Oreja de Talavante y actitud de Roca

Corrida de puro y pañuelo en la solapa de la chaqueta. La última vez que los toreros a pie harían el paseíllo con los sones de Pan y toros esta temporada. Tenía que pasar algo, pero fue poco lo que ocurrió en el ruedo malagueño más allá que algún destacable toro.

Lucía Juli un crespón negro en el brazo derecho por respeto y duelo. Tenía buenas hechuras el primero de Cuvillo. Flojeó en varas y Barroso picó en exceso mientras sonaban palmas por tango. Álvaro Montes sigue demostrando ser el peón de confianza de Juli en una tarde en la que difícil. Comenzó la faena macheteando a su oponente sin llegar a ponerse. Caras largas y pitos hondos. Normal. Ni lo intentó y además se enredó con los aceros. Abucheos para toro y torero. El cuarto fue devuelto por flojo, otro más. En su lugar salió un toro serio y bien presentado de Las Ramblas que parecía que ofrecería más juego hasta que se rajó en el final. Entre tanto, Julián capoteó con gusto y dejó unas bellas chicuelinas a pies juntos rematadas con una media enroscada al cuerpo. Brindó al respetable pensando que el toro tenía más, algo que pareció en las dos profundas tandas por el derecho y muy por abajo. Cantó la gallina, dejó media estocada y el diestro saludó al público algo cariacontecido.

El primero de Talavante fue algo protestado de salida. No era cómodo con el capote y el extremeño lo mantuvo en las telas como pudo. Otra vez se aplaudió una suerte de varas inexistente. Muy decidido, con la seguridad que refleja Talavante, se fue al centro del ruedo a brindar: "¡Va por ustedes!" y la muleta muy puesta. Dos buenas tandas de pulcritud y finura. Le aguantó los tiempos hasta que el animal comenzó a perder fuelle. Acertadamente, Alejandro no se excedió y optó por cerrar por manoletinas muy aplaudidas para, directamente, tomar la espada. El animal estaba falto de fondo y no ayudó con la suerte suprema, dejando un pinchazo y una estocada entera algo caída. Saludó desde el tercio. El quinto fue otro animal. El mejor de la tarde. Más fuerte y con transmisión. Que hace falta. Las entradas al caballo, a este ritmo, van a quedar para los cuadros de Goya y los vídeos de YouTube. La evolución, quieren llamar algunos. El malagueño Trujillo dejó dos formidables pares tras los que saludó montera en mano a la afición de la tierra. Brindó el quinto a su subalterno recién ovacionado. Inició toreando genuflexo con la izquierda y se fue al centro del ruedo sin probaturas. Cuajó dos soberbias tandas al natural. Con la mano derecha comenzó a bajarle la mano al animal, dejando una arrucina de mucha profundidad ligada con un cambio de mano. Estuvo inteligente en los tiempos muertos para darle un respiro al toro, ganándole las distancias con la muleta recogida en el cartucho de pescado. La dimensión del extremeño puso a los tendidos en pie. Talavante se había vaciado. Perfecta en la ejecución, la espada quedó algo tendida y el de Cuvillo vendió cara la muerte. Oreja de peso.

Andrés Roca Rey tenía que mostrar por qué es figura pero en Málaga. Solo pudo hacerlo con el primero. Bien recogido de hechuras, comenzó con lances a la verónica enlazados con chicuelinas. Inició la faena por estatuarios muy quietos, como debe ser, rematados con una preciosa trincherilla por bajo. Roca Rey le exigió al animal que tenía un embroque muy humillado pero deslucido en la salida. El peruano se puso en el sitio, colocando al toro en jurisdicción para ejecutar las suertes con pulcritud. Aquí no vale todo; lo que hizo Rey, sí. La Malagueta vio al torero que esperaba. Tres más así y tenemos expectación para años. Las ganaderías ya se verá. Como un novillero en sus primeros festejos, el diestro se puso de rodillas para ejecutar unas ajustadísimas manoletinas. Tras el cierre, dejó un pinchazo en todo lo alto que se ovacionó. Sonó un aviso y saludó desde el tercio. El último arrollaba por el izquierdo y salía con la cara por alto. Se esmeró Roca Rey sin el resultado esperado por las dificultades con la espada. Otra vez más, con la miel en los labios.

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