Picasso envuelto en ruinas

  • A punto de cumplirse el quinto aniversario de la inauguración del museo dedicado al artista malagueño, ni administraciones públicas ni los propietarios privados han logrado rehabilitar el entorno

Casi cinco años después de su inauguración, el Museo Picasso sigue rodeado de edificios abandonados, construcciones a medio terminar, solares baldíos y colmados de basura, calles marcadas por el olor a orina y proyectos con un principio pero sin un horizonte de finalización. Un lustro ha pasado desde que la apertura de las puertas de la pinacoteca dedicada a la obra del artista malagueño fuese anunciada por algunos como el motor que iba a dignificar el casco antiguo de la capital y, más en concreto, de su entorno más próximo.

La realidad de los hechos pone en evidencia a todos aquellos que hicieron tal pronóstico y revela una instantánea de abandono inexplicable en derredor de un icono cultural de trascendencia internacional. El plan de rehabilitación de la Judería sigue lastrado tras diez años de espera y la recuperación de calle Alcazabilla está supeditada, tras varias anualidades, a los estudios arqueológicos realizados por la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga. La culminación de ambas intervenciones de carácter público acabarán por otorgar una imagen renovada a todo este espacio del centro, aunque la pregunta es si alguna vez esa transformación se hará patente.

La lentitud y dilación con la que han actuado las administraciones públicas se suma a la escasa intervención por parte de los propietarios privados de muchos de los inmuebles que se levantan en el entorno del Picasso, que han optado por su abandono en lugar de por recuperarlos. Todo ello dibuja un escenario desalentador e impropio de una ciudad que aspira a ser capital cultural europea en 2016. En él entran miles de turistas cada año en pos de deleitarse con el trabajo picassiano, que acaba siendo el único punto de destino. La posibilidad de que estos visitantes asuman el reto de ir más allá, de adentrarse por la estrecha calle Tomás de Cózar, resulta impensable.

La realidad es asumida por todos los actores implicados en este espacio del centro. Desde el Ayuntamiento, el director de la Oficina de Rehabilitación, José María Gómez Aracil, confirma que las expectativas generadas tras la apertura del museo no se han cumplido. "No ha habido una reacción por parte de los privados, aunque sí es verdad que algunas casas de calle San Agustín han sido recuperadas, al igual que del inicio de calle Granada", comenta.

Opinión compartida por la presidenta de la Asociación de Vecinos del Centro Histórico, María Dolores Acosta, quien considera que, en absoluto, "se han cumplido las expectativas que todo el mundo esperaba con la apertura del Museo Picasso". "Seguimos con grandes problemas en calles como Beatas y Tomás de Cózar; la mejora de la Judería sigue sin aclararse, y calle Alcazabilla sigue paralizada", dice a modo de resumen.

Para Gómez Aracil, desde que en los últimos años la intervención en la Judería haya estado "muerta", ahora se observa una recuperación en las actuaciones. Con ello alude, fundamentalmente, a los trabajos de recuperación del torreón mudéjar existente en la zona, que pasará a albergar en los próximos meses una oficina de información turística. Esta parte de la operación global se vio afectada hace varios meses por la suspensión de pagos de la empresa a la que se contrataron los trabajos, lo que obligó a la Gerencia de Urbanismo a reiniciar el procedimiento administrativo.

El escollo que no parece solventarse del todo es el del edificio de viviendas de protección oficial (VPO) que impulsa el Consistorio para realojar a los vecinos afectados por las expropiaciones que se hicieron para diseñar la intervención. Tras varios años de problemas, aún no se ha puesto piedra sobre piedra. Y en este listado de demoras hay que incluir la sinagoga que la comunidad judía pretende levantar en este mismo espacio y el museo de cinco estrellas que Salsa Inmobiliaria proyecta en el Palacio del Marqués de la Sonora.

Todos estas piezas dan forma al nuevo barrio de la Judería, situado a apenas cincuenta metros a pie de la entrada principal del Museo Picasso. En la trasera del edificio se localiza la calle Alcazabilla, objeto igualmente de una importante iniciativa pública que busca poner en valor los restos arqueológicos que, según se estima, puede haber en el subsuelo. El diseño final de la obra, que corresponderá desarrollar al arquitecto Rafael Martín Delgado, dependerá muy mucho de la importancia de estos hallazgos.

Sin embargo, las expectativas de estas iniciativas chocan con la imagen de abandono que presentan algunos edificios y solares situados en calle Marquesa de Molla, justo en uno de los laterales del Palacio de Buenavista. En el interior de estos espacios, la basura se acumula y los matojos crecen sin control.

La visita se torna en aventura cuando se trata de hablar de Tomás de Cózar y Beatas, puntos del centro donde el deterioro es seña de identidad. Son aún pocos los negocios privados que han osado hacer de estos enclaves su lugar de asentamiento, algo que tiene mucho que ver con el penoso estado de ambas vías. Ahora, el Ayuntamiento proyecta llevar a cabo una serie de trabajos con los que adecentar la zona. Quizá cuando estas obras sean realidad, el testimonio de los pocos que se han instalado en este punto varíe sustancialmente y se torne agradable. Un vivo ejemplo es lo que recientemente relataba a este periódico uno de los trabajadores de los baños árabes de Tomás de Cózar, que destacaba el temor que muchos de sus visitantes mostraban al llegar al local, preguntándose si paseaban por una calle de Málaga o de Bosnia.

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