Nuevo pulpo, mismo garaje

  • Visto lo visto en la Explanada de la Juventud, Tabletom sigue sin contar con el lugar que merece en la Feria

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BIEN es sabido que el público que sigue a Tabletom es variopinto y diverso hasta la médula: se arriman a la banda, vaya donde vaya, seguidores acérrimos desde el Mezclalina, neófitos inspirados por las pasiones ácratas propias de la edad y todo tipo de malaguitas dispuestos a celebrar el magisterio del grupo como algo nuestro (cuánto queda por reivindicar aún la evidencia de que la raíz malagueña de Tabletom adquirió hace ya mucho tiempo cariz universal, por más que sus artífices hayan jugando siempre a destiempo y desentiéndose de las modas: llegaron tarde al rock andaluz, al rock progresivo y a la fusión, y a la vez han sido, por derecho, absolutamente pioneros en lo que hacen: ustedes dirán cómo se come esto; cuestión de genio). Sucede, sin embargo, que Tabletom, en virtud de su veteranía, y dado que bajo su nombre se reúne un grupo de excelentes músicos, merece ya, a estas alturas, unas condiciones dignas y mínimas para hacer lo suyo como corresponde, lo que no tiene por qué ir necesariamente en detrimento del carácter múltiple de sus seguidores. Tabletom nunca ha sido un grupo de éxito en sus cuarenta años de trayectoria, y todavía, tanto tiempo después, debe enfrentarse a menudo a calidades poco deseables para sus conciertos. Lo paradójico es que sea la Feria de Málaga la que siga sin encontrar un sitio para Tabletom: la banda tiene en el Real una calle pero no un recinto apropiado para tocar. Si la antigua Caseta de la Juventud ya resultaba impropia e inadecuada, la sensación del pulpo en el garaje se acrecentó la noche del martes con el concierto del grupo en la nueva Explanada de la Juventud, después de Delefants y Zona Zero. Visto lo visto, Tabletom se merece mucho más. Y resulta incomprensible que este exilio perdure mucho más allá de lo razonable.

Los veteranos Perico y Pepillo Ramírez salieron a escena pasada la 1:00 con su nueva formación a punto: Salva Marina en la voz, confirmado ya como sustituto de Tony Moreno de Eskorzo (quien a su vez asumió, en su función de bisagra, el reto de sustituir al insustituible Rockberto, muy recordado también entre el público presente), el bajista Jorge Blanco, el batería Niko Huguenín (reclutados ambos por Perico de la formación compartida con Lito para la revisión de clásicos del blues) y Manuel Nocete (que en realidad se subió al tren en 2012) a los teclados. Tabletom reunía así lo viejo y lo nuevo, y de esta guisa presentaron los músicos por adelantado algunos temas de su nuevo disco, que verá la luz, de nuevo con letras del sin par José Miguel González, antes de fin de año (no faltaron tampoco, claro, los clásicos incombustibles). Pero si la conjunción funcionó más que bien en el escenario, no se pudo decir lo mismo del recinto reservado a la ocasión. En la misma explanada (pocas veces un término define también un espacio; aunque podrían llamarlo, directamente, descampao) se mezclaban seguidores dispuestos a disfrutar del concierto, cincuentones muchos, treintañeros otros, a veces padres e hijos en la misma fila, con una legión de comulgantes del botellón que, reunidos a lo suyo, y sin prestar demasiada atención a la música, defendieron a capa y espada su presunto derecho a coger allí mismo una cogorza ocupando, en plan sentada, el lugar legítimamente dispuesto para los primeros. El resultado fue que buena parte del público tuvo que andarse con ojo para no pisar a los del botellón y que pocos, en fin, estuvieron a gusto. Vale la pena insistir: Tabletom cumplirá en 2016 cuarenta años de vida y el martes habrían merecido algo mejor.

Resulta, a todo esto, que el próximo sábado cerrarán el ciclo de conciertos de Feria en el Auditorio Municipal tres grupos malagueños: Danza Invisible, Dry Martina y Efecto Mariposa. Cabe preguntarse por qué los programadores no consideraron buena idea que Tabletom estuviese en este lote. ¿Tal vez porque no son tan populares? Clama al cielo que, después de haber actuado dos veces con éxito en el Teatro Cervantes, Tabletom no lo haya hecho aún en el Auditorio Municipal. Ojalá sea el año que viene. Justicia, la llaman.

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