Saludos y despedida de Paquirri

Se guardó un minuto de silencio al finalizar el paseíllo por los tres días de luto decretado, por mucho que el dolor no tenga tiempo. Jaraiz estaba en el recuerdo, la de ayer también era de Juan Pedro; sin embargo tuvo menos fuerza y casta si cabe. Que ya es decir. Y es que a esto del toro le hace falta emoción y sin varas y casta es imposible, como fue la despedida de Francisco Rivera Paquirri. Lanceó bien a la verónica de salida, pegando un ramillete de ocho capotazos rematado con dos medias vistosas. El colorado primero fue noble pero muy flojo. Se simuló la suerte de varas, sin un puyazo bien dado. Perdía las manos continuamente y solo sacó algunos naturales inconexos. El público estuvo tan noble como el toro.

Con el cuarto de la tarde, el mayor de los Rivera mostró más actitud, al menos en los primeros tercios. Recibió a su oponente con una larga cambiada en el suelo y varios lances de rodillas. Era más fuerte y con mejor condición. Sin picar, Paquirri tomó las banderillas. Volvió a recordar al Fran Rivera de 2012 con los palos adornadas con la bandera de España, ejecutando las suertes con bastante corrección y limpieza. Inició la faena de rodillas. Durante la faena no hubo acople, y eso que el toro valía, por abajo y con emoción. Lo que hace falta, pero hay poderle. No era el caso. Se fue con las orejas al desolladero y se despidió de Málaga.

Ginés Marín demostró el buen momento en el que se encuentra ante el peor lote

Cayetano Rivera volvía a La Malagueta tras dejar buenas percepciones la temporada pasada. Se encuentra en buen momento el diestro, aunque aquí no lo demostrara del todo. Faltó temple en el saludo capotero al burraco segundo. Ya en el caballo empezó a perder las manos. Menos mal que Iván García y Alberto Zayas dejaron buenos pares y saludaron al respetable. Se sentó en el estribo el menor de los Rivera para empezar la faena. Muy en torero, dejó cuatro buenos pases por alto, pero el oponente era el que era. Dio algunos buenos muletazos sin más. De uno en uno y muy cruzado. No había toro. "Indúltalo", "emoción", se escuchó. Estocada algo caída y dobló. Saludó desde el tercio.

Al quinto lo recibió con la rodilla genuflexa. Se aplaudió un tercio de varas inexistente. ¡Qué curioso! Ovacionar por no picar. Mostró un punto de movilidad interesante. Este, a diferencia del cuarto, requería un espacio entre tanda y tanda que no se dio y acabó por venirse a menos. Faltó orden y limpieza. Lo más detacable fue el cierre, entre retazos de buen gusto y alguna trincherilla que recuerda a sus orígenes. Pinchó y enterró la espada. Saludos.

Ginés Marín se encuentra en un momento formidable pero no tuvo toro. Recibió de salida con unos vistosos lances por gaoneras. Del tercio de varas ya tal. Otro inválido que se caía. Pegó buenos muletazos con la figura muy bien compuesta y Marín estuvo por encima de él. Largos pases al natural que alcanzaron el esplendor en el cierre a pies juntos. Pinchó y saludó.

El último fue un toro feo que solo tenía pitones y algo más de fuerza. No fue claro en la muleta. Punteaba en cada remate y se paraba en momentos de máximo riesgo para el torero. Estuvo muy firme y pisando terrenos comprometidos. La plaza reconoció su labor. Pinchó tres veces y se echó sin haber entrado la espada. Se despedían los toreros cuando un aficionado del 3 sacó una pancarta en la que se leía "no a las capeas en La Malagueta. Respeto". Ahí dejó la queja. Para quien quiera escucharla.

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