La ciencia de la infidelidad

  • Investigaciones de la Facultad de Psicología concluyen que las mujeres sufren más las deslealtades de la pareja, pero también advierten que los hombres empiezan a preocuparse por el engaño emocional y no sólo el sexual

La infidelidad le duele más a la mujer. Da igual que el engaño sea sexual o emocional. Las diferentes corrientes psicológicas que han estudiado la reacción ante las deslealtades en la pareja coinciden en este punto. En lo que ya no existe consenso es en cómo digiere el hombre la traición.

Jesús María Canto, profesor de Psicología de los Grupos de la Universidad de Málaga, investiga desde hace una década los celos normales, o sea aquellos que cualquier individuo puede sufrir a lo largo de su vida y que en ningún caso alcanzan el grado de psicopatología. Dentro de este campo ha analizado también las actitudes ante las infidelidades y ha comprobado que la reacción emocional de las mujeres es más negativa en un escenario hipotético de infidelidad. Sufren más el engaño sexual frente al hombre, pero, sobre todo, sufren más el engaño emocional. Sin embargo, los estudios del profesor Canto no son tan concluyentes cuando analizan la reacción masculina.

Dentro de la Psicología los seguidores de la teoría evolucionista sostienen que el hombre encaja peor el engaño sexual que el emocional por mera predisposición genética. Este fenómeno, de acuerdo con este postulado, está relacionado con la procreación y se explica atendiendo a una supuesta naturaleza masculina más promiscua por la necesidad de perpetuar sus genes y más frágil ante el engaño sexual porque el hombre estaría llamado a garantizarse esa paternidad y a tener la certeza de que el esfuerzo que realiza para mantener la prole lo hace realmente en sus propios genes.

El comportamiento sexual de la mujer también está orientado, de acuerdo con los evolucionistas, a la reproducción de la especie, pero mientras en la estrategia sexual del hombre prima la cantidad, la mujer opta por aquellas relaciones que le aseguren la probabilidad del éxito reproductivo y alejen amenazas para sus crías. Y el principal peligro es que la pareja desvíe recursos hacia las crías de otras mujeres, de ahí que los celos femeninos se desaten por la infidelidad emocional antes que por la sexual.

Pero esta manera de entender las reacciones por sexos no es compartida por los psicólogos que siguen la corriente cognitivo culturalista en la que Jesús María Canto se encuadra. Esta manera de observar los comportamientos se aleja de planteamientos genéticos para sostener que las diferencias entre hombres y mujeres responden al proceso de socialización. Es decir, la cultura determina las condiciones que generan los celos y sus respuestas.

Así en el hombre influiría más una cierta cultura del honor y una sociedad que a duras penas se sacude el argumento de la pasión para justificar la violencia de género. No en vano el Código Penal español de 1944 despenalizaba el uxoricidio, o sea el asesinato de la esposa o hija menor de 23 años cuando fueran sorprendidas en flagrante infidelidad, al tiempo que penalizaba el adulterio femenino.

Canto ha estudiado estos comportamientos con grupos de hombres y mujeres de Málaga, Cuba y Chile y ahora trata de ampliar el campo de investigación a Finlandia. En un informe publicado en la revista Estudios de psicología el año pasado confirmaba que efectivamente la infidelidad sobre todo emocional pero también la sexual provoca mayores estragos en la mujer que en el hombre: sentimientos de celos, decepción, depresión, falta de motivación e infelicidad, entre otros. Además es más proclive al pensamiento rumiativo, o sea, que le da más vueltas al asunto.

Sin embargo, en las respuestas masculinas halló muchísima variabilidad. Así, al pedir a los participantes en las encuestas que valoraran entre un punto y 100 el daño que les podría ocasionar la infidelidad emocional las mujeres señalaban 87 puntos y los hombres 81, mientras que en el caso del engaño sexual la puntuación femenina era de 84 y la masculina de 78.

Frente a esta homogeneidad en las respuestas cuando distinguía entre quienes primaban la sexualidad frente a la emocionalidad en sus relaciones observó que el 70% de los hombres se confesaba más afectado por el engaño físico, frente a un 29% de mujeres.

Estas variaciones obedecen, de acuerdo con la teoría de Jesús María Canto, a que en los hombres en este momento "se dan presiones sociales para que consideren tanto los aspectos emocionales como los sexuales, trastocándose el rol masculino tradicional, mientras que en las mujeres sigue perpetuándose el rol tradicional", de modo que se espera de ellas que sean eminentemente emocionales y son mal consideradas socialmente si se muestran explícitamente sexuales.

Para aclarar esta confusión de los datos que generan los estudios, Canto entiende que las investigaciones científicas que se realizan deberían ir más allá de analizar la infidelidad en muestras de población en las que predominan los estudiantes, como sucede en la actualidad, y analizar "más sistemáticamente las reacciones de personas que padecen o han padecido" infidelidades, complementando los datos con registros fisiológicos y métodos en los que no sólo primen las diferencias entre hombres y mujeres.

Además, advierte del riesgo "político" que entraña comparar la conducta entre hombres y mujeres porque "puede ser utilizado como argumento para legitimar la desigualdad de la mujer".

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