"El Perchel podría ser un barrio como el Trastevere, pero no se ha cuidado"

  • Acaba de recibir la máxima distinción del Gobierno andaluz a su trayectoria artística y, a sus 70 años, este malagueño perspicaz sigue investigando en la pintura, conforme con la oferta cultural de su ciudad

Hay quienes mantienen que uno no es de donde nace sino de donde se siente querido. La cuna puede ser un hecho accidental, pero en el caso de Enrique Brinkmann (Málaga, 1938 ) ha llegado a ser providencial. En la Plaza de la Merced, justo en el mismo bloque donde Pablo Ruiz Picasso venía al mundo hace 127 años, nació hace 70 otro pintor. "Él en la esquina de la izquierda y yo en la de la derecha" recuerda. Sus trayectorias no han sido idénticas, pero ambos vecinos han tenido en el pasaporte a Europa su vía de escape. Hoy, desde su finca en Churriana, el artista echa mano de la lucidez y rotundidad que le caracterizan para cuestionar proyectos que no le acaban de convencer.

-¿Qué está preparando ahora?

-Estoy terminando una exposición que llevo el 18 de abril a la sala Gacma y que será una continuidad respecto a los dos últimos cuadros de la retrospectiva que me dedicó el Museo Municipal hace un año. Sigo trabajando sobre un soporte de mallas de acero como desde hace once años porque aunque visualmente es muy raro, me gusta su efecto. La diferencia es que en los cuadros de ahora la transparencia ha desaparecido por completo, la malla no se ve.

-Este año, por primera vez, no ha acudido a ARCO debido a la política de la nueva dirección de apostar por galerías más internacionales, ¿cómo le ha sentado?

-El hecho de no participar un año no significa nada. Pero sí me ha parecido mal que hayan prescindido de 20 galerías españolas. En los estatutos de ARCO está promocionar el arte español y dejar galerías fuera no es eso precisamente. Es una feria con una base institucional, con dinero público. Además, las que se han quedado fuera no han sido sustituidas por galerías extranjeras que sean mejores que la nuestras. Está mal por todos lados.

-¿ARCO sigue siendo una eficaz plataforma de difusión?

-Cualquier pintor que va se beneficia. Ten en cuenta que son miles y miles de personas las que acuden de todos sitios. Pero realmente lo que perjudica o beneficia a un pintor es la obra en sí. Esté donde esté. Pero si haces algo muy bueno y no lo ve nadie lo de el buen paño en el arca se vende no funciona.

-Y en el caso de Andalucía la representación se ha quedado en tan sólo dos galerías...

-El caso de Andalucía es sangrante. Sólo se ha salvado la galería de Rafael Ortiz de Sevilla y la de Javier Marín de Málaga que le han reservado una especie de corralito de 40 metros cuadrados. No es que Andalucía porque sea muy grande tenga que llevar un número mayor, pero me parece una barbaridad lo que han hecho.

-El proyecto de un Museo Thyssen en Málaga ya está en marcha. ¿Cuál es su opinión?

-Creo que una cosa era el barón y otra la baronesa. El apellido es el mismo, pero no tienen nada que ver. De los gustos de la baronesa no me fío ni un pelo. Aparte de que ella es coleccionista de pintura del XIX española, lo peor que ha habido. España ha tenido una gran tradición de pintura pero precisamente ese siglo es de lo más flojo. No sé con qué criterio se expondrá el Thyssen en Málaga, pero insisto en que no me fío. Veo positivo que hayan rehabilitado el Palacio Villalón, pero creo que había otras opciones mejores para Málaga.

-¿Cree que se abusa del nombre Picasso y su imagen?

-Lo veo normal. Picasso pasó de ser un maldito a ser un genio. Sin duda alguna es el pintor más grande que ha tenido Málaga y España en el siglo XX. En todo el mundo saben quién es Picasso y eso no es cualquier cosa. Pero hay más oferta cultural que el Museo Picasso. El Centro de Arte Contemporáneo, la Casa Natal, el Museo del Patrimonio Municipal. Lo que hace falta es que le metan mano ya al museo provincial y se vean las obras que están aún guardadas.

-Recientemente, el presidente de la Junta de Andalucía se ha posicionado a favor de la candidatura de Córdoba a la Capitalidad Cultural 2016 en detrimento de Málaga, ¿le parece injusto?

-Creo que Chaves ha metido la pata porque debería haber sido imparcial. No lo ha hecho nada bien. Evidentemente Córdoba es una joya de ciudad que no lo es Málaga. Pero no se trata de eso, sino de qué es lo que hace cada ciudad por la cultura. Y en este sentido sí creo que Málaga ha hecho bastante. Hasta ahora más que Córdoba. La verdad es que suena un poco a trama electoralista.

-¿Hasta qué punto beneficia al arte el apoyo institucional?

-Mientras el dinero público no sirva para entrometerse, marcar una dirección y manipular, no me parece mal. Por ejemplo, las becas de la Junta de Andalucía para jóvenes ofrecen mucho dinero a artistas para sus proyectos y eso es una buena forma de ayudar. Yo diría que la mejor. Por lo demás, a mí me gusta más cuando las cosas salen de forma natural. Que la ciudad tenga suficiente nivel de cultura para que haya una demanda de galerías de arte, música y libros. Y creo que poco a poco va habiendo. Yo conozco la Málaga de hace muchos años y no tiene nada que ver.

-En los años 60 dejó Málaga para probar suerte en Alemania, ¿por qué lo hizo?

-Porque no aguantaba más. Entonces el servicio militar era obligatorio y no te daban el pasaporte si no lo habías hecho. Yo lo hice voluntario porque así me podía ir antes. Estuve cuatro años en Alemania, luego me fui a Italia y a finales de los 60 regresé a Málaga. La ciudad seguía en el franquismo pero empezaba a funcionar el turismo y era como si se abriera la ventana y entrara oxígeno. Además yo me fui a vivir a Torrremolinos y aquello sí era una isla aparte, muy alegre, había artistas jóvenes de otros países y se respiraba un ambiente un poco hippy. Me gustaba.

-¿Cómo ha ido evolucionando su arte desde entonces?

-Ha habido una coherencia. Me gusta investigar mucho en la pintura y cuando ya lo he hecho en un camino en concreto, empiezo a darme cuenta de que me estoy repitiendo y me entra la angustia. Cuando ya no me sorprendo entro en una especie de crisis, me concentro mucho y sigo por otro lado. Y así ha sido siempre.

-¿Se siente cómodo con las etiquetas que le ponen a su estilo?

-Conforme vas evolucionando te van cambiando la etiqueta. Comprendo que es complicado traducir en palabras algo que es visual y plásticoý Pero cada vez el crítico de arte es más profesional y sabe de lo que habla. Eso no quiere decir que esté siempre de acuerdo.

-¿Con quién le comparan?

-Lo que más les gusta a los críticos es buscar la punta de la comparación. Pero, por ejemplo, Rivera se pasó toda la vida trabajando con mallas metálicas y nunca me han comparado con él. Superponía capas distintas y coloreaba la tela metálica sobre un fondo, era muy bueno pero no tenía nada que ver con lo mío.

-Sus coetáneos suelen experimentar con el soporte audiovisual, ¿le interesa ?

-Es una moda que me parece un poco boba y que no aporta gran cosa. No creo que haya habido algún pintor que no haya hecho fotografías, pero una cosa es eso y otra mezclar la pintura con la fotografía que hace el pintor. Las modas son muy peligrosas. Uno tiene que intentar evolucionar, no quedarse parado, pero cuestionarse siempre y ver lo que hacen los demás.

-Sus obras se exhiben en Málaga y Madrid, le vendrá de perlas el AVE...

-Sí, lo he utilizado y me parece un acierto porque es síntoma de que España se está haciendo más moderna. De pequeño recuerdo que se podía ir a Madrid en vagón de primera, segunda y tercera, que era algo inmundo. Salía como a las ocho de la tarde de Málaga y, con suerte, llegaba entre las nueve y las once de la mañana. Y ahora en dos horas y media. Es increíble.

-El 1 por ciento cultural, ¿le parece que está bien empleado?

-No del todo. Imagínate el 1 por ciento del AVE, es un dinero ¿eh? El otro día leí que La Farola se iba a reformar con ese dinero, cuando creo que habría que arreglarla de todas formas y ya debería haber dinero para eso. Ese porcentaje se podía emplear en ayudar a los escultores de Málaga y poner su obra en la calle, por ejemplo.

-¿Qué no hubiera cambiado de su ciudad?

-Málaga nunca ha sido una ciudad monumental como lo fue Granada, Córdoba o Sevilla, pero sí tenía sus inmuebles del XVIII y barrios que se podrían haber recuperado y se echaron abajo en Málaga como la Trinidad o El Perchel. En Roma, el Trastevere es un barrio como podía haber sido El Perchel, ¿por qué no se ha cuidado? En España estas cosas no se cuidan y encima nos cargamos la costa. Y lo malo es que el ladrillo va a marchas forzadas por el interior, cometiéndose barbaridades. Da pena.

-¿Qué le dice la distinción que le acaba de otorgar la Junta de Andalucía a su trayectoria?

-Me da la sensación de que se la dan a uno cuando ya está muy viejo (risas), es un poco gafe. Pero yo amenazo: no tengo ganas de morirme pronto. Voy a intentar dar la lata un poco más. La acepto con mucho cariño porque sé que hay un afecto detrás. Sabes que hay un reconocimiento a un trabajo hecho y eso es de agradecer. Pero lo que más ilusión me hace es que un cuadro me salga bien.

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