La cantera de los creadores de videojuegos

  • Más de un centenar de jóvenes malagueños están creando juegos para PC o móvil y quieren vivir de ello Los venden en todo el mundo, pero necesitan marketing

Son jóvenes que rondan la treintena, tienen estudios universitarios y una pasión común: los videojuegos. Han disfrutado de todo tipo de consolas y ordenadores durante su niñez y adolescencia y ahora quieren dar el salto, creando sus propios juegos y, lo que es más importante, intentando vivir de ello a través de la constitución de empresas. Varios ya lo han hecho y otros están en el proceso.

El sector del videojuego ha cambiado por completo. Las multinacionales se siguen llevando el gato al agua, con grandes equipos formados por 200 ó 300 empleados que diseñan juegos para consolas que venden a unos 60 euros la unidad, pero la globalidad de internet también está permitiendo que cualquiera desde su casa pueda hacer un juego y venderlo. Hay plataformas como Steam, especializada en PC, en las que a cambio de una comisión un creador puede comercializar su juego en todo el planeta. Hay siete millones de jugadores diarios que pueden adquirirlo mediante descarga, aunque también hay mucha competencia pues se publican ocho juegos al día en esta plataforma, siendo el principal problema de los pequeños la visibilidad. Luego están las tiendas de teléfonos móviles y tablets, Android e IOS (Apple), en las que también se abren posibilidades de venta a escala planetaria. Plataformas y demanda hay, por lo que la clave es tener el dinero suficiente para invertir en marketing y que un juego tenga más tirón que otro.

En este escenario están luchando en torno a un centenar de jóvenes malagueños que sueñan con ganarse la vida desarrollando juegos. Cuatro de ellos son los hermanos Alberto, David y Alejandro Rico y Jesús Fernández, los fundadores de Rodaja. Uno ha estudiado Ingeniería de Software en la UMA, otro Bellas Artes, otro Diseño Industrial y otro Física. "Si sumas todo eso lo que salen son videojuegos", comentan entre bromas. En septiembre del año pasado, tras un año de trabajo, publicaron un juego para PC llamado Unfair Jousting Fair que se basa en justas medievales, pero con la particularidad de que los contrincantes van sobre un monociclo y usan todo tipo de instrumentos como armas, desde paraguas hasta lámparas. Lo venden en Steam por 4,99 euros y ya ha tenido 500 descargas, la mayoría de Estados Unidos y Rusia. Los números son claros. Por ahora, han obtenido 2.495 euros, una cantidad que han destinado a asistir a ferias empresariales del sector en Madrid, Granada o Jerez.

Obviamente les queda mucho para poder vivir de la empresa, pero como explica David Rico, "la idea no es pegar el pelotazo con el primer juego, sino hacerse un hueco porque es difícil. Ya hay gente que nos conoce, hay vídeos colgados en Youtube sobre el juego y queremos encontrar nuestro sitio en el mercado". Ahora están trabajando en un nuevo juego sobre arañas robóticas.

David Báez, Álvaro Anaya y Antonio Fernández constituyeron en abril la empresa A bonfire of soul. Uno es ingeniero informático, otro arquitecto y otro profesor de Informática en la UMA. Los tres se conocieron en el primer master de videojuegos de la universidad malagueña celebrado en 2014 y, de hecho, Fernández es su director. Báez cuenta que, aunque se ha pegado horas y horas jugando en su casa, "ahora me gusta más hacer el juego que jugar en sí, por lo que el trabajo se transforma en pasión". Están a punto de sacar al mercado Quest to Aztlan, un juego ambientado en los años 30 en el que hay que formar un grupo de expedición y llevarlo a la jungla para encontrar una ciudad mitológica. "Íbamos a dedicarle dos meses y ya llevamos ocho de ejecución", explica Anaya, quien asegura que saldrá a la venta a finales de mayo en Android e IOS por 2,99 euros. Mientras tanto, aparte del desarrollo de videojuegos están dando clases tanto en el master de la UMA como a alumnos de instituto "porque este es un campo de formación que está prácticamente desierto", exponen.

En Quest to Aztlan está colaborando Elena Blanes, la propietaria de Stega. Estudió ingeniería técnica industrial en la universidad malagueña y trabajó en una oficina técnica durante un año y medio. Pero no le llenaba, por lo que se lió la manta a la cabeza, dejó su empleo en plena crisis, estudió un Master de Dirección de Empresas en Esesa, se hizo autónoma y se está dedicando a lo que siempre le ha gustado: los videojuegos. "A los nueve años me regalaron una Megadrive y desde entonces me encantan", dice sonriente.

Desarrolla dos áreas de actividad. Por una parte crea juegos propios que ella misma publica. El primero se llamó Ale´s Story, basado en un niño que pierde su mascota mágica y debe encontrarla. Está gratis en Android desde 2014 y ha sido descargado en 5.000 ocasiones, mientras que en IOS cuesta 99 céntimos. También se pueden encontrar en estas plataformas otros cuatro juegos de Stega de realidad aumentada, Halloween o uno, digamos, navideño en el que Papá Noel mata duendes. Todos están en Android y son gratuitos, por lo que recibe ingresos a través de publicidad. Por otra parte, también hace juegos y aplicaciones a medida para clientes, tanto empresas como usuarios finales. Le han encargado una aplicación turística para la abadía de Notre Dame en París.

Manuela Ruiz y Francisco Moyano han estudiado también informática en la UMA, están especializados en inteligencia artificial y seguridad, y se han lanzando a crear videojuegos a través de la firma Talestudios. En 2014 hicieron un juego para IOS llamado Chubby Buddy que tiene más de 700 descargas y en 2015 han lanzado Limball en Android e IOS con 1.200 descargas. "Pero esto era solo por ocio y por aprender", afirman. Su mayor ilusión es Breaking Fast, un juego para PC en el que varios elementos del desayuno compiten en una carrera. Acaban de presentar una primera versión en la Pax East 2016 de Boston, una de las mayores ferias del mundo de videojuegos independientes y quieren publicarlo en Steam después del verano. Regresaron de Boston con el apoyo de muchas personas que están esperando que el juego salga a la venta.

Todos estos jóvenes forman parte de la asociación MálagaJam, que se constituyó en julio del año pasado y que cuenta en la actualidad con 43 socios. Cada uno hacía juegos en su casa, pero varios se conocieron y decidieron unirse para crecer juntos como cantera, pues en Málaga hay empresas como Altivasoft o Chili Kids que tienen un mayor rodaje en el sector del videojuego. Cada mes hacen un acto, siendo el más sonado el Jam, un encuentro en el que se juntan muchos jóvenes y se marcan el reto de crear un videojuego por equipos en 48 horas. Ya han organizado cuatro y en enero participaron en el Global Game Jam, el mismo acto a escala mundial. Málaga fue la segunda provincia española con mayor asistencia -con 100 participantes- tras Barcelona, aunque 40 se quedaron fuera por falta de espacio por lo que hubiera podido superar a la ciudad condal. En julio será la próxima Jam en un edificio que les ha cedido Promálaga en la calle Álamos para estos eventos y en el que también incubarán a varios emprendedores de videojuegos en un proyecto junto a la Escuela de Organización Industrial.

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