El 'botellón' regresa al centro histórico con el inicio del curso universitario

  • La ambigüedad de la ley 'antibotellón' motiva la aparición de nuevos puntos · El Consistorio cierra el Paseo de los Curas los jueves noche para ahorrarse unos 400.000 euros anuales · Sólo abre los viernes, sábados y vísperas de festivo

El inicio del curso universitario ha revolucionado el botellón en la capital malagueña. Esto es así hasta el punto que ha supuesto su regreso a las calles del centro histórico, casi dos años después. Éste es el tiempo que hace desde su traslado de la Plaza de la Merced al Paseo de los Curas. Aunque éste sigue siendo el único lugar donde se puede beber en la calle, en las últimas semanas los jóvenes cargados con el pack de bebida y hielo se ha dispersado por todo el centro. No hay una ubicación definida como antiguamente la Plaza de la Merced, pero sí muchas pequeñas aglomeraciones de personas consumiendo alcohol en la vía pública, entre las que destacan los aledaños del Teatro Cervantes y la Catedral, pero sobre todo la Plaza Mitjana.

Varios factores han motivado la dispersión del botellón desde el Paseo de los Curas. Según fuentes municipales, el principal es la llegada de nuevos universitarios. "Con el inicio del curso siempre pasa lo mismo, viene gente de otras localidades y la tendencia es camuflarse en alguna de las plazoletas del centro", explica Mario Cortés, director del Área de Juventud del Ayuntamiento. Pero éste no es el único motivo, la ambigüedad de la ley antibotellón de la Junta también contribuye a ello.

En Málaga se puede hacer botellón los viernes y sábados por la noche, además de las vísperas de festivos, en el Paseo de los Curas. Sólo allí y estos días, aunque antes también estaba permitido los jueves. En el resto de emplazamientos, beber alcohol en la vía pública está prohibido. ¿Pero por qué puede tomarse una copa una persona en la Plaza Mitjana si la compra en un bar y no si la lleva de casa? En este sentido existe un vacío legal, dado que la limitación que establece la Junta es "la permanencia y concentración de personas que se encuentren consumiendo bebidas o realizando otras actividades que pongan en peligro la pacífica convivencia ciudadana fuera de las zonas del término municipal que el Ayuntamiento haya establecido como permitidas", según reza literalmente la citada ley, promulgada en 2006. Es decir, sobre la procedencia del alcohol no hace referencia el texto y el mismo ruido hace quien compra una copa en una terraza que el ciudadano que trae una botella de casa. He aquí otro de los motivos que impulsan a los jóvenes a salirse del botellódromo oficial y acercarse a las zonas de influencia de los bares.

Hasta el pasado mes de agosto, los jueves también se podía hacer botellón. Pero ya no. "Pedimos un informe tanto al Servicio de Atención a la Movida (SAM) como a la Policía Municipal y salvo días puntuales, los jueves acudían entre 200 y 500 personas, por lo que sale más barato invitarles a copas en un bar que montar todo el dispositivo", añade Cortés. En tiempos de crisis, parece que todo recorte es poco. En este sentido, el Ayuntamiento pretende ahorrarse unos 400.000 euros anuales con esta medida, dado que los jueves suponen el 25% de los botellones del año, según las mismas fuentes, y el Consistorio invierte anualmente en el dispositivo del Paseo de los Curas un millón de euros en Limasa; unos 300.000 euros en la instalación de urinarios; 50.000 euros en la instalación de papeleras, además del sueldo extra de los policías municipales que participan en el operativo nocturno del botellón.

Pero el ciudadano que el jueves salía al Paseo de los Curas, ahora busca otro sitio. Y al ser "pocos" para montar el dispositivo se dispersan por toda la ciudad.

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