Del engaño a la mudanza obligada

  • Una familia humilde del barrio de El Perchel vive dos desahucios en el mismo año

Esperanza Pérez no sabe ya dónde colocar sus cosas. Desde que se vio obligada a vivir con su madre y su hermana, tiene todos sus enseres en el portal del bloque donde ahora reside. Somier, ropa, muebles... todo está repartido por la entrada. Tras muchos años protestando por la situación de su vivienda de alquiler ubicada en calle Ancha del Carmen, un "desahucio exprés" la sacó de su casa y, sin trabajo, buscó refugio con su familia.

Cerca de su casa se encontraban, en la calle Peregrino (también en El Perchel) sus familiares. Pero lo hacían tras ser engañadas. Según relata Auxi Pérez, ellas vivían en la vía Cuartelejo de la misma barriada. Cuando su hogar empezó a tener problemas estructurales, la empresa propietaria les pidió que alquilasen otra casa durante cinco años y en ese tiempo arreglaría los desperfectos para dejarlas finalmente volver. Pero no ocurrió así. "Cuando pasaron los cinco años nos dijeron que ya no podíamos entrar a nuestra vivienda y nos vimos en la calle", afirma Auxi.

"De casualidad", encontraron el piso que ahora habitan. Pero cuando el propietario del edificio donde residen cambió, les dijo que no prorrogaría su alquiler, que ya había cumplido ocho años. La única vecina que tenían en el bloque se fue sin apenas mediar palabra. Ella tenía un contrato de renta antigua y los problemas en su cuarto de baño (un desprendimiento del techo le impedía usarlo) le obligaba a acudir cada día a casa de sus vecinas. "Probablemente le pagarían y se marchó de un día para otro", explican las mujeres.

Su contrato no era indefinido, sino que acabó en el mes de marzo pasado. Ellas siguen desde entonces pagando a los propietarios mediante consignación judicial los 240 euros mensuales de su renta. Pero la notificación para el desahucio les llegó en junio y el juicio se fechó en el pasado martes 16 de septiembre. Aunque al final se suspendió, porque a la familia ni siquiera le habían facilitado un abogado de oficio. "Y aquí nos vamos a quedar luchando hasta que podamos, porque estamos ya hartos de ser engañados y de que nos echen a la calle por pura especulación urbanística", cuenta Auxi. "Este barrio era antes de pobres y ahorra están viniendo todos los que tienen dinero a pisos nuevos", añade Francisca Rubio, la madre de las hermanas, que a sus 85 años lleva en El Perchel más de 75.

La familia habló con los asistentes sociales del Ayuntamiento, pero les dieron poca solución y su futuro parece estar fuera de los cuatro resistentes muros en los que ahora conviven Auxi, Francisca y Esperanza junto al hijo de esta. Ésta última aún sigue pendiente de que le concedan una vivienda social después de que la desahuciaran y echaran abajo su pequeño edificio de Ancha del Carmen. "Pero ni para eso parece que tengamos suerte porque no me han dado todavía nada", concluye.

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