La aldea de Astérix está en Málaga

  • No toda España estaba cubierta bajo el imperio de la crisis mundial, un pequeño grupo de empresarios malagueños supieron crear sus compañías en momentos tan malos o peores que el actual y tener éxito

¿Recuerdan aquella lupa que señalaba la aldea de Astérix? Ese pueblo que, gracias a una poción mágica, era capaz de reducir una vez tras otra a los romanos y no ser ocupados. Es ese cómic genial de Uderzo y Goscinny, aparte de Obélix, Asurancetúrix, Panorámix y compañía, podrían haber entrado, de haberlos conocido los guionistas y dibujantes franceses, otros personajes de nombre español: Nuria García, Juan Cruzado, Francisco Barrionuevo, José Blanco, Luis Fernando Martínez... ¿Por qué? Porque tienen más valor que los héroes galos ya que, sin poción mágica, fueron capaces de crear una empresa en Málaga en momentos de plena crisis económica. Como ahora. Cuando los demás huyen y esconden sus escasas pertenencias bajo un ladrillo, estos ciudadanos decidieron apostar a todo o nada. Y les salió bien hasta el punto que hoy cuentan con compañías solventes y prestigiosas.

La suerte existe, pero también el trabajo y el esfuerzo diario. Que se lo digan a Nuria García, una de las fundadoras de la agencia de viajes Rural Andalus. Era 1993 y el PIB de Málaga cerraba el año con un -1,7%. La construcción y el turismo estaban hundidos, y tras el boom de la Expo y las Olimpiadas el dinero público escaseaba. Nuria, junto a Monsalud Galindo e Isabel Heras, mediaban la veintena y vivían en casa de sus respectivos padres. Les encantaba visitar pueblos y vieron que podía ser una buena opción crear una agencia de turismo rural porque era un nicho de mercado que no estaba cubierto. De hecho, no había nadie especializado. "Vimos que había mucha gente que pasaba unos días en la Alpujarra o en otras zonas rurales y que tenían que buscar directamente a los dueños de las casas para poder alquilarlas. Pensamos que podíamos hacer de intermediarios", recuerda Nuria. Empezaron con un listado de 12 casas en Málaga y ahora tienen una red de 764 casas y 83 hoteles en toda Andalucía.

Los comienzos fueron duros. Nuria señala que se ponían a pegar carteles a las dos de la mañana por media ciudad para hacerse publicidad y que tuvieron problemas en algunos pueblos "porque la gente era muy machista y no sentaba bien ver a tres chicas gestionando los alquileres".

Tampoco lo tuvo fácil Francisco Barrionuevo, presidente de Novasoft. También dio rienda suelta a su empresa en 1993 "con una mano delante y otra detrás". Recuerda que la de 1993 "fue una crisis más dura que la de ahora porque en aquella época no había dinero, ahora sí lo hay pero está guardado". Tenían un proyecto tecnológico y la reciente creación del Parque Tecnológico de Andalucía como referente, "como una tabla de salvación". Empezaron con un capital social de 3.000 euros, el mínimo exigido, "y no teníamos nada. Pasamos las de Caín, estando un año sin cobrar, agotando las visas. Lo pasamos fatal", señala Barrionuevo cuya empresa es actualmente una de las más conocidas en el segmento tecnológico andaluz y que prevé buenos resultados para finales de año.

Juan Cruzado es algo mayor. Podría representar perfectamente el papel de Panorámix, no por la edad, sino porque es de los más expertos en poner buena cara ante la crisis y crear empresas. Se tragó, junto a dos amigos, los últimos coletazos de la de 1973. Habían estudiado Magisterio e Ingeniería "y no había forma de encontrar trabajo por lo que decidimos buscarnos la vida por nuestra cuenta". En 1978 abrieron un bar, que les fue muy bien, y un local de 50 metros cuadrados en el barrio de Las Delicias para montar una academia, ya que ninguno quería desaprovechar su formación universitaria. Fue el origen de Keops-Kefren, una de las academias más reconocidas de la capital. "Estuvimos tres años sin recibir un sueldo porque todo lo que ganábamos era para aumentar el negocio. Lo hacíamos todo, éramos las limpiadoras, los que pegábamos la propaganda... Llegamos a tener siete locales en Málaga en apenas diez años", dice.

Pero Cruzado, que siempre ha sido inquieto, quería abrirse a nuevas posibilidades. Abrió una librería, dos gimnasios y una escuela de danza. En 1992, la segunda gran crisis en Málaga, se le ocurrió crear una delegación de IBM en Málaga. "Los créditos estaban al 18%, no como ahora, y todo lo que ganábamos era para pagar los intereses a los bancos. Superamos esa crisis pero lo pasamos tan mal que en 1994 decidimos venderlo todo y quedarnos sólo con la formación y las nuevas tecnologías, pero no con la venta de ordenadores". Ahora es el propietario de Grupo Vértice, una firma próspera y diversificada con centenares de empleados.

El año 1992 también fue el origen del PTA. Era un erial en Campanillas y un proyecto incierto: hacer una gran ciudad tecnológica en la cuna del turismo. Ocho empresas con apenas 130 trabajadores en total decidieron probar suerte. Luis Fernando Martínez, director de AT4 Wireless recuerda que "teníamos que entrar sorteando alcantarillas porque no había ni asfalto" y José Blanco, director de Ingenia, señala que podían cruzar la calle sin mirar. "Si lo hiciéramos ahora nos atropellarían al segundo". Muchos de los que empezaron en el PTA venían de un proyecto tecnológico fallido en Fujitsu. Estos empresarios coinciden en señalar que, precisamente en momentos de crisis, es cuando se producen las mejores oportunidades. La lupa de Uderzo y Goscinny también mira a Málaga, a estos empresarios, contra el imperio de la crisis mundial. El nuevo poder del César.

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