Políticos que caen de pie

  • La Junta acaba de buscar acomodo como gerente de la Agencia Andaluza del Conocimiento al expresidente de Adif pocos días después de cesar en sus funciones, pero la lista de 'rescatados' en los dos grandes partidos es extensa

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Hay un doble dicho que suele aplicarse en el ámbito de lo común a los gatos, animales a los que se atribuyen siete vidas y la capacidad de caer siempre de pie. Pero esta doble condición virtuosa puede extrapolarse sin duda a algunos políticos que, pasen los años que pasen y sean cuales sean las penalidades y penurias de sus partidos, acaban siempre encontrando acomodo. Lo hacen en una delegación autonómica, en el seno de un escondido departamento del que pocos han oído hablar, en una concejalía... Siempre hay espacio para los que tienen la política casi como dedicación vitalicia.

Un ejemplo palmario de cuanto aquí se expone es lo que esta misma semana ha ocurrido con Antonio González Marín, durante casi ocho años presidente del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif). A González Marín le ha ocurrido lo que a otros altos cargos de la Administración estatal, que con la llegada del PP al Gobierno central son destituidos en sus cargos y han de abandonar sus despachos. ¿Pero cuánto le duró a González Marín la inactividad? Apenas unos días. Los que transcurrieron hasta que el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía, el martes pasado, se acordó de que, coincidencia del destino, había quedado libre y estaba apto para ser designado director gerente de la Agencia Andaluza del Conocimiento.

Lo curioso es que González Marín, licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales e Ingeniero Técnico Industrial y antes de ocupar el máximo puesto en Adif director general de Tesorería y Política Financiera de la Junta de Andalucía, no es el único gestor que parece tener el don de caer siempre de pie. La lista de nombres es amplísima, alargándose más si cabe en los últimos meses tras los movimientos que siempre trae consigo todo proceso electoral. Y, por lo que se ve, es un efecto que no sabe de color político ni distingue entre los grandes partidos.

En las filas socialistas hay dos nombres de políticos que destacan por el gran número de responsabilidades que en los últimos años han desempeñado, encontrando siempre salida cuando se ve que el camino como ministras u otras responsabilidades llega a su fin. A Magdalena Álvarez el PSOE la situó en la rampa de salida para convertirse en parlamentaria europea cuando su tiempo como máxima responsable de Fomento se agotaba. Ya en la Cámara europea, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se acordó de ella para postularla como vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Episodios a los que, en su caso, sumar la década que Álvarez protagonizó como consejera andaluza de Economía entre 1994 y 2004, puesto desde el que dio el salto al Congreso y al ministerio.

Para su excompañera del Consejo de Ministros Trinidad Jiménez la senda es algo más corta en el tiempo, pero igualmente llamativa. Fue ministra de Sanidad y de Asuntos Exteriores, intercalando en esas etapas la decisión de su partido de presentarla como candidata a la Alcaldía de Madrid, posteriormente a la Presidencia de la Comunidad de esa misma región y, más recientemente, como cabeza de lista por la provincia de Málaga al Congreso de los Diputados, uno de cuyos escaño ocupa en la actualidad.

Paulino Plata es otro ejemplo de político sin descanso. Parlamentario andaluz desde 1982 hasta la actualidad, alcalde de Antequera y consejero de hasta tres carteras, las de Agricultura y Pesca; Turismo, y ahora, Cultura. Un cargo, éste, al que llegó después de protagonizar una marcha más que polémica en su aventura como candidato a la Alcaldía de Marbella en las municipales de 2007. Obligado por la dirección regional a ser cabeza de cartel en esta plaza, apenas duró cien días en el cargo de portavoz de la oposición tras ser derrotado en las urnas, gesto que no le ocasionó merma excesiva, puesto que en 2010 fue rescatado como consejero de Cultura.

También en el ámbito de la Junta son muchos los políticos malagueños que han acabado encontrando cobijo tras aventuras poco exitosas. Isabel Aguilera, que llegó a ser alcaldesa de Ronda, de la que fue desbancada mediante una moción de censura, pasó hace ahora algo más de dos años a ser nombrada directora general de Desarrollo Sostenible del Medio Rural; Rafael Fuentes (quien también fue consejero delegado de la Sopde y portavoz socialista en el Ayuntamiento de Málaga) y Susana Radío sustituyeron sus respectivos trabajos en la Casona del Parque y la Diputación por los cargos de delegados autonómicos de Hacienda y Empleo, respectivamente.

Un camino similar al de Radío siguió Francisco Fernández España, ex alcalde de Almáchar, que en la etapa final en el equipo de gobierno de la institución supramunicipal, fue nombrado delegado provincial de Medio Ambiente, cargo que sigue ostentando. Otro nombre de político que, si bien ahora está sin destino, suele caer de pie es el de José María Ruiz Povedano. Expresidente de la Diputación y exdelegado de Obras Públicas, tras culminar su tarea en este departamento apenas estuvo siete meses fuera de la escena pública, volviendo a dar clases a su instituto, hasta que el expresidente de Diputación Salvador Pendón lo recuperó como consejero delegado de la Sopde. Tampoco puede olvidarse cómo el que fuera delegado del Gobierno andaluz en la provincia José Luis Marcos fue nombrado presidente del PTA al poco de abandonar la tarea.

La continuada vinculación de Enrique Salvo a puestos de responsabilidad política es igualmente destacable, ya que en apenas seis años ha ocupado cuatro responsabilidades distintas. Tras abandonar la Casona del Parque, donde era portavoz del PSOE, se convirtió en director general del Gabinete del Ministerio de Fomento, tarea que dejó a principios de 2009, para ser designado secretario general técnico de la Consejería de Obras Públicas. Y todo ello después de ser alto cargo en la Consejería de Medio Ambiente y delegado provincial de Obras Públicas en Málaga.

En la otra acera política, tampoco escasean los episodios de este tipo. El más curioso es el protagonizado a lo largo del pasado ejercicio por el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, quien tras haberlos excluido de la candidatura a las últimas municipales, optó por rescatar para diversas tareas municipales a seis exediles. Dos de ellos son hoy delegados no electos en la Casona del Parque: Diego Maldonado, ahora delegado de Ordenación del Territorio y Vivienda y portavoz del equipo de gobierno (en mandatos anteriores fue concejal de Cultura y de Vivienda), y Miguel Briones, designado como delegado no electo del distrito Teatinos y Educación.

Los otros cuatro ocupan cargos de confianza. Purificación Pineda, que era concejala de Comercio, fue nombrada directora del área de la Mujer; Francisco José Salas, director técnico para la Rehabilitación y Gestión de Parques Industriales y Empresariales; José Hazañas, asesor de Alcaldía, y Araceli González, ex de Medio Ambiente, coordina los trabajos de mantenimiento y conservación de la zona monumental del antiguo cementerio de San Miguel.

En la Diputación hay cuatro nombres propios a los que el PP ha buscado acomodo. Manuel Marmolejo, que tras su dimisión como concejal del Ayuntamiento de Málaga se introdujo en el grupo popular del organismo como asesor, se ha convertido con la llegada de los populares al gobierno de la institución en gerente del Consorcio de Bomberos; Teresa López, pasó a ser cargo de confianza en el organismo presidido por Elías Bendodo tras ser excluida de la lista a las municipales por el alcalde, y Juan Ramón Casero, que tampoco formó parte de la candidatura en la capital, fue rescatado como director técnico de Arquitectura, Urbanismo y Planeamiento. Tampoco se puede olvidar a Enrique Moya, exalcalde de Benalmádena (tras la moción de censura presentada por el PSOE), que vio meses atrás cómo el Ejecutivo de la institución creaba un cargo a su medida, como asesor en asuntos taurinos.

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