Un alcalde imprudente y muy bien relacionado

  • Barrientos, alergólogo, se ha destacado por poner en continuos aprietos a la Junta y al PSOE con su polémico urbanismo, que justificaba por la mala situación de las arcas municipales · Llamó a sus socios de gobierno, ex 'gilistas', "garrapatas"

Fue una carambola lo que llevó a la primera línea política a Antonio Barrientos, hasta ahora el alcalde socialista con más peso de la provincia de Málaga y detenido por presunta corrupción urbanística. Médico alergólogo de 47 años, ocupó como independiente el puesto número seis de la lista del PSOE a la Alcaldía de Estepona en las elecciones de 1999, cita a la que los partidos generalistas llegaron a las urnas con un objetivo muy claro: derrocar a Jesús Gil Marín, hijo de Jesús Gil e instalado cómodamente en el sillón municipal desde hacía cuatro años. El milagro fue posible, hubo pacto anti GIL y se inició una convulsa etapa política con Barrientos siempre repartiendo juego. La aventura culminó ayer con la operación Astapa.

Su participación en la cruzada antigilista se inició con discreción, como edil de Sanidad y Bienestar Social. Pero la imputación en un caso de blanqueo del alcalde, Antonio Caba [recientemente ha sido absuelto por el Tribunal Supremo], convirtió a Barrientos en regidor en detrimento del que era número dos y ex senador del PSOE, Francisco Zamorano. Era abril de 2001, pero la vara de mando se le cayó pronto de la mano a un político no curtido que luego aprendió a moverse con soltura entre pactos y tránsfugas. En noviembre, el PP encabezó una moción de censura contra él en la que contó con la ayuda de los concejales del GIL, ya ex gilistas desde la renuncia debido a la derrota electoral de Gil Marín.

Barrientos es natural de Estepona y su familia, bien situada, es muy conocida en el pueblo. Él tiene plaza en la residencia de ancianos Nuestra Señora del Carmen, aparcada desde que se aventuró a probar suerte en la política.

Es un hombre de carácter, con presencia física, pero algo tosco, y lo más parecido a un barón socialista provincial si esta figura aristocrática no sólo se otorgara a los presidentes autonómicos, sino también a los alcaldes con peso en un partido. Fue candidato del PSOE en Estepona en 2003 y en ese momento empezó su reinado. Aprendió pronto y se aferró al sillón municipal tras un pacto con los ex ediles del GIL, los mismos con los que antes se había aliado el PP para echarlo y que se habían rebautizado como Partido Estepona (PES).

Con el líder ex gilista, José Ignacio Crespo, ha tenido Barrientos una curiosa relación plagada de frases para la historia. Aliados entonces, enemigos mortales ahora, tras las últimas elecciones, el alcalde llegó a llamar a su socio de gobierno "garrapata" y "ladrón" cuando presentaba su candidatura para revalidar el cargo hace un año.

Su incontinencia verbal le ha acarreado más de un quebradero de cabeza con su partido, al que ha sacado los colores en varias ocasiones porque la secretaria provincial del PSOE, Marisa Bustinduy, no se podía permitir prescindir del alcalde de Estepona. Barrientos también tuvo que dar marcha atrás a la aprobación de 13 convenios urbanísticos con los que pretendía saltarse la nueva Ley del Suelo de Andalucía días antes de entrar en vigor, y también recibió un tirón de orejas interno por pretender recalificar el parque Selwo. Sin embargo, su postura díscola se mostró con el recurso de Estepona al POT de la Costa del Sol de la Junta.

Aficionado a los toros y al fútbol, es amigo de José Tomás y del periodista radiofónico José Ramón de la Morena -ambos con casa en el municipio-. El periodismo y los periodistas han sido una de sus principales apuestas, visualizadas en eventos como Estepona. Ciudad del Periodismo. Pero tampoco carece de relaciones políticas. Por ejemplo con los presidentes del Congreso y el Senado, José Bono y Javier Rojo.

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