El acusado del accidente en el que murieron nueve finlandeses dice que tomó dos cervezas y que podía conducir

  • Asegura que iba a 130 ó 140 kilómetros y que perdió el control del vehículo por un toque de freno

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El acusado por el accidente de un autobús, ocurrido en 2008 en la A-7 en Málaga y en el que murieron nueve turistas de nacionalidad finlandesa, ha asegurado que sólo había bebido dos cervezas y se encontraba "en perfectas condiciones" para conducir. Ha dicho que cree que iba a una velocidad de entre 130 o 140 kilómetros por hora con su todoterreno y ha explicado que perdió el control "por el toque de freno que hice", al ver que había un coche delante.

El juicio ha quedado este jueves visto para sentencia en el Juzgado de lo Penal número 9 de Málaga. El fiscal ha mantenido la acusación por un delito de conducción bajo efectos de bebidas alcohólicas y otro de conducción temeraria, así como nueve delitos de homicidio por imprudencia grave y 26 de lesiones por imprudencia grave, solicitando cuatro años de cárcel y privación del derecho a conducir vehículos a motor durante seis años.

Por su parte, la defensa ha modificado sus conclusiones iniciales y ha considerado que se trata de una falta de imprudencia con resultado de muerte y lesiones, con la atenuante de reparación del daño, por la que solicita una multa de dos meses, a 10 euros diarios, y retirada del carné por un año. El siniestro tuvo lugar sobre las 19:30 horas del día 19 de abril de 2008 en la A-7 en sentido Málaga, entre las localidades de Torremolinos y Benalmádena.

El acusado ha relatado que volvía de Fuengirola de una fiesta familiar en la que había consumido dos cervezas, "como mucho tres", pero dejó de beber más de cuatro horas antes del siniestro, insistiendo en que estaba "en perfectas condiciones" para conducir. "Si me encuentro mal no cojo el coche", ha apuntado el procesado, que, no obstante, dio positivo (0'49) en las pruebas de alcoholemias realizadas tras el siniestro.

Asimismo, ha explicado que la circulación estaba "bien" y que "iba seguro de la conducción que llevaba, sin ningún tipo de riesgo que pudiera ocasionar", aunque la calzada estaba mojada porque había llovido. Ha indicado que tocó el freno, porque había un vehículo en su carril delante, asegurando que entonces se fue hacia la bionda y "fue cuando pasó todo", rompiendo a llorar. Además, ha apuntado que los airbag saltaron, por lo que no pudo ver más.

Su acompañante en el todoterreno ha declarado que en la barbacoa de la que ambos volvían vio al acusado con un vaso de cerveza, "pero no es que estuviera sólo bebiendo, también estuvo comiendo". Asimismo, ha asegurado que no vio nada anormal en la conducción, hasta que el coche "hizo algo extraño, creo que se fue de atrás" y se produjo el accidente; y ha indicado que tras el siniestro el procesado estaba aturdido.

Uno de los testigos del accidente ha indicado que el acusado iba circulando por el carril izquierdo y venía "muy fuerte", a una velocidad "excesiva" a su entender; mientras que otros testigos han dicho que el coche les adelantó y les hizo temblar su vehículo. El conductor del autobús, que ha dejado de ser acusación, ha declarado que estaba la calzada mojada y sintió "una cosa extraña en el coche", sin poder recordar nada más de lo ocurrido.

Los peritos de la Guardia Civil han ratificado sus informes en los que aludían al exceso de velocidad, que, según los estudios, era de unos 152 kilómetros por hora en el momento del impacto. Además, a parte del hecho de la calzada mojada, han confirmado como causa la existencia de consumo de alcohol por parte del acusado, de quien han dicho que cuando se entrevistaron con él "no respondía de forma lógica" y hablaba de manera "insegura", contestando "evasivas".

La psiquiatra que trata al procesado desde que salió de prisión, donde estuvo de forma provisional durante casi dos meses, ha declarado en el juicio que a raíz del accidente éste presenta una "depresión crónica muy importante" y que está respondiendo mal al tratamiento, ya que "se siente muy culpable", sin que llegue a superar lo ocurrido, añadiendo que no tiene relaciones sociales desde ese momento.

La acusación pública sostiene que el acusado iba a una velocidad "inadecuada" y había ingerido alcohol, estando la carretera mojada, cuando "perdió el control del vehículo", que chocó con las vallas de protección y salió rebotado hacia el otro lado, colisionando el frontal contra la parte lateral del autobús, ocupado por 50 personas, que a causa del impacto, derrapó y volcó, chocando con la defensa de separación que se introdujo por el techo del autobús.

El ministerio fiscal ha destacado en el juicio la "falsa sensación de seguridad" que da el alcohol, apuntando que el acusado "se creía el rey del mundo", y ha añadido que "bebió cerveza como si no emborrachara", además de que ha aludido al exceso de velocidad. Por su parte, la defensa ha considerado que se trata de "un cúmulo de sucesos desgraciados", incluyendo la bionda "que entró a modo de guillotina" en el autobús.

El siniestro provocó la muerte de nueve personas y otras 26 resultaron lesionadas, entre ellas el conductor del autobús y el acompañante del acusado. Toda la responsabilidad civil ha sido ya pagada por la aseguradora, por lo que las personas que resultaron heridas han sido indemnizadas, incluso el conductor del autobús, que tiene declarada la incapacidad total y que aunque ha estado personado en la causa, se ha retirado como acusación.

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