La democracia contra los pueblos

  • El sociólogo francés Alaine Touraine y el ex director de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, claman contra la perversión de la democracia por parte unos estados convertidos en "consorcios mercantiles"

Primera reflexión: primera vez en la Historia Moderna, los diferentes sistemas de poder "no controlan solo los recursos económicos, sino también las subjetividades". Son poderes totales que "crean y controlan imágenes, sistemas de decisiones y de representación política".

Segunda reflexión: "La democracia ha terminado". "Una mayoría legislativa es la antítesis de la democracia". "Los estados han sido sustituidos por grandes consorcios internacionales", pero "se avecina la democracia genuina", la de los pueblos. "Porque sino hay evolución, habrá revolución".

Ambas reflexiones no corresponden a ningún antisistema, sino a dos de los intelectuales más significativos y preclaros del panorama europeo: el sociólogo francés Alain Touraine y el ex director de la Unesco y presidente de la Fundación Cultura de Paz, Federico Mayor Zaragona. Ambos han participado en el curso ¿Identidades conflictivas o convivencia?, dirigido por el catedrático francés Sami Nair para la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA).

Alaine Touraine, nonagenario, sagaz y deslumbrante, invitó a observar el mundo actual desde una perspectiva integradora y global, que supere la visión de las religiones y las ideologías propuesta por la corriente neocon. Aludió a las "referencias universalistas" comunes a la sociedad china, americana, musulmana o europea y a los conflictos sociales derivados del uso que hacen los dirigentes de esa cultura compartida, porque "una característica de nuestro tiempo es que cuanto más fuerte es la creatividad de una sociedad, más fuerte es la separación entre dirigentes y dirigidos".

Aludió, por ejemplo, a la profunda desigualdad que caracteriza a las sociedades capitalistas, pero también a la rusa y china. Frente al poder total "que intenta controlar el espíritu y no solo el cuerpo, no basta oponer los derechos civiles, políticos, sociales y culturales", por eso reivindica una vuelta al "concepto sujeto, a los seres humanos".

En este sentido, aludió a los nuevos movimientos sociales que él denomina "ético democráticos" que devuelven al epicentro los derechos fundamental: la libertad, la igualdad y la dignidad.

A partir de este punto Touraine hizo un repaso por las grandes cuestiones de oriente y occidente originadas por la dualización de sus sociedades. En el caso de los países árabes subrayó que el "fracaso de la construcción nacional" y de su modernización política y económica tras la II Guerra Mundial derivó en la dualización de la sociedad que ha tenido su máxima expresión en la organización Estado Islámico donde la umma o comunidad de creyentes ha sustituido el concepto de estado. No obstante, se apresuró a subrayar que el problema en Iraq, Siria, en Egipto, Yemen, Barhein o cualquier otro país musulmán ni es internacional ni es interreligioso, sino intracontinental e intrareligioso: se libra en el propio territorio entre suníes y chiíes con un impacto que supera el del conflicto entre Palestina e Israel.

Mientras, en Europa, la globalización ha cambiado el debate norte sur por la dualización entre metrópolis y periferias. Argumentó, por ejemplo, cómo el Frente Nacional se nutre en Francia de obreros, jóvenes y pequeños empleados. De la misma manera el Partido Nacional Escocés recoge fundamentalmente el descontento de los obreros de la industria regional o Podemos, en España, se hace eco de la indignación de la sociedad española.

Federico Mayor Zaragoza contrapuso la figura de los estados "convertidos en grandes consorcios mercantiles" frente a los pueblos. Lamentó que la acción de los estados se circunscriba a argumentos económicos, ya sea para arrumbar el riesgo que representa el cambio climático o para valorar la calidad de su sistema educativo, mientras "los pueblos han sido excluidos". Desde su punto de vista, esta realidad responde a la actitud de Estados Unidos "que piensa lo mismo desde hace 100 años" y a una Unión Europea a la que únicamente le interesa la política monetaria.

Por una parte recordó la línea de pensamiento y de acción mantenida desde que el presidente Woodrow Wilson promovió tras la I Guerra Mundial la Liga de Naciones pero la mayoría republicana en el Senado impidió la adhesión a aquel organismo que debía velar por la paz. En los años 80 Estados Unidos abandonó la Unesco y ni siquiera ha firmado la Convención de los Derechos del Niño. La progresiva desaparición del protagonismo de los pueblos frente a los gobiernos ha tenido su máxima expresión en la creación de "grupos plutócratas" como el G-7 ó G-20 que han acabado asumiendo el rol que le correspondía a Naciones Unidas, "y lo que es peor sustituyendo los valores por los valores bursátiles".

Mientras, "Europa no es una unión política ni económica, sino monetaria", cada vez más dirigida por Alemania ante "el déficit de liderazgo francés". Lamentó que las instituciones europeas sigan al milímetro las posturas más neoliberales, sin ningún interés en corregir el tiro cuando Estados Unidos, bajo la Administración de Barack Omaba, invirtió 300.000 millones de dólares hace tres años y David Cameron destinó otros 70.000 millones de libras a inversiones dirigidas a estimular la economía británica. "Ha habido alternativas, pero nosotros hemos seguido la línea dramática de hacer las cosas", subrayó.

Esta imposición de lo económico frente a lo social, sumada a asuntos como la corrupción han desembocado en la apatía "articulada a través de un poder mediático inmenso", que "responde a la voz de su amo" y que hace una gran "demostración de fuerza para distraernos".

Este retrato de la sociedad actual y sus acontecimientos, sin embargo, no resta un ápice de optimismo al exdirector de la Unesco, catedrático de Bioquímica, cofundador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y exrector de la Universidad de Granada, que finalizó su intervención en Málaga con un mensaje para el optimismo, porque la "democracia genuina", que hace que "lo económico se subordine a lo social" llegará "en muy pocos años" gracias, en gran medida, a la conciencia global, la libertad y la capacidad de expresión a través de los nuevos canales que proporciona la tecnología y el cada vez mayor protagonismo de las mujeres.

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