Pinchazos por orden judicial

La vacunación de los niños es voluntaria en todo el territorio español. Es una opción de los padres. Y la mayoría -más del 95%- los inmuniza porque las estadísticas de tres décadas demuestran su eficacia. Existen movimientos antivacuna, pero, a diferencia de otros países, en España son minoritarios. Así las cosas, la inmunización es un derecho individual. El niño -por decisión de sus padres- puede vacunarse o no.

Pero se ha dado alguna situación en la que el derecho a no vacunarse ha sido anulado por un juez porque ponía en riesgo la salud pública del resto de la población. Es lo que ocurrió en 2010 en Granada, con un grupo de padres antivacunas. La falta de inmunización de sus hijos provocó un brote de sarampión. La Consejería de Salud intentó vacunar al entorno para atajar su expansión. Pero como aún después de registrados esos casos, los progenitores se negaban a inmunizar a sus pequeños, la Administración sanitaria acudió a un juez para que obligara a los padres a vacunarlos. Al final, hubo pinchazo por orden judicial. Porque para impedir que el virus continuara circulando, había que inmunizar.

Para demostrar la eficacia de las vacunas y lo acertada de la política de inmunización que lleva adelante de forma gratuita el SAS, la responsable de Salud Pública de Málaga, Yolanda González, recuerda que los dos brotes de sarampión que se han producido en la comunidad autónoma andaluza desde el año 1990 han sido entre población no vacunada. Aquel año fue el último en el que se registró la circulación masiva del virus de esa enfermedad. Luego, en 2010 se notificó un brote en la provincia de Granada, entre grupos antivacunas no inmunizados. En 2011, hubo otro en Sevilla, entre población de origen romaní no vacunada. El hecho de que ambos brotes fueran entre colectivos que no se habían acogido al calendario vacunal demuestra, según los expertos en salud pública, que cumplir la pauta de inmunización tiene efectos beneficiosos de protección frente a los gérmenes que provocan las patologías infectocontagiosas típicas de la infancia.

"Entre las bolsas de población no vacunada, hay grupos vulnerables que no usan los servicios de salud o grupos con creencias culturales o religiosas que cuestionan la vacunación", explica la responsable de Salud Pública de la Delegación, Yolanda González.

Aparte de los antivacunas y los no inmunizados porque pertenecen a sectores en exclusión social que ni siquiera están en contacto con los servicios sanitarios, hay personas no vacunadas por razones clínicas dado que por sus patologías está contraindicado. Pero estos últimos casos están protegidos por la llamada inmunidad de rebaño, es decir, por el hecho de que la mayor parte de la población está inmunizada y por lo tanto, los virus no circulan con la misma intensidad que si no hubiera ningún tipo de prevención vacunal.

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