Ordóñez triunfa en EEUU

  • La bodega malagueña Jorge Ordóñez exporta el 75% de sus vinos al mercado estadounidense y es muy apreciado en Nueva York, Washington o Colorado

Ordóñez no es sólo un apellido mítico en la tauromaquia sino también el de una bodega malagueña que está arrasando, en la medida de sus posibilidades, en Estados Unidos y que ya está presente en cerca de una veintena de países. Apenas tiene seis años de vida pero la originalidad de sus caldos, utilizan moscatel seco, las buenas críticas que les han realizado en prestigiosas publicaciones especializadas internacionales y los diversos premios que han recibido han catapultado a esta firma, que se ha convertido en uno de los mejores embajadores del vino malagueño.

Jorge Ordóñez, que da nombre a la bodega, es malagueño aunque vive en Estados Unidos desde hace 22 años, donde se ha convertido en el mayor importador de vino español en el mercado norteamericano. A partir de 1997 creó, junto a varios socios, bodegas propias en distintas denominaciones de origen españolas, aunque siempre tenía la espina de no hacer una en Málaga. Finalmente, se dieron las circunstancias idóneas y en abril de 2004 Jorge y su hermana Victoria, encargada de la bodega, viajaron a Austria para hablar con un prestigioso enólogo austríaco. "Nos instalamos en Almáchar por la calidad de la uva y porque son cepas viejas y en agosto de 2004 empezamos a elaborar el vino", señala Victoria Ordóñez.

La bodega tiene cinco vinos. Uno blanco, llamado Botani y perteneciente a la denominación de origen Sierras de Málaga, y cuatro dulces, llamados Ordóñez 1, 2, 3 y 4 y que forman parte de la denominación Málaga. La gerente de la compañía recuerda que "empezamos produciendo y envasando 500 cajas de Botani porque nadie había hecho moscatel seco y no sabíamos cómo iba a funcionar". Sin embargo, fue un éxito, sobre todo, en Estados Unidos. La experiencia de Jorge Ordóñez permite abrir buenos e importantes canales de distribución a esta bodega en el mercado norteamericano, hasta el punto de que actualmente el 80% de la producción se destina a la exportación y, de ese porcentaje, el 75% va a EEUU. "Estamos en restaurantes, hoteles y tiendas especializadas en todos los estados aunque donde tenemos una mayor presencia es en Nueva York, California, Washington y Colorado", subraya Ordóñez. Precisamente esta pasada semana un grupo de clientes norteamericanos viajó a Málaga y visitaron las instalaciones de la bodega. El 5% restante en el exterior lo comercializan en Canadá, México (donde acaban de empezar), Perú, Argentina, Brasil, Rusia, Suecia, Dinamarca, Alemania, Austria, Suiza, Gran Bretaña, Bélgica, Polonia, Italia, Corea o Nueva Zelanda. A corto plazo se quiere cerrar un acuerdo en Hong Kong y el objetivo de la firma malagueña es, según Ordóñez, "aumentar nuestra presencia en Asia, entrar en un mercado emblemático como Francia y atender mejor el mercado español".

La bodega le compra directamente la uva a los agricultores -los terrenos son muy caros y muy difíciles de trabajar al estar en cuestas- y, en estos momentos, tienen 5,5 hectáreas de terreno y una bodega con tres instalaciones, repartidas entre Almáchar y Vélez Málaga. "Nuestra idea es reagruparlas todas en una única bodega en la Axarquía, pero aún no sabemos dónde la haremos", continúa Ordóñez.

Crear la bodega supuso una inversión de 1,3 millones de euros -los socios son la familia Ordóñez, el enólogo austríaco y cinco empresarios malagueños- y la firma factura en torno a un millón de euros. Produce 180.000 botellas al año (150.000 son de Botani) y "e intentaremos aumentarla en función de la demanda aunque no es fácil porque nuestra producción es artesanal".

Ordóñez resalta que el vino español está de moda en el extranjero porque "son muy competitivos". "Los vinos franceses son más conocidos pero los españoles les están quitando mercado porque tienen una mejor relación calidad-precio", destaca Victoria Ordóñez, quien se pasa buena parte del año viajando por distintos países del mundo. Lamenta que en España se consuma más cerveza que vino, pero confía en que cambie la costumbre. Mientras tanto, sus caldos los disfrutan en el resto del mundo.

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