Triste despedida del mercado central

  • Los comerciantes no pudieron reprimir ayer las lágrimas por el cierre provisional del histórico edificio que será rehabilitado durante los próximos 18 meses · El nuevo zoco abrirá el viernes en la calle Camas

Ayer no fue un día fácil para los comerciantes del emblemático mercado de Atarazanas. Un sentimiento de tristeza afloraba en el ambiente del zoco que vivió ayer su último día abierto al público hasta después de su rehabilitación. Toda una vida trabajando en él es una razón de peso para explicar la sensación que muchos de los comerciantes sentían al tener que abandonar sus puestos para trasladarse al nuevo mercado provisional ubicado sobre el aparcamiento de la calle Camas.

Algunos de ellos no pudieron reprimir las lágrimas y muchas caras reflejaban una mezcla entre la tristeza y la incertidumbre ante un cambio que no han tenido más remedio que aceptar y que se prolongará al menos durante 18 meses. Manuel Soto regenta un puesto de verdura desde hace 49 años, y aunque sabía que este día tendría que llegar, ayer aún no podía creerlo. "Yo nací aquí, en el puesto que tenían mis padres, y me da mucha pena tener que irme", contó emocionado.

Su mujer, Mari Ruiz, tampoco pudo contener las lágrimas al recordar que lleva trabajando en el mercado desde que se casó, hace ya 38 años. Reconoce que "si es para mejor tendremos que hacerlo", pero como la mayoría de los comerciantes teme que "la gente no se acostumbre a ir al nuevo".

Son muchos los recuerdos que se agolpan en la memoria de Ana Ruiz en el último día del mercado central. Es probablemente una de las más veteranas del zoco malagueño. Regenta un puesto de carne que pertenecía a su madre y en el que ha estado trabajando 55 años. En este tiempo ha sido testigo de las cuatro reformas que ha sufrido el edificio, aunque aseguró que "nunca nos hemos tenido que ir de aquí".

Para ella el mercado es su casa. "Aquí he criado a mis tres hijos y dejo una parte de mi vida al irme de este puesto", señaló. Con la pena contenida, muchos de los comerciantes ya empezaron ayer a embalar sus pertenencias. Remedios González ha dejado todo empaquetado para empezar mañana mismo la mudanza. Cree que le dará tiempo de acondicionar su nuevo puesto antes del viernes, aunque no puede disimular su nerviosismo ante el cambio.

"La próxima ya en el nuevo" o "hasta el viernes" fueron las frases más repetidas entre comerciantes y clientes ayer en el mercado central, que tuvo un lleno absoluto en su despedida.

Pero la tristeza y la incertidumbre de los comerciantes del histórico mercado contrasta con la ilusión de los clientes que esperaban ansiosos la mejora del mercado, catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC). Ninguna de las personas consultadas ayer por este periódico dudaron de que seguirán yendo a comprar a sus puestos de confianza en el mercado provisional durante el tiempo que duren las obras. "Llevo toda la vida comprando en Atarazanas y voy a continuar esté donde esté , aseguró Antonia Moreno.

Así de contundente se expresó también Melchor Albarracín que dijo que "lo mismo da subir 50 metros más arriba para ir a comprar". Tampoco nadie duda de que la reforma no podía esperar más tiempo. "Está sucio, abandonado y un arreglo nos va a beneficiar a todos. Seguro que es para mejor", indicó María del Pino. A primera hora de la tarde cerró sus puertas el mercado más antiguo de Málaga. El día que las vuelva abrir lo hará con aires renovados.

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