salud

Paula ya gatea y come chucherías

  • La niña trasplantada de estómago, intestino, páncreas, hígado y colon ha duplicado su peso siete meses después de la operación

  • Probablemente empezará a caminar tras el verano

Paula en un columpio. Paula en un columpio.

Paula en un columpio. / marilú báez

A Paula le gusta la pasta y el queso, como a la mayoría de los niños. Tiene tres años. Sus padres están felices porque ya se pone de pie, gatea y hasta come chucherías. Algo tan normal para otros críos de menor edad, en ella es un gran avance. Porque Paula recibió hace casi ocho meses un trasplante multivisceral. A saber: en una misma operación estómago, intestino, páncreas, hígado y un trozo de colon.

La intervención fue el 27 de octubre pasado. Y desde entonces no ha parado de engordar. De hecho, ha duplicado su peso al pasar de 6,8 kilos a 11.

La pequeña padecía la enfermedad de Hirschprung y no tenía las terminaciones nerviosas imprescindibles para que el aparato digestivo hiciera su trabajo. La consecuencia era vivía enganchada a dos máquinas; una para alimentarla y otra para hidratarla.

Pero eso ya es pasado. Desde que recibió el trasplante multivisceral en el Hospital La Paz, de Madrid, no ha vuelto a conectarse a estos aparatos. Desde entonces sólo come por boca, lo cual indica el éxito de la operación.

"Yo le doy de comer todo lo que quiera. Ella misma se pone su tope. Come fruta, verduras, de todo; hasta chucherías. O sea que genial porque engorda muy bien", cuenta feliz el padre, José Luis Escalera.

Paula aún no camina. Debido al poco peso que tenía por su enfermedad, su musculatura estaba demasiado débil. Pero a medida que coge kilos y refuerza sus músculos va haciendo progresos. Ya se pone de pie y gatea. Su fisioterapeuta estima que tras el verano, muy probablemente empezará a caminar.

La vida de la familia ha cambiado radicalmente, y para bien. Antes del trasplante, debido a la dependencia de las dos máquinas, la niña apenas podía estar un par de horas fuera de casa. Ahora pasa mucho más tiempo en la calle, en el parque... Incluso los padres la han matriculado para que empiece la guardería el próximo otoño. En síntesis, para que poco a poco vaya haciendo una vida lo más normal posible.

Han sido unos años difíciles para José Luis y su mujer, Beatriz Peláez. Pero ya empiezan a ver la luz al final del túnel. Aunque todavía tienen que volver al hospital. En julio, probablemente le quiten ya el catéter por el que se conectaba a las máquinas que la alimentaban. Debido a que algunos niños las necesitan tras el trasplante, los médicos prefirieron mantener ese dispositivo. Pero en su caso no ha sido necesario.

Y si todo va bien, a la vuelta del verano probablemente ingresará otra vez en La Paz para la última intervención; la que debe conectar su aparato digestivo con su recto. En la actualidad, Paula elimina la comida a través de una bolsa (ileoctomía). Pero en la medida que prospere su estado de salud, irá normalizando su vida. Eso sí, tendrá que tomar una medicación de por vida para no rechazar los órganos que ha recibido.

Durante estos años, José Luis y Beatriz han recibido el apoyo de la asociación Nutrición Parenteral (NUPA), organización que ofrece pisos de acogida a los padres que deben trasladarse a Madrid para el trasplante y que da ayudas económicas para los traslados, además de apoyo emocional.

José Luis y Beatriz tienen tres niños; uno de 11 años, Paula de tres y un bebé que aún no llega al mes. "No nos aburrimos", confiesa el padre. Como en toda familia con niños pequeños, en casa de los Escalera Peláez se escuchan de vez en cuando algunos llantos y cada vez más, muchas, muchas risas.

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