Política ficción

  • ¿Llegaron a sopesar en algún momento PP e Izquierda Unida plantear a Susana Díaz una moción de censura para arruinarle sus planes de adelantar las elecciones andaluzas al 22-M?

DESDE IU un dirigente regional le da categoría de bulo momentáneo durante unas horas. En el PP lo sitúan en la categoría de contactos indirectos que no acabaron de cristalizar porque en el fondo no convenía a ninguno de los supuestos socios de conveniencia. Pero la historia que entra de lleno en el género de la política ficción era más que entretenida. Resulta que populares e izquierdistas por un momento podían ponerse de acuerdo para chafarle a Susana Díaz sus planes de adelantar las elecciones a marzo. ¿Cómo? Con una moción de censura. Si se presentaba, la presidenta ya no podría disolver el Parlamento porque así lo establece el reglamento de la cámara.

Izquierda Unida servía su venganza en caliente, si Díaz utilizó con el referéndum previsto el símil de uno recién casado al que su pareja le plantea analizar la posibilidad de hablar de divorcio a corto plazo, aquí sería la reacción de la parte despechada. Pero este tipo de trámites no son tan fáciles. Debe ser una moción constructiva, que cuente con las firmas suficientes para salir adelante. Así que las dos formaciones debían ponerse de acuerdo en designar a un candidato a la presidencia de la Junta, obviamente del PP, el partido que ganó las elecciones. ¿Pero a quién colocaba Juan Manuel Moreno Bonilla como presidente? ¿Se atrevía con la potente Esperanza Oña u optaba por el más dúctil portavoz Carlos Rojas? En todo caso, ¿y si ese gobierno popular con respaldo puntual de IU funcionaba durante el año que quedaba por delante y el nuevo presidente se consolidaba en las encuestas? ¿Qué hacía entonces Moreno Bonilla, volverse a Madrid?

Y en Izquierda Unida, ¿cómo se justificaba ante el electorado su respaldo a un ejecutivo de derechas? Andalucía no es Extremadura. Podemos ya se estaría relamiendo por la autopista de entrada que le acababan de facilitar sus competidores. Y además los andaluces tendrían derecho a pensar que los socios contra natura querían impedir a toda costa que tomara la palabra el pueblo. Eso si el PSOE no conseguía una treta para defender que la moción se había registrado a destiempo. Así que analizados los pros y contras por los dos partidos, la mejor solución era dejar las cosas como estaban y que Susana Díaz prosiguiera con sus planes. Pero esto sólo ha sido un ejercicio de política ficción, que ninguna de las partes admite que sucedió ni en pensamiento, obra u acción.

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