles enfrenta la vida con optimismo. Por eso quiere dejar un mensaje de apoyo a aquellas mujeres que ahora lo están pasando mal a cuentas de la patología. "Cada vez se curan más casos de cáncer de mama. La curación está por encima del 90%. Eso se debe a que se detectan de forma más precoz. A la vez, eso permite que no haya que quitar la mama, sino que se pueda conservar", explica.

Pero esta integrante de la Asociación de Mujeres Operadas de Cáncer de Mama (Asamma) insiste de forma machacona que, aparte de las mamografías, es importante la autoexploración. "Conocer tu pecho es importante para estar alerta en cuanto notas algo raro", comenta.

A pesar del mazazo de la patología, tuvo suerte. Perdió un pecho, pero no tuvo que someterse ni a quimio ni a radioterapia. Ella se sometió luego a cirugía reconstructiva.

Ángeles cree que el hecho de que haya cantantes o políticas que confiesen públicamente que padecen la enfermedad -se refiere, entre otras, a Luz Casal y a Esperanza Aguirre- contribuye a que se hable del cáncer de mama y se vayan derribando los temores atávicos hacia la patología. Cuenta que conoce casos de mujeres que se detectaron un bulto en el pecho y que el miedo las paralizó durante bastante tiempo antes de acudir a un médico. Por suerte, estos casos ya cada día son menos.

A sus 41 años, Mercedes García se hizo una mamografía. "Por capricho", dice. El resultado fue demoledor: cáncer de mama. Se sometió a una primera operación, tuvo una complicación y pidió que en la segunda intervención le quitaran el pecho. "Fue mi decisión, para más seguridad", cuenta. Con los cuatro años que han pasado desde entonces y la reconstrucción que se hizo, ha ido olvidando aquellos malos momentos. "Yo lo afronté con mucha fuerza", admite. Ahora, esa fuerza es la que la anima a acompañar como voluntaria de Asamma en el Hospital Materno a otras mujeres que están pasando por el mal trance de un cáncer de mama. Su recuperación es el mejor ejemplo de que la patología, detectada a tiempo, se cura.

Francisca Aguilar, presidenta de la asociación, lleva 23 años operada. Cuando se lo detectaron tenía 33 años. Sus hijas eran entonces muy pequeñas y el diagnóstico fue traumático. Pasó por operaciones, quimio y radioterapia. "Es un mazazo, pero luego retomas tu vida con más ganas, con más fuerza y te das cuenta de lo verdaderamente importante", afirma. Ella no quiso reconstruirse el pecho. "Yo estoy bien, que es lo que quiero y mi pareja lo acepta", confiesa. Paqui sostiene que en esta enfermedad se suman la incertidumbre que siembra la patología, lo duro de los tratamientos y el hecho de que la mujer pierde -aunque cada vez menos debido al diagnóstico precoz- una seña de identidad de su sexo. "Ahora con tanta publicidad y tanta mujer estupendísima parece que no eres mujer sin un pecho. Pero hay que desterrar esa imagen porque una mujer es algo más que dos mamas", defiende.

La presidenta de Asamma anima a las mujeres que ahora estén atravesando por la enfermedad. Dice que desde cuando ella se operó ha habido avances radicales en el diagnóstico, los tratamientos y la cirugía: "Antes la palabra cáncer era tabú. Pero es una palabra que hay que nombrarla, no hay que esconderla. Hoy el cáncer de mama es una enfermedad crónica".

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