educación

Un ecosistema en la botella

  • Alumnos del instituto Mare Nostrum trabajan la asignatura de Biología con el proyecto Gusarapos, que pretende hacer la ciencia más accesible a través de la práctica en el laboratorio

Ecosistemas creados en botellas recicladas en una clase de primero de Secundaria del IES Mare Nostrum. Ecosistemas creados en botellas recicladas en una clase de primero de Secundaria del IES Mare Nostrum.

Ecosistemas creados en botellas recicladas en una clase de primero de Secundaria del IES Mare Nostrum. / reportaje gráfico: javier albiñana

Botellas de plástico reciclado, grava, sustrato de jardinería, arena y materia orgánica, es decir, compost casero. Con estos materiales y agua para humedecerlos, los alumnos de primero de Secundaria del IES Mare Nostrum están construyendo sus propios ecosistemas para estudiar la descomposición. Tras las pruebas piloto realizadas en el instituto Cartima, ayer fueron ellos los primeros en poner en marcha el proyecto Gusarapos, ideado por el naturalista Iván Salvia. Con este programa basado en Bottle Biology, de la Universidad de Wisconsin, pretende hacer la ciencia más accesible a los escolares de cualquier edad. Y nada mejor que tocar y manipular con las manos, ver con tus propios ojos y cambiar el pupitre por el laboratorio para un aprendizaje más activo y, por tanto, más eficaz.

"No solo se trata de escuchar como en cualquier otra clase, sino de llevar a la práctica el proceso", dice María Navas, profesora de Biología. "Aunque en el laboratorio es difícil trabajar con tantos alumnos, pero ellos realmente aprenden más porque usan más sentidos", agrega y subraya que trabajar por proyectos supone invertir el proceso y "llegar desde la práctica a los conocimientos teóricos". Durante tres o cuatro meses trabajarán en el proyecto Gusarapos. En cuanto a contenidos, el ecosistema, sus partes y el proceso de descomposición de la materia orgánica son el pilar del proyecto. A esto se sumarán los organismos implicados en el proceso, el ciclo del agua, el suelo y sus propiedades.

La descomposición según los elementos que intervienen es lo que analiza el experimento

"Lo primero que han hecho ha sido la columna de descomposición con grava, sustrato y arena", explica Iván Salvia. Después, con los vasos medidores añaden un compost de estiércol, caña triturada y patatas. "A esto se añade medio litro de agua y se deja que filtre", agrega Iván. Así, con tres botellas cortadas, cada grupo de cuatro alumnos pone en marcha su experimento. En la siguiente sesión se añadirá la carga biológica. Luego se hará un seguimiento semanal, se recogerán datos en una tabla, como por ejemplo la cantidad y el aspecto de la materia, la temperatura y el ph, y se pondrán en común los resultados obtenidos según las distintas variables, ya que cada botella tendrá unas características diferentes precisamente para observar sus cambios.

"Queremos que se aplique el método científico en el aprendizaje y para eso lo mejor es el trabajo en el laboratorio", considera el naturalista, que puede diseñar experiencias científicas a medida. De hecho, para Bachillerato está desarrollando un proyecto didáctico sobre agricultura in vitro. Bajo su cámara de aumento, las lupas o los binoculares se observan ácaros, enquitreidos, cochinillas y lombrices rojas de California. "Ordenaremos los contenidos del curso en función de cómo avance el proyecto y lo interesante sería que fuese lo más trasversal posible, que se implicasen otras materias como Matemáticas, Lengua o idiomas", considera la profesora de Biología.

"Buscamos hacer la ciencia accesible, de esta forma ellos se convierten en investigadores", comenta el naturalista a la vez que apunta que diseñan "experiencias adaptadas a los objetivos didácticos de cada etapa". Además de ofrecer el proyecto completo, dan la posibilidad de proveer tan sólo de materiales si la estructura didáctica ya la tiene marcada el docente. "Es muy importante que haya una empresa que ya tenga un proyecto preparado, desde el planteamiento a los materiales necesarios para trabajar", considera María Navas. Además, "si el alumno tiene interés no es difícil reproducir el experimento en casa", agrega Salvia. Otra de las ventajas, apuntan monitor y docente, es que "las posibilidades son infinitas, pueden acabar dentro de tres o cuatro semanas cuando la materia orgánica ya esté irreconocible o prolongar más y seguir estudiando la fauna".

El ajetreo en el laboratorio es tremendo y todos participan. Miden, comprueban, acuden a la mesa del monitor a por material y se manchan las manos en una actividad que parece motivarles. En cada equipo uno de ellos será responsable del material, otro de tomar las notas, otro de realizar un pequeño informe semanal y el cuarto de las imágenes del proyecto. "Tenemos poco tiempo para trabajar y muchos contenidos que dar, por lo que en general se va poco al laboratorio, además del trabajo previo que requiere y la participación de todos los alumnos, pero creo que todos deberíamos de proponernos venir más al laboratorio", estima esta profesora que ha llegado al IES Mare Nostrum este curso. Sus alumnos de 12 años agradecerán la apuesta por enseñar a través de un contacto más cercano con la naturaleza.

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