Tratan dolencias óseas con un fármaco hecho con sangre del propio paciente

  • Se realiza en el Parque San Antonio y aprovecha la capacidad regenerativa de las células

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Parece ciencia ficción, pero es la medicina del presente: con sangre del propio paciente se elabora en laboratorio un fármaco biológico para tratarle ciertas dolencias óseas. La técnica se basa en la capacidad regenerativa de ciertas células y se emplea para fracturas que tardan demasiado en soldar, para recuperar zonas muertas de hueso o para retrasar la evolución de la artrosis. Esta alquimia terapéutica se hace en el Hospital Parque San Antonio desde hace más de un lustro. Carlos Ferrer, traumatólogo del equipo Imatde que utiliza la técnica, explica los pasos del proceso.

Primero, se hace una aspiración de la parte porosa (medular) del hueso de la pelvis del paciente. Aunque al común de los mortales pueda parecerle que los huesos son materia inerte, de allí los traumatólogos extraen sangre que contiene unas células con una alta capacidad regenerativa. Se llaman mesenquimales. "Son unas células pluripotentes que regeneran las estructuras donde se implantan", precisa el traumatólogo. El problema es que la proporción es bajísima, así que hay que concentrarlas mediante un proceso de centrifugación.

Pero para este fármaco biológico hace falta otra materia prima. Además de células mesenquimales del propio paciente, lleva factores de crecimiento que se obtienen de su sangre en vena. Para ello, se le hace una extracción igual que si fuera para un análisis. Con ambos componentes, se procede a fabricar el medicamento. Llega entonces el momento de aplicarlo al paciente. En quirófano y mediante cirugía se accede a la zona a curar. El proceso varía según cada caso porque a veces hay que retirar zonas de hueso necrosadas, otras hay que hacer injertos óseos, en algunas hay que revascularizar la zona. Pero después siempre se procede a inyectar el fármaco biológico hecho con la sangre del enfermo. "Es como una siembra", ejemplifica Ferrer. Y como en toda siembra, hay que esperar. Después de unos tres meses, las capacidades regenerativas del cóctel sanguíneo elaborado en laboratorio han hecho su trabajo. Los resultados dependen de la edad del enfermo y de la patología, entre otros factores. A veces es necesaria una segunda siembra.

La técnica forma parte de la llamada cirugía regenerativa y supone un gran avance terapéutico ya que en algunos casos evita tener que implantar prótesis a los pacientes. Se emplea sobre todo para personas de cierta edad con enfermedades degenerativas de las articulaciones, aunque también es útil en ciertos traumatismos sufridos por jóvenes. Para los pacientes de avanzada edad es como hacer que su reloj biológico vuelva a la juventud a la hora de restaurar sus dolencias óseas. La técnica es el resultado de medio siglo de investigación y es realidad en Málaga. Lo que aún es ficción es el intento de algunos investigadores de manipular células para que atraigan hacia ellas, como si fueran un imán, esos factores regenerativos. Es decir que el proceso que ahora se hace en laboratorio se haga en el mismo cuerpo.

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