La UMA firma en dos años 560 contratos de I+D y prevé explotar 39 patentes

  • La Universidad malagueña se coloca en el segundo puesto de Andalucía por número de patentes y volumen facturado a particulares por desarrollar proyectos de investigación a medida

Los carteles luminosos del aeropuerto de Heathrow (Reino Unido) tienen talento malagueño. Un invento del catedrático de Electrónica de la Universidad de Málaga (UMA) Alfonso Gago, que permite señales dinámicas basadas en diodos Leds, de bajo consumo, gran definición de imagen y capacidad para alternar colores, se utilizan en estas señales. Esta es una de las 16 patentes que la UMA tiene en la actualidad en explotación.

El año pasado la institución solicitó registrar 23 nuevas invenciones, cifra que sitúa a la UMA como la segunda universidad andaluza con más patentes, sólo superada por Granada, que el año pasado presentó 24. De estas 23 solicitudes, 16 son de ámbito nacional y siete en realidad son peticiones para extender la protección al ámbito europeo.

Las patentes universitarias empezaron a crecer hace apenas unos años. Durante lustros o no se registraba ningún invento o, como mucho, se presentaban a la Oficina Española de Patentes y Marcas dos o tres solicitudes. De hecho, la primera petición para extender la protección al ámbito europeo no se produjo en la UMA hasta 2001.

Además, la Universidad tiene en la actualidad en explotación otras 16 licencias relacionadas con robótica médica (tres), ciencias de los materiales (cuatro) diagnóstico de miroorganismos (dos) y con dispositivos médicos (dos), además hay otra de robótica médica en negociación con una empresa.

Las patentes son una de las partes más visibles de la transferencia de conocimiento universitario hacia el tejido productivo. Otro de los pilares son los contratos y convenios que se firman con empresas para desarrollar proyectos de I+D a medida de las necesidades empresariales. En este caso, la Universidad de Málaga cerró el año pasado 306 acuerdos, cifra que la situó en el tercer puesto regional, detrás de Sevilla (502) y Almería (336). Por este concepto facturó 12,1 millones de euros, importe que la colocó como la segunda institución académica de Andalucía que ingresa más dinero por este concepto.

La Oficina de Transferencia de los Resultados de la Investigación (OTRI), que dirige Isabel García, se fundó en Málaga en 1988. En su primer año de vida se sellaron 47 contratos con empresas valorados en medio millón de euros. Dos años después, se ingresaban a través de esta oficina 3,4 millones de pesetas, cantidad que se vio sensiblemente reducida durante la crisis de los 90. En 2000 se vivió un primer despegue en esta relación entre empresas e investigadores universitarios, al llegar a firmarse cerca de 200 contratos por importes que bordeaban los 6 millones de euros. No obstante, el gran salto se produjo en el año 2006, cuando la oficina facturó cerca de 11 millones de euros.

En lo que va de año se han rubricado ya 258 contratos, que representan ingresos valorados en 7,7 millones de euros.

La creación de empresas de base tecnológica es el tercer elemento con el que se puede medir la transferencia de conocimiento desde una universidad al tejido empresarial. En este sentido, la UMA es líder absoluta. Fue una de las primeras universidades españolas que puso en marcha un programa de creación de empresas bajo la fórmula de concurso de spin off.

Tan sólo en los últimos cinco años se han presentado al concurso 120 proyectos, que han desembocado en la constitución de 27 empresas de base tecnológica que han podido instalarse en la preincubadora que tiene la universidad en el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA).

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