El agradecimiento hecho diálogo

  • José, policía local de Málaga, salvó a María Luisa de morir en un incendio hace casi un mes · Tras estar hospitalizados, ayer se reencontraron en una emotiva conversación y recordaron la fatídica noche

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La vida de María Luisa Manzano estuvo apunto de extinguirse la madrugada del pasado 13 de enero. Un incendio declarado en las plantas inferiores de su edificio -el número tres de la calle Travesía de La Luz- habían transformado la escalera de salida en una trampa infernal. Eran las 3.30 y esta malagueña de 77 años se puso el batín y salió al rellano para tratar de avisar a su vecino Eduardo, un apoyo constante para ella. El monóxido de carbono robó espacio al oxígeno de sus pulmones y se desvaneció cuando únicamente había bajado tres escalones. Quedaban siete plantas hasta el exterior.

El policía local de Málaga José Cruz se encontraba patrullando junto a su compañero por la zona de El Torcal cuando recibieron el aviso del incendio. Rápidamente se desplazaron hasta el lugar acompañados de otra unidad. Cuando llegaron a los pies del bloque, los vecinos gritaban desde las ventanas que había personas atrapadas. No se lo pensaron dos veces. Los agentes comenzaron a subir escalón tras escalón hasta la quinta planta. Intentando no respirar el humo escucharon la petición de auxilio de María Luisa y, después de inspeccionar una vivienda, José subió a la séptima planta y la localizó en el suelo. Se la echó a la espalda y la bajó hasta donde se encontraban los bomberos. Había conseguido salvarle la vida.

Ambos fueron hospitalizados, pero ya no volvieron a saber el uno del otro. Málaga hoy los reunió ayer y en su conversación se destilaba un agradecimiento expresado con un prolongado abrazo. Este fue su diálogo.

-José Cruz (J. C): ¿Cómo está usted?

-María Luisa Manzano (M. L. M): Bien dentro de lo que cabe. He recibido una carta y tengo que ir dentro de un mes a una revisión médica.

-J. C: Seguro que no es nada

-M. L. M: Tenía muchas ganas de conocerlo porque quería darle las gracias personalmente.

-J. C: ¿Recuerda usted esa noche?

-M. L. M: Recuerdo que estaba dormida y escuché mucho escándalo, pero pensé que era un sueño. Después sentí el fuego, me puse la bata y salí para avisar a mi vecino. A partir de ahí no sé qué pasó.

-J. C: Yo subí y palpando en el suelo logré encontrarla. La cogí con un brazo, y para que usted vea lo que es la adrenalina, tiré de usted. Recuerdo que le decía que no se soltase y entonces me ayudó mi compañero. A partir de ese momento sentía que me desplomaba, no tenía fuerzas. Menos mal que los tres pudimos llegar a la quinta planta, donde estaban los bomberos.

-M. L. M: Sé que le pegué un abrazo que parecíamos dos novios.

-J. C: [Risas]

-M. L. M: ¿Nos mojaron?

-J. C: No, lo que pasa es que la manguera de bomberos tenía una fuga y cuando pasamos nos mojamos. Estábamos chorreando.

-M. L. M: Mis vecinos me han dicho que me tendieron en la acera y que parecía una negra porque tenía la cara llena de hollín.

-J. C: [Risas] Hablando después con los compañeros nos preguntábamos cómo pudo aguantar usted. Iba en la ambulancia camino del hospital y sabía que a mi lado se encontraba una mujer. Pensaba que era usted, pero después me dijeron que era una vecina suya que también resultó herida.

-M. L. M: Cuando abrí los ojos en el hospital, donde pasé 11 días, estaba rodeada de enfermeras. Les estoy muy agradecida porque me trataron muy bien. El cardiólogo me dijo que tenía una mancha en un pulmón y que había que esperar a que desapareciese, si no, a lo mejor tienen que operar.

-J. C: No se preocupe mujer. A mí me prohibieron hacer ejercicio hasta que pasase un tiempo. A las dos semanas, estaba jugando un partido de baloncesto y cada bocanada me sabía a humo.

-M. L. M: ¿De verdad?

-J. C: Tenga usted en cuenta de que el humo es veneno. Lo inspiras tres veces y pierdes el conocimiento.

-M. L. M: No me digas hijo. Que Dios te de mucha salud por lo que hiciste.

-J. C: No lo hice solo señora. Los tres compañeros actuaron con una gran profesionalidad, igual que los bomberos. Para nosotros es una satisfacción grande y un orgullo ayudar a las personas. Y más cuando después uno puede comprobar que se encuentran bien.

-M. L. M: Tengo un sobrino guardia civil y él me pidió tu nombre para llamarte y darte las gracias, pero no lo tenía.

-J. C: No sé preocupe. Vine un día después a su casa, pero me dijeron que seguía usted en el hospital.

-M. L. M: La verdad es que llevo una racha que me pasa de todo. Hace poco también me robaron el monedero en la calle y ni me enteré.

-J. C: Pues eso se ha acabado. Aquí tiene a su policía personal. Todas las noches hago la ronda por aquí y si necesita algo, sólo tiene usted que llamarme. Y si no estoy trabajando, igual

-M. L. M: Le repito que tenía muchas ganas de conocerlo.

-J. C: De aquí va a salir una buena amistad [Ambos concluyen la visitase fundiéndose en un abrazo].

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