La ciudad unida en un adiós imposible

  • La vida política, cultural y cofrade de Málaga y Andalucía despidió ayer en Parcemasa a Antonio Garrido Moraga

El comentario era prácticamente unánime entre todos los asistentes: más allá del dolor por la pérdida, del hueco que queda tras la despedida, el hecho de asistir al funeral de Antonio Garrido Moraga, fallecido el lunes a los 63 tras no superar un ictus sufrido hacía dos meses, revestía demasiadas paradojas, como una ceremonia soñada, surreal. Fue el profesor, catedrático, crítico, ex concejal en el Ayuntamiento de Málaga, ex director del Instituto Cervantes en Nueva York, portavoz del PP en el Parlamento Andaluz en materia cultural y director de la Fundación María Zambrano, entre otras muchas cosas, un hombre lleno de vida como pocos, que invertía un inmenso caudal de energía y existencia en todos y cada uno (tantos, al cabo) de los proyectos en los que se implicaba. Pocos como él adaptaron tan bien su quehacer a aquel otro epitafio pessoano: "Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas". Antonio Garrido Moraga y la sola idea de la muerte resultaban antagónicos hasta el oxímoron, de modo que entre quienes le conocieron un adiós nunca podía ser del todo un adiós. Así que eran ayer en Parcemasa muchos quienes afirmaban estar allí "como si esto en realidad no estuviera pasando". Después, claro, la realidad impuso su criterio. Tras su fallecimiento, Antonio Garrido Moraga fue objeto de una multitudinaria despedida en la que se dio cita la Málaga (y también buena parte de la Andalucía) política, cultural, universitaria y cofrade, pero también la cívica, la amiga, la más cómplice, la más implicada. La que más se quiere a sí misma en cada envite.

Acudieron al funeral el presidente del Parlamento Andaluz, Juan Pablo Durán; el consejero de Empleo de la Junta de Andalucía, Javier Carnero; el presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla; la secretaria general del partido, Dolores López; la portavoz popular en el Parlamento, Carmen Crespo; el subdelegado del Gobierno, Miguel Briones; el presidente de la Diputación, Elías Bendodo; el delegado del Gobierno Andaluz en Málaga, José Luis Ruiz Espejo; la diputada en el Congreso Celia Villalobos, quien contó con Garrido Moraga como concejal en su etapa como alcaldesa; el portavoz socialista en el Ayuntamiento de Málaga, Daniel Pérez; y varios alcaldes de la provincia, como el antequerano Manuel Barón. El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, no pudo asistir finalmente dados los compromisos contraídos en la actual edición de Fitur en Madrid, pero sí acudieron viejos compañeros de la política que compartieron oficio con Garrido Moraga, como Joaquín Marín, Ildefonso Dell'Olmo y Francisco Oliva. También presentó sus respetos, aunque antes del funeral, la consejera de Justicia e Interior, Rosa Aguilar, quien mantuvo siempre una buena (y provechosa para Málaga) relación personal con Garrido Moraga durante su etapa en Cultura a pesar de su adscripción a signos políticos distintos. Tampoco faltó la ex consejera de Educación, Adelaida de la Calle, junto al vicerrector de Política Institucional, Juan Antonio García Galindo, entre otros representantes del mundo universitario.

Quedó reafirmado ayer el hombre sabio, el promotor incansable, y también el amigo

En cuanto al ámbito cultural, asistieron responsables de museos como José Lebrero, director del Museo Picasso Málaga; el director de la Agencia para la gestión de la Casa Natal de Picasso y otras instituciones museísticas, José María Luna; y la directora del Museo Carmen Thyssen, Lourdes Moreno. Acudieron igualmente el director del Centro Andaluz de las Letras, Juan José Téllez; el director del Centro Cultural de la Generación del 27, José Antonio Mesa Toré; escritores como Aurora Luque, Pablo Aranda, Antonio Abad y los académicos de San Telmo José Infante y Francisco Ruiz Noguera, entre otros. El mismo presidente de la Academia de Bellas Artes de San Telmo, José Manuel Cabra de Luna, estuvo igualmente en la despedida, así como otros académicos como Pedro Rodríguez Oliva y Francisco Javier Carrillo.

Respecto al mundo cofrade, destacó la presencia del presidente de la Agrupación de Cofradías, Pablo Atencia, y del hermano mayor de la Archicofradía del Paso y la Esperanza, Carlos López Armada. Aunque tal vez el gesto que con más elocuencia habló de la querencia cofrade de Antonio Garrido Moraga fue la imagen del Nazareno del Paso y de la Virgen de la Esperanza que coronó la capilla del cementerio durante la eucaristía presidida por el sacerdote Rafael Pérez Pallarés. Todos ellos acompañaron a la viuda, Sonia Hurtado, y a sus hijas, Laura y Mencía, en una despedida que no por multitudinaria resultó menos dolorosa. Pocos han contribuido al desarrollo de la Málaga contemporánea en frentes tan distintos como Antonio Garrido Moraga; por eso, hablar en este caso de una figura insustituible no significa, ni mucho menos, incurrir en el tópico.

Entre todos los presentes abundaban los comentarios sobre la sabiduría proverbial de Garrido Moraga, su cultura enciclopédica, su capacidad para improvisar un discurso sobre prácticamente cualquier asunto, más divino, más humano, con apabullante solvencia. Pero no se le recordará menos por su capacidad de gestión, su capacidad de materializar ideas y de llevar a buen puerto los proyectos a priori más complejos. Quedará, también, el amigo. Todo terminó ayer con la certerza de que Garrido Moraga habría hecho gala de su humor. De su amor a la vida.

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