El campo llora a Ciézar

  • El presidente de Asaja falleció ayer tras una enfermedad dejando tras de sí una larga lista de logros en beneficio de los agricultores de los que nunca quiso alardear

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Humilde, sensato, ameno, sin pelos en la lengua cuando se trataba de defender los intereses de los agricultores y, sobre todo, una excelente persona. Javier Ciézar Muñoz se marchó ayer para siempre siendo fiel hasta el final a los principios que han marcado su forma de entender la vida, con la más absoluta discreción y sin querer ser nunca el centro de todas las miradas. Pero por una vez no lo consiguió porque la noticia de su muerte cayó como un jarro de agua y fueron muchos los que lloraron la pérdida de este abogado nacido en Álora en 1941 que siempre ha estado entregado en cuerpo y alma al campo.

Un cáncer de pulmón ha acabado con su vida en apenas unos meses, poco tiempo después de que dejara la presidencia de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) de Málaga por la que hizo tanto a lo largo de su vida y donde ayer sus compañeros no encontraban consuelo. A Carlos Blázquez, que sustituyó a Ciézar en el cargo el pasado mes de mayo, ayer le costaba reprimir la emoción al hablar y recordar al que ha sido para él mucho más que un maestro. "Era una persona que se dejaba querer y nos va a costar mucho cubrir el hueco que ha dejado", dijo con la voz entrecortada.

Nunca le gustaron las medallas y tampoco se creyó nunca merecedor de ellas. Le gustaba trabajar en la sombra para no tener que enumerar los méritos que logró cosechar a lo largo de su vida. Su discreción a la hora de hacer referencia a su intachable trayectoria profesional hace que ahora tras su muerte no resulte tan fácil escudriñar en su biografía. Pero sí se sabe que pasó toda su vida pendiente de sis dos grandes aficiones: las leyes y el campo.

Ciézar estudió en Sevilla y se licenció en Derecho, en la rama agraria. Comenzó su carrera profesional como abogado en Málaga ocupando el puesto de asesor jurídico de la Cámara Agraria Provincial, cargo que mantuvo hasta la desaparición de esta antigua organización. Paralelamente, desde 1981 hasta 1991, fue secretario general de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM), donde desarrolló una intensa y activa labor de promoción del mundo empresarial y asociativo en la provincia.

Antes de Asaja, Javier Ciézar fue presidente de Asaga, como antes se llamaba el colectivo, y desde el año 1993 asumió la presidencia de la patronal agraria que dirigió con total entrega hasta el año pasado cuando decidió dar el relevo a las generaciones más jóvenes. Su pasión por el campo le venía desde pequeño. Su labor de jurista la compaginó siempre con la plantación de naranjas, limones y olivos, entre otros productos, en las tierras que heredó de su abuelo en su pueblo natal en pleno Valle del Guadalhorce y por las que siempre se desvivió.

El negocio familiar le llevó incluso a convertirse en socio fundador de Citrimasat, sociedad especializada en la comercialización de cítricos, fundamentalmente limones, donde consiguió aunar esfuerzos y abrir nuevos mercados para su producto en toda Europa. Dada su amplia y fructífera trayectoria de servicio a las organizaciones de Málaga y Andalucía, a lo largo de su vida también llevó a cabo iniciativas de todo orden para el fortalecimiento del mundo empresarial, la interlocución con las distintas administraciones públicas, y el diálogo y la concertación entre los agentes económicos y sociales.

Por eso ayer todos coincidían en que se trata de una de las personas que más ha contribuido a la paz social y el progreso económico y de la sociedad en general "siempre con vocación de servicio, espíritu asociativo y entrega al fin último del bienestar general". Entre otros muchos cargos, también ocupó la presidencia de Asaja Andalucía, fue vicepresidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA), miembro de la junta directiva de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), y vocal del comité ejecutivo de Cepyme. Todo un referente en lo profesional, pero mucho más en lo personal porque logró como nadie calar y ocupar un hueco en el corazón de todos los que lo conocieron.

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