Medio ambiente | La provincia encara el tercer decreto de sequía desde 1995

2018, el año de la sequía

  • El campo espera en breve que los nuevos recortes vengan acompañados de ayudas en el decreto de sequía

  • Los agricultores denuncian el olvido de un sector vital para la economía

El año de la sequía El año de la sequía

El año de la sequía

"Entre sequía y sequía hay olvido". Es la frase que emplean los agricultores malagueños para definir su estado de ánimo ante la inminente aprobación del decreto de sequía en la provincia y la falta de inversiones en obras hidráulicas de los últimos años, cuando no había problemas de escasez de agua. Hoy la situación ha cambiado por completo y 2018 volverá a retomar las restricciones, de momento circunscritas al ámbito de los regadíos de la Axarquía.

Uno de los responsables de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores de Málaga, Asaja, Benjamín Faulí, cree que la situación actual, después de cuatro años de escasez de lluvia, es mucho más preocupante que la vivida en otros periodos secos. No es la primera vez que la provincia se encuentra con la amenaza de las restricciones en una tierra acostumbrada a sufrir los efectos dañinos de las lluvias torrenciales pero al mismo tiempo a largos periodos, e incluso años, sin una gota de agua.

La falta de agua ha secado el olivar y amenaza con afectar a otros cultivos

1995 fue el año más duro para la provincia en materia de abastecimiento, cuando desde el Gobierno central se anunciaba que la capital malagueña y la Costa del Sol deberían ser abastecidas con camiones cuba si no llegaban las precipitaciones. El anuncio se hizo también en un mes de enero, días después de que se decretaran cortes al consumo de seis horas diarias. Por aquella época el pantano de Conde del Guadalhorce llegó a estar completamente seco, y el conjunto de la cuenca de la provincia almacenó un 5% de su capacidad.

Fue el periodo de sequía más grave y prolongado, con importantes daños también para la agricultura, pero no ha sido el único. Desde entonces otros decretos de sequía, sin contar con el de este 2018, han constatado las deficiencias históricas que tiene la provincia en materia de abastecimiento y la necesidad de sortear cada cierto tiempo la falta de lluvia con recortes. También en 2005, la capital y varios municipios de la comarca del Valle del Guadalhorce, permanecieron durante 40 meses consecutivos con recortes en el consumo tras un decreto de sequía que aprobó la Junta de Andalucía en noviembre de aquel año. Las limitaciones impuestas al consumo del agua provocaron importantes ahorros que permitieron a algunas zonas alejarse pronto de la sequía, mientras otras como la capital aún debieron esperar cuatro años a ver finalizadas las restricciones y la interrupción del riego en los cultivos.

"Hoy estamos mejor preparados y con mayor robustez", dijo hace algunas semanas en Málaga el director general de Planificación y Gestión del Dominio Público Hidráulico de la Junta de Andalucía, Juan María Serrato, antes de anunciar el inminente decreto de sequía, un decreto que según reiteró la Junta se centrará en los recortes en el regadío y en la redistribución del líquido almacenado, con el fin de que se no produzcan recortes en agua destinada al consumo humano durante los próximos dos años.

El diagnóstico de que el sistema está hoy más preparado para afrontar la falta de lluvia no es coincidente con la percepción que tienen agricultores y ganaderos, cuando este sector terciario de la provincia ha logrado situarse a la cabeza de la producción nacional en algunos productos. "Estamos muy preocupados con lo que le puede pasar al regadío", señaló hace unos días el presidente de Asaja, Baldomero Bellido, al presentar el resultado del balance agrícola de la provincia, con cifras a la baja aunque por encima de la facturación lograda hace dos años. De momento, la sequía de los últimos meses ha afectado ya a la campaña del aceite de oliva y la falta de agua ha provocado que las 130.000 hectáreas de este cultivo en la provincia hayan producido un tercio menos de kilos de aceitunas, al pasar de 72.000 a 47.000 toneladas en un año.

Faulí asegura que la preocupación ha llegado al campo, que lleva tiempo reclamando medidas de emergencia, pero sobre todo obras de infraestructura para aumentar el agua embalsada, que sea de mayor calidad y facilitar con garantías su trasvase. El Plan Hidrológico establecía actuaciones concretas con el horizonte de su conclusión en 2021 y muchas de ellas ni siquiera están planificadas. El hecho de que dos administraciones, el Gobierno central y la Junta, sean los responsables de las inversiones, ha complicado su realización.

De todo el paquete de actuaciones proyectadas en infraestructuras hidráulicas los agricultores ven dos proritarias. Una es el recrecimiento de presa de La Concepción, que permitiría aumentar su capacidad hasta los 180 hectómetros cúbicos, logrando así convertirse en uno de los mayores pantanos de la provincia, que garantizaría el abastecimiento de la Costa del Sol occidental. Esta obra fue valorada en su día en 200 millones de euros. Los agricultores también reclaman con urgencia la actuación que permita acabar con el exceso de sal en el pantano del Guadalhorce, actuando sobre los manantiales que abastecen el embalse. Se trata de otra de las obras incluidas en el Plan Hidrológico.

Hasta que no lleguen las obras, el campo deberá conformarse con reorientar los regadíos, como es el caso de la Axarquía, donde se ha limitado en un 60% la aportación del agua al pantano de la Viñuela destinada a los cultivos. "Ahora estamos cerrando el grifo", asegura Faulí, y las comunidades de regantes se preparan para administrar los topes de agua que ya están fijados.

En esta comarca, la más afectada por la falta de precipitaciones, la concesión establecida en este momento para el regadío alcanza los 22 hectómetros cúbicos al año, mientras se reservarán otros 18 hectómetros para abastecimiento. El reparto a los agricultores, dependiendo de las necesidades y del tipo de cultivo, lo establecerá cada comunidad.

En el Valle del Guadalhorce los agricultores llevan sin regar desde el pasado 8 de octubre, cuando se cortó el suministro procedente de los pantanos. "Ya sabemos que no tenemos riego hasta que no llueva", aseguró el secretario de la Asociación Provincial de Regantes, Juan Antonio Aguilar. Las previsiones de la Junta es establecer un límite de 20 hectómetros para esta comarca, cuando en condiciones normales se estaban utilizando 48, una cantidad que ya se vio reducida el pasado año hasta los 36, según aseguró Aguilar.

La comarca por excelencia de los críticos de la provincia, con unas 10.000 hectáreas de cultivo, también espera que el decreto de sequía fije los límites, así como las posibles compensaciones económicas hacia los agricultores y ganaderos, algo en lo que coinciden todas las asociaciones agrarias. En una reunión celebrada el pasado día 15, una veintena de comunidades de regantes se quejaron del "diferente trato" que está sufriendo el campo malagueño respecto al recurso del agua. "No puede ser que en octubre lleguen 300.000 turistas a Málaga y se corte el riego al campo", aseguró Aguilar, que este mes de enero solicitará una reunión con el delegado de Medio Ambiente para conocer las medidas que prepara la administración de cara a este año.

Comunidades de regantes y agricultores miran al cielo esperando que el invierno y la primavera traigan consigo una inestabilidad que logre dar un respiro a los pantanos. La situación de los siete embalses de la provincia no es tan crítica como la de otras cuencas españolas, pero los pantanos de Málaga se encuentran a un tercio de su capacidad, con 204 hectómetros cúbicos almacenados, pese a las precipitaciones de las últimas semanas. En el último decreto de sequía, el del 2005, los recortes se iniciaron cuando la cantidad almacenaba era de 165,6 hectómetros, algo más del 27,5%.

Mientras llega la lluvia, los agricultores quieren saber a qué atenerse a la hora de diseñar su negocio. "Si no hay agua no plantas hortalizas, pero si no hay agua y se secan los árboles, las pérdidas serán muy grandes" señaló Faulí. Este representante de los agricultores se refiere a cultivos que en este momento son muy rentables en la provincia, como el olivar, que facturó en 2017 más de 181 millones de euros, o los cultivos tropicales, que llegaron a los 145 millones de euros, triplicando la producción y beneficios en tres años. "Si no hay agua para los turistas y se mueren los aguacates, ¿de qué comemos aquí", asegura.

El pantano de la Viñuela, uno de los más afectados por la sequía.

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