"Para afrontar una guerra civil con serenidad tiene que pasar un siglo"

  • El miembro de la Academia de Bellas Artes de San Telmo reflexiona sobre la historia de Málaga a la sombra de Bernardo de Gálvez, Cánovas del Castillo, Antonio Ramos y otros nombres ilustres a modo de rescate

Sus ojos y sus manos respiran en cada gesto la pasión inquieta del investigador. Extiende sobre la mesa la reproducción de un plano de la Málaga del siglo XVIII que realizó el antiguo aparejador y maestro mayor de la Catedral, Antonio Ramos, y que encontró en el Archivo Nacional como si se tratara de un juguete. "A menudo esto se parece a ir a pescar", advierte.

-En los últimos años, arropado por los aniversarios, ha protagonizado usted publicaciones y conferencias sobre Bernardo de Gálvez y la resistencia contra la invasión napoleónica. ¿En qué medida estos esfuerzos sirven para que la sociedad malagueña sea consciente de sus orígenes?

-En general existe un gran desconocimiento, y de hecho los aniversarios contribuyen a recuperar esos episodios casi olvidados. En eso hoy la prensa juega un papel mucho más importante que el que puede tener el libro, ya que disfruta de una difusión más amplia, mientras que el libro queda para los expertos. Las efemérides son importantísimas: si no fuera por esa llamada de atención no quedarían razones para acordarse de acontecimientos pasados fundamentales. Málaga ha dado al mundo figuras como Picasso y Antonio Banderas, pero también otras tristemente menos conocidas como Bernardo de Gálvez, figura de repercusión universal por haber sido el factótum de la primera democracia del mundo moderno, en Estados Unidos. Sin sus campañas, éstos no habrían alcanzado su independencia.

-¿Convertirse en personaje histórico fuera de Málaga es el primer obstáculo para llegar a serlo también dentro?

-Es un problema vinculado a la poca cultura que hay en España. Es cierto que nuestros abuelos estuvieron desgraciadamente más ocupados en matarse a tiros que en cultivar el espíritu, pero eso mismo ha pasado en buena parte del mundo. En Málaga hay otra figura indiscutible y nunca lo suficientemente reconocida que es Cánovas del Castillo. El canciller Bismarck afirmó que nunca había inclinado la cabeza ante nadie, pero que lo hacía muy gustosamente cuando oía el nombre de Cánovas. Y lo dijo cuando España y Alemania atravesaban una profunda crisis por culpa de unos archipiélagos en el Pacífico. Cánovas hizo por Málaga lo que no ha hecho nadie: contribuyó a que la ciudad tenga hoy el Parque por encima de los intereses inmobiliarios que amenazaban con truncar el proyecto en el XIX, a que quedara conectada con Europa por el ferrocarril y a otros muchos hitos. Lo único que no consiguió fue la construcción en Málaga de una fábrica de tabaco, porque la burocracia de la época lo impidió. Y, a nivel nacional, consiguió que España superara 70 años de conflictos fratricidas y que se identificara con un pueblo. En esto hizo bastante caso a Kant, cuando decía que una nación siempre necesita autoestima. Pero, en Málaga, cada vez menos personas conocen estos méritos.

-Parece que la candidatura a la Capitalidad Cultural de Europa en 2016 va a sostenerse en dos ideas básicas: el mar como patrimonio y símbolo de la apertura al Mediterráneo y la modernidad. ¿Qué opina al respecto?

-Comparto esas ideas absolutamente, pero no podemos olvidar que la Historia es maestra de la vida. Málaga no puede dejar a un lado sus raíces fenicias, porque de ellas viene su carácter comercial. Ni su pasado romano: los tronos de la Semana Santa responden hoy al gusto de la antigua Roma por la monumentalidad. Ni lo que la sensibilidad y la apreciación por los sentidos de los musulmanes hicieron por esta ciudad. Ni la vinculación histórica con Europa a través del Puerto. No podemos olvidar que Málaga es más que su geografía, también es su Historia, y la Historia la hacen las personas. El factor humano es lo más importante de una ciudad, su valor más firme, y hay que tenerlo en cuenta siempre, también para 2016.

-Volviendo a Bernardo de Gálvez, ¿debería concluirse la segunda torre de la Catedral, o preferiría que se quedara inacabada como símbolo?

-La Catedral de Colonia se terminó a comienzos del siglo XX y comenzó a construirse en el siglo XV, así que no veo por qué no debería terminarse la torre de la Catedral de Málaga, cuando además hay un proyecto que hizo Antonio Ramos en el XVIII. El problema es la financiación, porque debería sufragarse mediante donativos. No me parecería justo que se pidieran inversiones ajenas a los propios cristianos. Si viniese dinero de EEUU resultaría lógico, porque la Iglesia malagueña contribuyó a la independencia del país con 200.000 reales en firme y otros 200.000 prestados que nunca se devolvieron. Con ese dinero se compraron armas, medicinas y uniformes para la guerra.

-Precisamente, ¿con qué país, continente o cultura mantiene Málaga una deuda histórica más notable, cuyo saldo resultaría un acto de justicia?

-Indudablemente con el conjunto de América. Málaga participó a partir de la liberación del comercio marítimo, con José de Gálvez, tío de Bernardo, en el desarrollo del comercio en América a través del puerto. Gracias a esa liberalización, los productos malagueños, especialmente el vino y la pasa, llegaron a América, desde donde se recibía la correspondiente contraprestación comercial. También se obtenían beneficios por intercambios comerciales en Europa; en Málaga, por ejemplo, se consumían en el siglo XVII dos tipos de manteca, la de cerdo y la Flandes, que llegaba desde Centroeuropa a cambio de otros productos.

-Más allá de Málaga, ¿qué consideración cabe hacer sobre la ley de Memoria Histórica?

-Toda persona tiene derecho a recuperar los restos de sus seres queridos. Lo que pasa es que con esta ley han entrado otros factores con los que no estoy de acuerdo. Una guerra civil es una tragedia de tal envergadura que hay que dejar pasar cien años para poder afrontarla con serenidad. Prácticamente todas las casas españolas tienen una tragedia detrás. El problema es que a menudo la historia se interpreta desde puntos de vista sesgados. Me parece muy bien que en Cataluña se reclame la restitución de la figura de Companys, pero no se puede olvidar que Companys se rebeló contra la República y proclamó la independencia de Cataluña, y nadie ha hecho mención al respecto. Le doy la razón a Stanley G. Payne, han de ser los historiadores quienes se encarguen de la Historia con rigor, porque con el corazón caliente es muy difícil.

-¿Ha perdido Málaga demasiadas señas de identidad?

-Yo diría que no, aunque sí es cierto que debería evitar que se perdieran más, especialmente las vinculadas a sus ciudadanos más ilustres. Desde la Academia lanzamos una propuesta al Ayuntamiento para que en el Salón de los Espejos, donde figuran los retratos de veinte malagueños históricos, se ampliara esta cifra a cuarenta, para incluir a personalidades que en su día quedaron fuera y a otras que vinieron después. ¿Por qué no podría Picasso tener su imagen en el Ayuntamiento como malagueño universal? Lo mismo ocurre con Bernardo y José de Gálvez, Manuel Agustín Heredia, Jorge Loring...

-¿Por qué será recordada la Málaga que vivió el tránsito del siglo XX al XXI?

-Por el giro hacia la cultura. Hasta hace apenas 20 ó 25 años, Málaga era la única ciudad europea con más de 500.000 habitantes sin universidad. Pero su creación ha producido una masa de calidad que ya empieza a cristalizar en la Málaga de la cultura y el desarrollo.

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