Cuando la decisión pasa por adoptar

  • Una pareja con problemas para concebir viajó hasta Rusia para dar un hogar a un bebé de 20 meses

El fin último del acogimiento familiar es el regreso del menor a su familia de origen (siempre que sea posible), algo que no ocurre en otros casos como la adopción, puesto que el vínculo con los padres biológicos prácticamente se extingue. La imposibilidad de tener hijos o los problemas de fertilidad suelen estar detrás de la decisión de hacerse cargo de un niño desamparado.

Según datos del Servicio de Adopción Internacional de la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social, la mayoría de los menores adoptados en los últimos cuatro años proceden de China y Rusia. A este último grupo pertenece el que desde hace 10 años vive con José y su pareja. "Intentamos tener hijos biológicos pero no venían y decidimos adoptar un niño. Elegimos Rusia entre distintas nacionalidades. En tres o cuatro meses ya teníamos un aviso. Fue todo muy rápido", recuerda el padre.

Un año después tomó un vuelo junto a su mujer hacia Moscú para ir a verlo. Había llegado el momento. "Durante las ocho horas que duró el trayecto, soñábamos con la cara de nuestro niño. Cuando lo conocimos, teníamos el vello de punta; la experiencia fue extraordinaria. Una vez finalizados los trámites, fuimos a recogerlo a Siberia. Tenía un año y 10 meses", cuenta José, que cifra en unos 20.000 euros el coste total que, entre los dos vuelos al extranjero, certificados e informes psicológicos le supuso la adopción.

Pero mereció la pena. El matrimonio volvió "loco de alegría" a España. "Me pareció curioso que nos dieran la opción de cambiarle el nombre al niño e incluso la fecha de nacimiento. Preferí conservar sus datos. Ya sabía que iba a estar conmigo el resto de mi vida", destaca el padre.

Apenas habían transcurrido dos años cuando José y su mujer decidieron separarse. "El niño, que ahora tiene 11 años, ha sido lo mejor de aquella relación. En el curso para la declaración de idoneidad que realizamos, aprendí que la adopción no se lleva a cabo porque los menores necesitan una familia, sino porque uno está convencido de que quiere tener un hijo", resalta el progenitor.

El pequeño, que aunque todavía no hablaba entendía bien el ruso, aprendió español con facilidad. Tiene dos hermanos más. De ellos, uno fue también adoptado por una familia en California, mientras que el otro falleció. Los servicios sociales facilitaron a su familia adoptiva una "referencia aproximada" del niño y su historial médico, aunque, eso sí, de sus padres biológicos solo saben el nombre y los apellidos.

José, que ahora tiene una niña de 5 años fruto de otra relación, no ha ocultado a su hijo en ningún momento sus orígenes. "Hablamos del tema con normalidad. Ha visto fotos de la guardería estatal en la que estuvo hasta que lo adoptamos y sabe que puede volver cuando quiera a su país de nacimiento", expresa su padre, quien recalca que adoptar "no es un capricho", pero lo recomienda incluso a las parejas con hijos biológicos.

La adopción internacional se erige en un recurso excepcional y permanente para menores que, por diversas razones, no pueden ser cuidados por sus propias familias, ni tampoco en su país. Para poder optar a este procedimiento, es necesario ser mayor de 25 años y tener, al menos, 14 más que el menor adoptado. Si se trata de una adopción por parte de una pareja, es suficiente con que uno de ellos cumpla dicha condición. A esto se suman los diversos requisitos exigidos por el Estado de origen del menor que se pretende adoptar.

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