Viviendas en los 'huesos'

  • La caída en picado del sector inmobiliario ha dejado miles de pisos a medio terminar a lo largo de toda la Costa del Sol

La Costa del Sol está llena de esqueletos inmobiliarios. Corresponden a obras de urbanizaciones que el promotor no terminó por la actual crisis económica y que ahora recuerdan de un simple vistazo cómo cambian las cosas en apenas unos años. En algunas de estas instantáneas tomadas por el reportero gráfico Jon Nazca a lo largo de la costa occidental se aprecian incluso estructuras de urbanizaciones situadas junto a otros pisos que sí fueron terminados y vendidos, dando una imagen un tanto fantasmagórica.

Esta situación era impensable en 2005, cuando los promotores vendían todo directamente sobre plano y salones inmobiliarios como el del Mediterráneo, en el Palacio de Ferias, parecían la fiesta de los Oscar. Varias de las empresas punteras en aquellos momentos, como Aifos o Evemarina, están ahora en concurso de acreedores con centenares de millones de euros de deuda.

Una de las causas del auge inmobiliario en la Costa del Sol a mediados de la década pasada fue la captación de miles de clientes extranjeros, principalmente británicos y alemanes, que adquirieron viviendas en urbanizaciones de lujo o semilujo con todo tipo de instalaciones. Compraron la mitad de todas las nuevas viviendas que se construyeron en la provincia y algunas incluso llevaban incorporadas campo de golf y hoteles. La crisis económica en esos países emisores, la devaluación de la libra respecto al euro y la inseguridad jurídica destapada con casos como Malaya hundieron ese mercado y, aunque ahora se está intentando recuperar, los promotores son plenamente conscientes de que nunca se llegará a los niveles conseguidos en ese lustro mágico comprendido entre los 2003 y 2008.

"Los promotores están a la espera de que los mercados recuperen la confianza, de que aquellos que realmente quieren comprar pisos tengan la seguridad de que no los van a despedir al mes siguiente, y de que el Gobierno tome medidas para que la banca vuelva al negocio de las hipotecas y se salga de la sequía en que nos encontramos", explica José Prado, presidente de la Asociación de Constructores y Promotores de Málaga (ACP).

La patronal señala que, en estos momentos, hay 13.000 viviendas nuevas en stock en la provincia y especifica que son inmuebles ya terminados y con licencia de primera ocupación, es decir, listos para entrar a vivir. No se incluyen, por tanto, las viviendas visadas que ni siquiera se han empezado a construir o aquellos inmuebles cuya obra no ha terminado. La ACP desconoce cuántos pisos están en este último proceso pero Prado tiene claro que "nadie va a invertir más en una promoción si sabe que no hay demanda".

Se da otra circunstancia a tener en cuenta. Hay numerosas promotoras y constructoras en proceso concursal y aún no se sabe a quién pertenecen las urbanizaciones sin terminar. Los principales acreedores suelen ser las entidades financieras y son los bancos y cajas los que, en esos casos, tienen que decidir qué hacer con esos esqueletos.

José Antonio Pérez, experto inmobiliario y subdirector del Instituto de Práctica Empresarial (IPE), subraya que las entidades financieras quieren que se terminen de construir las viviendas porque es la única manera de vender los pisos y sacar algún rendimiento. En algunos casos, según Pérez, está habiendo acuerdos entre el promotor y el banco y, cuando la promotora ha quebrado, se están buscando otras fórmulas. Pérez afirma que desde el IPE han creado la figura del Agente Promotor Residencial (APR). Localizan un proyecto inmobiliario que esté parado y sin promotor, hablan con la entidad financiera y ésta financia la finalización de la obra mediante la contratación de un equipo profesional formado por arquitectos, peritos, operarios, etcétera. Estos trabajadores cobran sus honorarios, pero no sacan nada de la venta de los inmuebles, cuya comercialización y posible beneficio corresponde al banco o caja. "Estamos empezando a utilizar esta fórmula y ya hemos llegado a un acuerdo para concluir una promoción de 68 viviendas en Benalmádena", afirma Pérez.

El subdirector del IPE recalca que, salvo en casos muy puntuales, "hay pocas obras paradas y las existentes se están terminando porque para el banco es preferible tener una obra concluida que parada". Otra cosa es el ritmo de esas obras y que, tal y como se puede apreciar en todo el litoral costero, es muy lento. Nadie duda de que si el mercado inmobiliario repunta volverá a haber vida en esas promociones. Mientras tanto, habrá que ver como esas viviendas siguen en los huesos esperando un alimento, vía hipoteca y cliente, que parece no llegar nunca.

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