El factor humano

  • La confianza de navegar en barcos altamente tecnológicos se revela como una de las principales causas de los accidentes

Resulta verdaderamente extraño que buques altamente tecnológicos sufran accidentes como los ocurridos el pasado fin de semana. Costa Concordia y Milenium Dos, ambos directamente relacionados con la historia marítima malagueña de los últimos años, sufrían con muy pocas horas de diferencia sendos incidentes en la mar con resultados muy distintos. Pero con independencia de que en el caso del Milenium, la cosa sólo quedara en un susto muy caro de reparar, mientras que en el caso del Costa, el incidente haya sido un verdadero drama, lo que es verdaderamente sorprendente es cómo pudieron ocurrir estos dos accidentes. Tratándose de buques de pasaje, y teniendo en cuenta que uno es un catamarán rápido para cortos trayectos en línea regular, y el otro un superhotel flotante que realiza viajes por todo el mundo, la tecnología que ambos llevan a bordo hace inexplicable lo ocurrido.

Con sistemas de posicionamiento por satélite, radares de todo tipo y alarmas que avisan de cualquier anomalía, el factor humano apunta como una hipótesis de peso, quizás la creíble, ante estos dos accidentes. Con la prepotencia (bien entendida) de que se gobierna un barco que responde ante cualquier eventualidad, la habitualidad del "nunca pasa nada" termina pasando factura cuando algo no se hacen bien.

La corbeta Gneisenau se hundía el 16 de diciembre de 1900 frente a Málaga porque su capitán no quiso atender las recomendaciones de levantar el fondeo y salir a mar abierto para capear un muy fuerte temporal. Uno de los melilleros que cubría la ruta entre Málaga y Melilla en los años treinta chocaba contra el muelle dos porque su capitán se confió en una maniobra que venía repitiendo durante años.

El portacontenedores K-Wave encallaba en las playas de Almayate hace algo menos de un año porque su puente de mando iba desatendido. Ejemplos como estos inundan las crónicas marítimas de las últimas décadas, unos años en los que la tecnología como pieza fundamental a la hora de navegar siempre estará bajo una última decisión humana. Nunca ha habido ni habrá buques insumergibles, pero sí habrá capitanes confiados que piensen que su barco sí lo es.

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