Día mundial de la meteorología

En busca de la predicción perfecta

  • Un responsable de la Aemet repasa los avances de la climatología

Un momento de la jornada de ayer, con Del Pino el primero a la izquierda. Un momento de la jornada de ayer, con Del Pino el primero a la izquierda.

Un momento de la jornada de ayer, con Del Pino el primero a la izquierda. / C. Pajariño.

La medicina ha utilizado las sanguijuelas durante siglos -desde el antiguo Egipto- como tratamiento para diferentes patologías. Lo que no es tan conocido es que nuestros ancestros ya utilizaban estos gusanos chupasangre para tratar de predecir el tiempo. El truco estaba en dejar la sanguijuela en un cubo lleno de agua y esperar a que hiciera gala del llamado sexto sentido de los animales. Si el anélido se quedaba en el fondo del recipiente, haría bueno en los siguientes días. Si trataba de salir a flote significaba que se avecinaba el mal tiempo.

Tratar de predecir el tiempo es una actividad casi tan antigua "como la invención del fuego", aseguró ayer el meteorólogo cordobés Juan de Dios del Pino, quien entre los años 2012 y 2015 fue jefe del departamento de Producción de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), uno de los cargos clave de la compañía al estar al frente de las áreas de predicción y climatología. Del Pino, con motivo del Día Mundial de la Meteorología, explicó los avances en la materia desde la prehistoria hasta el tiempo presente. En la España musulmana medieval se observaba la forma y las manchas que las paletas del cordero poseía para predecir el tiempo. Esta práctica posteriormente se extendió tras la Reconquista, en la que también se solía mirar el esternón de los gansos como método de predicción "no científico", como aclaró Del Pino en cada ejemplo.

Desastres naturales en la década de los 80 propiciaron una mejora en los estudios

Hasta el siglo XX se tenía por fiable que "el viento que soplara en la misa de Domingo de Ramos durante el Ofertorio marcaría tendencia a lo largo de todo el año", indicó el meteorólogo, añadiendo que se trataba de una práctica con cierto arraigo en el norte de España. Buena parte de estas creencias y teorías fueron el punto de partida de refranes como "cielo enladrillado, lluvia en el tejado" -en referencia a que un cielo plagado de nubes de tipo cirro es una señal de lluvia en los siguientes días- o "mañanitas de niebla, tardes de paseo".

Hasta la década de los 80 no hubo un servicio meteorológico fiable, que llegó auspiciado por diferentes desastres naturales: "En el año 1982 fue la rotura de la presa de Tous (Valencia) y en 1983 las inundaciones de Bilbao. El Gobierno entendió en ese momento que necesitaba un servicio meteorológico moderno e invirtió en satélites, radares y mucha tecnología". Fue en ese momento en el que se empezó a gestar lo que hoy en día es la Aemet. "Hasta ese momento nos dedicábamos a intuir, por lo que fue ahí cuando se construyó la idea de que no acertábamos nunca", dijo Del Pino.

El meteorólogo fue uno de los impulsores de la reforma de la agencia a partir de 2011, que llevó a la especialización de los centros por áreas de predicción, no por territorios: "Nos encontramos muchísima resistencia con ese cambio. Individual y cultural. No cabía pensar en este país que por ejemplo el Grupo de Predicción y Vigilancia de Valencia que había hecho siempre todas las cosas de Valencia hiciese la predicción a Cataluña". Del Pino considera que en la actualidad universidades, Puertos del Estado, empresas privadas o cualquier persona en su casa puede hacer meteorología con la tecnología que hay. Sin embargo, "nuestra fiabilidad todavía está lejos de su alcance".

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