Unos deseos para 2008

CONFORME van llegando estas fechas, tenemos la extraña costumbre de evaluar las acciones que hemos realizado durante todo el año.

Miramos a los demás y evaluamos lo que otros han conseguido, lo que han hecho, lo que han obtenido e incluso nos permitimos la licencia de cuestionar como deberían haberlo realizado.

En el extraño paso de los días, tenemos la idea que los ciclos se cierran en diciembre y que las acciones acometidas o por realizar tienen un principio y un final.

Y no se es mejor persona por sentirnos bien por lo que hacemos, sino por poner soluciones a lo que de una manera u otra nos afecta a nosotros o a quien está cerca.

Y cerca de nosotros están las personas, sea cual sea su condición, y por raro que nos parezca no somos mejores que los demás, somos iguales.

No basta con hacer lo que pensamos, no basta con hacer lo que creemos que está bien. Todos tenemos la oportunidad de contribuir a la sociedad aportando un granito de arena, para construir un mundo más sensible, más amable, mejor para todos.

Y en la memoria de actividades de nuestro año, nos queda siempre una asignatura pendiente. Nos queda todo aquello que no sabemos hacer, nos queda todo aquello que consideramos lejano.

Tender la mano a quien lo necesita, sonreír a quien tiene un mal día, comprender a quien no entiende, siempre dentro de nuestras posibilidades. Sabiendo que nuestros límites se encuentran allí donde jamás hemos estado, comprendiendo que nunca sabremos si podemos hacer algo sino lo intentamos.

Por todo ello, no me siento realizado por las acciones que he llevado a cabo, sino que pienso que debería poner solución a lo que por omisión dejé sin hacer, por no saber, o lo que es peor, sabiendo, por mirar hacia otro lado.

Y no quiero volver a mirar hacia otro lado, quiero que 2008 no comience el 1 de enero, quiero que 2008 sea la oportunidad que nos dan a todos para seguir luchando por quien no puede, por seguir trabajando aunque en mi lista de tareas, la dieta o el gimnasio ocupen los primeros lugares.

Me sentiría mejor si en mi lista de deseos para este nuevo año, recordase la lista que realizaba cuando era crío, cuando mis necesidades básicas estaban cubiertas, cuando mi inocencia me permitía pedir sólo por el bien colectivo. Por la paz, por el amor, por la felicidad, por el hambre del mundoý

A mis treinta y tantos, y por solo un momento, cerraré los ojos, volveré a mi infancia, y comenzare mi carta a los Reyes Magos, pidiendo que todos hagamos lo posible por considerar a las personas como tales, y deseando que el paso de los días, de los meses y de los años me permita ver como las personas con discapacidad estamos en la sociedad en igualdad de condiciones, demostrando nuestras capacidades.

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