El centro que ven los turistas

  • Un paseo por los enclaves más emblemáticos del casco antiguo de Málaga revela el estado de abandono en el que se encuentran unos edificios que llevan años esperando la prometida rehabilitación

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Llevan años abandonados a su suerte y a la espera de que algún promotor se decida a salvar lo poco que ha respetado el irremediable paso del tiempo. Apenas se mantienen en pie gracias a aparatosos andamiajes y vallas de cemento que soportan la fachada y estructura de edificios emblemáticos que otrora fueron la insignia del centro histórico de la ciudad. Su estado ruinoso es la estampa con la que se encuentran los turistas que se adentran en el entorno de algunos de las zonas más visitadas del casco antiguo y que lamentablemente es la imagen con la que algunos se van.

La degradación que sufren calles enteras del centro histórico como Beatas o Tomás de Cózar, a escasos metros de las transitadas plazas Uncibay y de la Merced, son ya todo un clásico del abandono al que durante años ha estado sometida esta parte de la ciudad. Tras interminables años de protestas por parte de vecinos y comerciantes, al fin parece que tendrán su merecido lavado de cara gracias al proyecto de rehabilitación que está acometiendo el Ayuntamiento de Málaga.

Pero existen otros casos no menos flagrantes y que llevan años esperando una decisión sobre su futuro. Justo detrás de la casa natal del pintor Pablo Picasso, en la calle Pasaje de Campos, hay uno de ellos. Ya sólo queda la fachada y la crujía de madera que la soporta porque están protegidas después de que un incendio provocado por los numerosos okupas que durante años fueron sus únicos inquilinos acabara por convencer al promotor de que debía derribar lo que quedaba de estos dos edificios antes de que se produjera un mal mayor y que se había convertido en un foco de suciedad e inseguridad al que los vecinos pidieron en reiteradas ocasiones que se le pusiera fin. Pero el hallazgo de la base de una torre defensiva, parte de la antigua muralla árabe de la ciudad e incluso restos de un cementerio de la época, dieron al traste con la idea inicial del promotor de levantar un edificio de viviendas con dos plantas subterráneas para garajes.

El proyecto de un hotel se planteó como alternativa, pero al final también se descartó por los impedimentos de la Gerencia Municipal de Urbanismo y ahora parece que otra vez se está optando por un edificio de viviendas que aún no tiene fecha para empezar. Si no se agiliza el comienzo de estas obras, pronto puede que haya poco que proteger porque las últimas lluvias han hecho que parte de la crujía esté cediendo y fueron los vecinos del edificio contiguo los que tuvieron que dar aviso a Bomberos para que realizaran un informe sobre el riesgo de derrumbe de la fachada.

La lentitud administrativa a la hora de reflotar proyectos de rehabilitación como éste no es siempre, según el concejal de Urbanismo, Manuel Díaz Guirado, el motivo. "En muchos casos el retraso se debe al propio promotor que en tiempos de crisis puede que se eche hacia atrás o a la aparición de restos arqueológicos que obliga a paralizar todo hasta que la Junta de Andalucía dé el visto bueno", explicó.

Es lo que ha ocurrido en el Palacio del Marqués de la Sonora, ubicado en la calle Granada, una de las más transitadas por los turistas que visitan la ciudad camino de la Plaza de la Merced o el Museo Picasso. Lleva años vallado y el hotel de cinco estrellas que Salsa proyectaba levantar en este emblemático edificio, del que hay que conservar la fachada original, sigue lejos de convertirse en una realidad. También el hallazgo de un muro de época romana ha sido la causa. Las excavaciones arqueológicas han durado más de un año y medio y han costado a la empresa unos 600.000 euros extra.

El problema es que en tiempos de crisis es ahora el operador hotelero Hospes, que es quien iba a gestionar el futuro establecimiento, el que muestra sus reticencias para seguir adelante con un proyecto que tiene más de cuatro años de retraso, según informaron fuentes cercanas.

En la misma calle Granada la imagen de edificios ruinosos y vallados durante años se repite con demasiada frecuencia. Tan cerca del Museo Picasso y con tanto que esconder a los turistas que pasan por delante de la valla que protege del abandono que sufre el entorno donde el Ayuntamiento prevé construir una oficina de Turismo y la futura plaza de la Nieve.

Cualquier turista que se dé un paseo por las calles del casco antiguo se preguntará por qué edificios tan emblemáticos como el antiguo hospital de Santo Tomás o el convento y colegio de San Agustín están semiabandonados y en desuso. El primero, ubicado frente al Sagrario de la Catedral de la ciudad, lleva años cerrado a cal y canto después de que el desahucio del último inquilino que aún vivía en su interior dejara vía libre para su rehabilitación.

La fundación que regenta este edificio, fundado en 1505 como un centro dedicado a la atención sanitaria de los más pobres y que el fuerte terremoto que sufrió la ciudad en la noche del 24 de diciembre de 1888 estuvo a punto a tirarlo abajo, tenía previsto cederlo a alguna entidad para su rehabilitación. Entre los aspirantes se encontraba la Fundación Unicaja, aunque nunca se llegó a concretar su futuro. En el caso del antiguo convento de San Agustín, que también fue en su día sede de la Facultad de Filosofía y Letras y taller del padre de Picasso, también tiene un futuro incierto. Se llegó a proponer como sede del Museo de Bellas Artes, aunque hace siete años se decidió que su fin definitivo sería el de acoger los fondos de la Biblioteca Provincial que estaban en la desaparecida Casa de la Cultura. Tras más de una década en desuso, el proyecto sigue paralizado por la lentitud burocrática que está agravando seriamente su deterioro.

El solar sobre el que la promotora Baensa proyecta un edificio de viviendas en la calle Tejón y Rodríguez también presenta un aspecto fantasmagórico sostenido sólo por una fachada protegida que hay que conservar. De nuevo, los restos arqueológicos y el lento peregrinar administrativo han obligado a malagueños y turistas a presenciar durante años el deterioro de una zona tan transitada de la ciudad. El problema va más allá de que los promotores están optando por invertir su dinero en otro lugar sino que los turistas no merecen llevarse esa imagen de la ciudad.

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