Profesores jubilados de la UMA luchan por seguir siendo útiles a la sociedad

  • Una asociación, llamada Asprojuma, ya cuenta con medio centenar de miembros

El conocimiento es una de las pocas cosas que mejoran con la edad. No caduca y puede ampliarse sin límite. Para deleite de uno mismo y posible provecho para los demás. Gran parte de ese conocimiento lo atesoran los profesores universitarios, pues dedican su vida al estudio y la docencia en todas las materias, desde la economía hasta la medicina pasando por la biología, la física, la historia o la filología. No obstante, como en el resto de sectores, esa fuente de sabiduría se corta cuando llega la edad de la jubilación. Algunos, los menos, intentan mantener el contacto con las aulas durante algunos años más pero, antes o después, siempre llega el momento definitivo del adiós.

Hay profesores a los que la jubilación les llega como caída del cielo pero hay otros que quieren seguir haciendo cosas pues son personas con una amplia formación que, en muchos casos, se desaprovecha y que, además, se encuentran en perfecto estado físico y mental. Partiendo de esta base, varios ex profesores de la Universidad de Málaga (UMA) crearon en junio de 2004 la Asociación de Profesores Jubilados de la Universidad de Málaga (Asprojuma). En estos momentos, el organismo cuenta con 53 miembros y, buena parte de ellos, son los padres de la aún joven UMA.

Fernando Marín, vocal de la asociación y catedrático de Biología, llegó a Málaga en 1974 como primer decano de la facultad de Ciencias. "Mi misión era extinguir el anterior colegio universitario y crear la facultad de Ciencias como tal", recuerda. José María Requena, vicepresidente de Asprojuma y catedrático de Contabilidad, también fue uno de los pioneros de la universidad malagueña y ocupó el decanato de Económicas. "Formamos parte del movimiento que se creó para pedir al Ministerio la creación de la UMA porque Málaga era la única gran ciudad de España que no tenía una universidad", señala Requena.

Marín y Requena son de la misma quinta y han ido casi de la mano, cada uno en su facultad. Los dos se jubilaron en 2003 a los 70 años aunque pudieron continuar en la universidad cuatro años más al ser considerados profesores eméritos. "Yo me encontraba en plenitud por lo que no me quería jubilar a los 65 años", afirma Marín, quien asegura que "con esa edad no se entra en la senectud sino que hay muchas personas que están en pleno funcionamiento".

María Luisa Serrano tiene 80 años, es catedrática de Árabe y secretaria de la asociación. Como el resto de compañeros, a pesar de su edad, tiene una vitalidad desbordante y una cartera llena de proyectos para la organización. Serrano destaca que realizan "una o dos actividades al mes" entre debates, conferencias, exposiciones o excursiones. Han realizado la Ruta del Quijote y viajes de un día a Osuna, Ronda o Antequera. Los debates suelen ser sobre "temas candentes de actualidad" hasta el punto que en las últimas semanas se ha tratado la ley del aborto, la ley de dependencia o la crisis financiera. El próximo 19 de marzo habrá una nueva conferencia bajo el título ¿Hacia un nuevo orden económico y social? impartida por el catedrático Juan Torres y la catedrática Consuelo Gámez, que también es presidenta de Asprojuma. En los próximos meses plantean dialogar sobre la viabilidad del sistema de pensiones o la ley de sucesiones.

Estar jubilado no quiere decir que no se esté al tanto las últimas tecnologías. La asociación está desarrollando una página web, que estará terminada y será presentada oficialmente en las próximas semanas, en la que "pondremos la historia de la asociación, estudios, galerías gráficas, la agenda de actividades y habrá una parte reservada para los socios", comenta Requena.

"Hacemos lo que podemos. Tropezamos con las dificultades propias de nuestra edad y de nuestra actividad, por lo que tenemos que hacer un diagrama para poder reunirnos", bromea Serrano. La asociación se autofinancia sus actos y cada socio aporta una cuota de 50 euros anuales. Aseguran tener magníficas relaciones con la rectora de la UMA, Adelaida de la Calle, aunque no dudan en pedir un mayor esfuerzo a la universidad. "Nos hace falta más apoyo logístico porque, por ejemplo, no tenemos una sede física, o financiero para poder hacer más cosas", afirma Consuelo Gámez. Normalmente les habilitan una sala en el Rectorado para sus reuniones o conferencias aunque "cuando han estado ocupadas hemos tenido que desarrollar la junta directiva de la asociación en la cafetería del hotel Málaga Palacio o conferencias en una habitación que gentilmente nos cedió la cofradía del Sepulcro", continúa Requena.

En Asprojuma nombran miembro de honor a todo aquel integrante que tiene más de 80 años. En estos momentos hay tres, pues otros ya han fallecido. Quieren poner su amplio conocimiento al servicio de los demás porque estar jubilado no implica estar inhabilitado. "En la asociación hay un capital humano, científico e intelectual que está muy vivo", afirma tajante Requena. Le sobra razón y, por descontado, talento.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios