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Radioactividadpara CuraR

  • El Hospital Clínico usó el año pasado radiofármacos en casi mil pacientes para diagnóstico o tratamiento · Más de 250 enfermos recibieron iodo 131 contra el hipertiroidismo o el cáncer de tiroides

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La radioactividad siempre se asocia a desastres nucleares. Pero desde hace más de medio siglo -bajo una estrictísima legislación que garantiza la seguridad de pacientes y profesionales y en dosis de eficacia más que demostrada- se utiliza para curar. Sus propiedades sirven tanto para diagnosticar (80% de los casos) como para tratar (en el 20% restante). Lo que no saben los pacientes es que detrás de una pastilla que ellos se toman como una aspirina existe una logística que involucra a varios países y a muchos profesionales para que un radiofármaco fabricado en Holanda o el Reino Unido esté al día siguiente en Málaga. Y es que estos tratamientos pierden radioactividad a medida que pasan las horas. Su administración exige trabajar a contrarreloj.

Es el caso del iodo 131 que se emplea para tratar el hipertiroidismo y el cáncer de tiroides. El responsable de Medicina Nuclear del Hospital Clínico, José Manuel Jiménez Hoyuela, explica que una vez hecho el diagnóstico y estipulada la dosis individualizada que debe recibir el paciente, se hace el pedido a laboratorios holandeses o británicos. En paralelo, se cita al paciente. La coordinación debe ser máxima para que pocas horas después de su elaboración en esos países, el paciente malagueño se tome el medicamento. El tratamiento sólo consiste en ingerir una o dos pastillas o un líquido.

Para evitar radiaciones a quienes lo transportan, el iodo 131 viene metido en latas plomadas más pequeñas que las de bebidas. Sin embargo, sorprende el peso del recipiente. Al cogerlo, el brazo se cae hacia abajo como si se hubiera sujetado una pesa de unos cuatro kilos. Jiménez Hoyuela explica cada uno de los tratamientos. El hipertiroidismo ocurre cuando el tiroides produce más hormonas de las que debe. Mediante radiaciones beta se queman algunas de sus células para bajar su actividad y que el paciente recupere los niveles normales. Los enfermos proceden de Endocrinología, donde se detecta el trastorno. En Medicina Nuclear se les hace una gammagrafía, que es una prueba que permite ver el funcionamiento de la glándula tiroidea. Así, los médicos nucleares detectan la causa del hipertiroidismo y la dosis necesaria para cada enfermo. Después se hace el pedido del iodo 131 y se cita al paciente para que coincida con la llegada del radiofármaco. Jiménez Hoyuela explica que se toma "como una aspirina". El año pasado el Clínico trató a 181 enfermos de hipertiroidismo con este medicamento. Para esta patología, la dosis es baja.

Pero a dosis altas, el iodo 131 se emplea para combatir el cáncer de tiroides. En estos casos, los pacientes primero pasan por el quirófano donde se les extirpa la glándula enferma. Luego, se derivan a Medicina Nuclear. Allí -bajo el estricto control de los especialistas- ingieren una o dos pastillas del radiofármaco que elimina los restos del tiroides que deja la cirugía y que pueden tener células malignas.

Jiménez Hoyuela insiste en que estos tratamientos se utilizan desde 1948. "Tras más de 60 años de experiencia, el manejo es seguro tanto para los profesionales como para los pacientes", insiste. Y esa seguridad no sólo se refiere al transporte o al lugar donde se administra el radiofármaco sino también al sitio en el que se elimina. Por ejemplo, un paciente de hipertiroidismo tratado con iodo 131 debe orinar en unos baños especiales antes de abandonar el hospital. Esta precaución se toma porque la mayor parte del radiofármaco se elimina por la orina.

En el caso de los enfermos de cáncer de tiroides, como la dosis es más alta, los cuidados se extreman. El Hospital Clínico trató en 2009 a 65 personas con esta patología. Debido a que el centro sanitario aún no tiene habitaciones blindadas, la parte final del tratamiento -ingesta del iodo 131 y hospitalización- se concierta con la clínica Xanit de Benalmádena. Allí, los pacientes permanecen en habitaciones bunkerizadas mientras dura el efecto radioactivo del fármaco. Los baños disponen de un dispositivo para almacenar los excrementos y controlar su radioactividad y sólo se desechan una vez que dejan de ser radioactivos.

El Clínico tiene previsto construir en menos de un año un par de habitaciones para ingresar a los enfermos oncológicos que necesiten estos tratamientos. De esta forma, la última fase también podrá realizarse en el mismo hospital.

Además de los 246 pacientes tratados con iodo 131 -entre los enfermos de hipertiroidismo y los de cáncer tiroideo-, la unidad de Medicina Nuclear realizó 628 gammagrafías de tiroides y 90 de paratiroides. A diferencia de una ecografía que viene a ser como una foto fija, las gammagrafías son algo así como un vídeo porque permiten ver el tiroides en funcionamiento. Esta glándula es como una mariposa de unos seis centímetros que está a la altura del cuello. Los trastornos en su funcionamiento pueden generar diarrea, estreñimiento, hipersudoración, cambios del estado de ánimo, problemas en la formación de los huesos, taquicardias, gordura y un largo etcétera.

Jiménez Hoyuela hace un paciente ejercicio de pedagogía para explicar a Málaga Hoy desde el funcionamiento del tiroides hasta cómo actúan los radiofármacos. El mismo que, dice, hay que hacer con los pacientes para que entiendan su proceso y colaboren en los tratamientos. Como el resto de los profesionales de la unidad, del bolsillo de su bata cuelga una especie de galleta plateada. Es un artilugio para medir el nivel de radiaciones que recibe y uno más de los dispositivos estipulados para velar por la seguridad de trabajadores y pacientes.

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